Diario Judío México - Mi hijo de tres años tiene un nuevo juego al que le encanta jugar conmigo. Comenzó durante Rosh Hashaná. El decía a gritos una emoción y después los dos actuábamos de acuerdo a ese sentimiento. Él decía: “¡Ima, estemos enojados!”, y luego nosotros hacíamos caras “enojadas” y decíamos: “Grrrrr”. O por ejemplo: “¡Ima, estemos sorprendidos!”, y los dos abríamos ampliamente los ojos y las bocas con una expresión de sorpresa como si hubiésemos visto vacas voladoras.

Pero me di cuenta de algo curioso que me reconfortó el corazón y me hizo pensar sobre esta temporada de fiestas. Cuando mi hijo quería actuar “triste”, él me pedía que sólo yo actuara triste: “Ima, tu estate triste”. Y luego, cuando yo hacia mi cara triste y simulaba llorar (y como una graduada universitaria en actuación, créeme que yo puedo actuar triste), mi hijo me rodeaba con sus brazos dándome un dulcísimo abrazo y me decía: “No te preocupes, yo estoy contigo”. Y luego si yo continuaba llorando, él me decía: “No te preocupes, yo estoy aquí. Todo va a estar bien”.

Hemos estado jugando este juego mucho desde Rosh Hashaná y Iom Kipur, y me emociona profundamente. No solamente porque mi hijo puede demostrar una dulce empatía hacia otra persona a tan temprana edad, aunque eso es maravilloso. Sino que además, yo estaba realmente triste esta temporada, reflexionando acerca de todos los errores que cometí y de toda la gente que herí durante el año. ¿Sería realmente perdonada por esta gente? ¿Sería realmente perdonada por Dios? Ésa es la lucha de Iom Kipur y eso te deja triste. Pero al final de Iom Kipur, si realmente hemos hecho teshuvá y hemos cambiado, entonces Dios tiene otro mensaje para nosotros, es el mensaje del abrazo.

Cuando mi hijo me abrazó y me dijo que estaba conmigo y que todo iba a estar bien, realmente sentí que eso es también exactamente lo que Dios probablemente quiere que yo sepa. Y después me di cuenta que Dios efectivamente nos hace saber eso – se llama Sucot.

Sucot es una festividad tan fascinante. Se nos ordena vivir en una cabaña temporaria fuera de nuestras casas cálidas y acogedoras, fuera de nuestras zonas de comodidad interna, y ser felices. Sí, se nos ordena estar felices. ¿Cómo puede ser?

En realidad, es fácil. Recién fuimos perdonados por Dios, y como enseña el rabino Shlomo Cárlebaj, es lindo ser perdonado, pero ser perdonado y recibir un gran abrazo nos deja saber que el perdón es profundo y real. La Sucá es el abrazo de perdón de Dios.

Una Sucá es también un abrazo tranquilizador. Estamos rodeados por una mitzvá que nos conecta con Dios, con nuestro pasado y con nuestro futuro. Sabemos que judíos de todo el mundo y de todas las épocas han construido sucot para recordar que a diferencia de la mayoría de las cosas en la vida que son pasajeras, Dios siempre está allí. Mientras nos sentamos con la familia y amigos en nuestras sucot, podemos sentir que Dios nos está diciendo, especialmente en estos tiempos inestables y asustadizos: “No estés triste, Yo estoy contigo. No te preocupes, Yo estoy aquí y todo va a estar bien”.

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