El agitado viaje del maletín mexicano

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En el verano de 1933 Endre Friedmann y Emérico Chiki Weisz, quien fuera el segundo esposo y padre de los dos hijos de pintora y escultora mexicana de origen inglés, Leonora Carrington, dos jóvenes fotógrafos unidos por la lucha antifascista, huyeron de Budapest en un barco a vapor. Por el Danubio llegaron a Alemania, y su compromiso político los llevó luego a París. Poco después Friedmann se dedicó a fotografiar la movilización republicana y se hizo famoso por los reportajes de guerra que publicó en la revista Regards con un seudónimo: Robert Capa.

Con un cigarro en la boca, tres Leicas colgándole del cuello y una habilidad inusitada para meterse adonde nadie lo había llamado, Capa inauguró la imagen del fotorreportero de guerra. Mientras él se convertía en protagonista de un nuevo capítulo de la historia de la fotografía, Chiki Weisz, consagrado al cuidado del cuarto oscuro y al revelado de los negativos de su amigo, iba quedando cada vez más en la sombra. Durante casi setenta años su nombre ocupó un lugar secundario en los anales de la fotografía, hasta diciembre del año pasado cuando se encontraron tres cajas de cartón con los 127 carretes que Capa había encomendado a su amigo antes de huir a Estados Unidos en 1939, y que se suponían desaparecidos en el caos de la guerra.

El periplo del “Maletín Mexicano” –como se conoce al material extraviado– es de por sí novelesco y no termina, como se había creído, en México. Perseguido y amenazado por el régimen fascista, Capa no tuvo tiempo de preparar su huida y se vio obligado a abandonar varios miles de negativos en un cuarto oscuro de París. Confió a su amigo, sin embargo, la misión de mantenerlos a salvo. Sólo había una manera de cumplir el encargo y era mandando los negativos fuera de Europa. Chiki Weisz construyó entonces tres cajas de cartón con separadores a la medida de cada carrete y elaboró un exhaustivo índice para identificarlos. Camufló el material como pudo y emprendió el camino a Marsella, donde miles de prófugos intentaban embarcarse rumbo a América. Chiki Weisz nunca llegó a zarpar. Antes de que pudiera hacerlo fue interceptado por los nazis y enviado a un campo de concentración en Argelia.


Éste bien pudo haber sido el final de los negativos, pero se interpuso una transacción cuyas condiciones aún se desconocen, y Francisco Javier Aguilar González, un antiguo general mexicano militante del ejército de Pancho Villa y luego diplomático en Marsella, terminó recibiendo las cajas y llevándolas consigo a México. En su casa del df permanecieron durante seis décadas sin que nadie –ni Chiki Weisz, que sobrevivió a la guerra y pasó el resto de sus días en esa ciudad, ni el propio Capa, quien también estuvo allí largo tiempo– lo supiera nunca.

No está claro si Aguilar González conocía el valor histórico del material que estaba en su poder o si alguna vez intentó contactar al dueño, pero el hecho es que murió en 1967 sin revelar a nadie el paradero de las cajas. A principios de los noventa, cuando sus familiares vendieron la casa, el Maletín Mexicano volvió a la luz. Sucede que había entre los descendientes del general un cineasta que no tardó en darse cuenta de la joya que su familia había heredado. Luego se puso en contacto con entidades norteamericanas que en seguida intentaron programar un encuentro. Pero el hombre –que ha preferido mantener su nombre en reserva– se echó para atrás. Temeroso de no estar entregando los negativos a las personas indicadas, se rehusó durante años a ceder el maletín o tan siquiera a enseñar el material que contenía. Los negativos de Capa aún no terminaban el viaje.

No fue sino hasta 2006 cuando el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, fundado por Cornell, el hermano de Capa, logró reubicar al cineasta –quien se había esfumado– e iniciar nuevas conversaciones. Un año después el Maletín Mexicano viajaba a Estados Unidos, donde no sólo la aparición de las cajas causó conmoción: además de los de Capa, el maletín contenía negativos de Gerda Taro y de David Seymour (“Chim”), con quien el húngaro había fundado la agencia Magnum en 1947.

Aunque los carretes despedían un fuerte olor a nitrato, lo cual hubiera podido significar el vencimiento de las películas, los expertos en conservación han asegurado que están en perfectas condiciones y han dado algunas pistas sobre lo que han encontrado. Se trata principalmente de imágenes de la Guerra Civil Española y del registro de momentos íntimos, como retratos de Gerda Taro, compañera sentimental de Capa, y de Ernest Hemingway y Federico García Lorca, amigos suyos.

El revelado de los 3.000 negativos tomará todavía algún tiempo, y con seguridad las imágenes avivarán la memoria doliente de los pueblos que en ellas se retratan. Pero eso hace parte de otra historia. Aunque el agitado viaje del Maletín Mexicano jamás lo conocerán Chiki Weisz, que murió pocos años antes del hallazgo, ni Robert Capa, que falleció en 1954 al pisar una mina en la primera guerra de Vietnam, queda claro que la misión llegó a buen término: los carretes lograron cruzar el Atlántico y permanecieron intactos dentro de las cajas que con tanto cuidado preparó Chiki Weisz para Capa, su tenaz amigo.

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