No es lo mismo el miedo que el respeto. 

Durante muchos años una de las metas de la educación era criar niños obedientes, tristemente en muchas ocasiones esto sucedía porque los niños le tenían miedo a sus padres. 

Después de esto hubo una tendencia a hacer lo contrario en el que se le permitía a los niños tener mas (a mi gusto demasiada) libertad, una necesidad por asegurarse de que los hijos no sufrieran lo mismo que nosotros, o que nuestros padres, sin embargo es necesario encontrar un punto medio. Si logramos que los hijos aprendan a respetarnos y a respetar, tendremos entonces niños felices y con una autoestima saludable, pero, ¿cómo hacerlo?

1. Enseña con el ejemplo. La mejor forma que tenemos para enseñarle a nuestros hijos como queremos que se comporten es a través del ejemplo; si tu eres una persona que se sale fácilmente de sus casillas, o que tienes “mecha corta” es importante que lo primero que hagas sea poner atención en ti mismo. Mientras más calmado estés tú, más fácil va a ser para ti no engancharte en los pleitos con tus hijos. Una vez que logres estar en paz, recuerda que solo podemos exigir lo que damos, y debemos de ser nosotros los primeros en respetar a nuestros hijos, no por ser pequeños son tontos, están aprendiendo, no por ser traviesos son malos, están probando sus límites, no por ser niños no saben, están conociendo el mundo, no le quites valor a los problemas o las situaciones a las que se presenta tu hijo, tomadas con el debido respeto para que el aprenda que significa eso de respetar. Recuerda que para respetar algo, no necesitamos entenderlo ni estar de acuerdo. 

2. Pon límites. Si dejamos que los hijos hagan lo que se les pegue la gana, eso es exactamente lo que van a hacer, pero necesitan una guía que les diga que es lo que está bien y que es lo que está mal; poner límites tiene esa función. Claro que miles de veces va a ser una tarea complicada, pero es la única forma, tenemos que perseverar hasta lograr que lo hijos entiendan que en la vida todo tiene un límite y que todo lo que hagan tiene consecuencias, ya sea positivas o negativas, dependiendo de lo que hagan. 

3. Permíteles equivocarse. No los regañes por equivocarse, mejor enséñales como podrían hacerlo mejor, ojo, esto no significa que lo hagas tu por ellos, pues de ser así, el mensaje que les estas enviando es el de “tu no sabes hacer nada” provocando en ellos que su autoestima sea cada vez más débil. Cuando tu hijo cometa algún error, no te burles, hazle saber que se equivocó, pero que no pasa nada, que lo puede corregir; y si hay algo que no pueda corregir en ese momento, tampoco pasa nada, enséñale que es un aprendizaje para la próxima vez que se enfrente a una situación similar. Haciendo esto le estarás enseñando también a que aprenda a tolerar la frustración. Habla en su lenguaje, y si sientes que te empiezas a desesperar, respira profundo y se vale pedir ayuda, no tienes porque hacerlo solo. 

4. No les grites. Definitivamente hay muchas veces en las que los hijos nos desesperan y hace que florezcan sentimientos que no sabías que podías sentir, sin embargo, es importante que tú aprendas a manejarlos, en la medida en la que tu desarrolles tu propia inteligencia emocional, les estarás enseñando a hacer lo mismo. Claro que muchas veces es necesario el regaño o el castigo, lo que no es necesario es la violencia. Si tu gritas mucho, el grito deja de tener efecto, pues tus hijos ya se acostumbraron a que esa es “tu forma de hablarles” por lo que te vas a ver en un círculo vicioso en el que como gritar no funciona, muchas veces recurrimos a los insultos, la humillación o cualquier otra forma de violencia, esto daña profundamente a nuestros hijos (aunque el resultado sea que te ‘obedezcan’, pues lo hacen con tal de no sentir lo que están sintiendo en ese momento) Si sientes que ya no puedes más, pide ayuda, nunca es tarde para empezar a educar de otras formas. 

5. Cumple tu palabra. Es lo más importante para que tus hijos aprendan a respetar, si todo el tiempo te la pasas amenazándolos pero no les cumples nada, vas a perder la credibilidad que viene de la mano con el respeto. Cumple lo que les digas, si crees que no vas a ser capaz de cumplirlo, mejor no se los digas. Demuéstrales el valor de la palabra 

6. Pide perdón cuando sea necesario. De nada nos sirve tener unos papás perfectos, de nada nos sirve pensar que nuestros papás no se pueden equivocar, ¿por qué? porque entonces crecemos pensando que pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, los vamos a decepcionar, quedará un sentimiento de que nunca seremos suficientes. Pedirle perdón a tus hijos cuando sea necesario, no nos hace malos padres, nos hace humanos. Ojo, es muy importante distinguir si estoy pidiendo perdón porque me equivoque, o si estoy pidiendo perdón porque me siento culpable, si es por la segunda, entonces no es necesario, aprende a trabajar tus sentimientos por ti mismo. Es normal sentirnos culpables cuando regañamos a los hijos, nos ven con sus ojos de borrego a medio morir y se nos rompe el corazón, si la razón por la que lo regañaste es válida y no es violenta, aguanta, esto es lo que muchas veces nos hace echarnos para atrás, pero regresamos a lo mismo que ya dijimos en el punto 2 y 5. 

Ser padres es una de las tareas más difíciles que existen, pero puede ser algo increíble, disfruta a tus hijos, velos crecer y aprovecha cada momento que tienes con ellos, no lo malgastes peleando, el tiempo no regresa! Hoy es el mejor momento para empezar a trabajar en mejorar la relación con ellos!