Diario Judío México - Durante la segunda guerra mundial, cuando la carrera armamentista mundial estaba en pleno apogeo, la mujer salió de la casa y comenzó a aportar a la causa por un mundo libre de fascismo. Al terminar la guerra el mundo amaneció a una nueva realidad, tener que formar parte de un bloque político-económico específico u otro que le era totalmente distinto en percepciones sociales y económicas.

Fue de este modo que el estilo americano de vida o en inglés “american way of life” competía con los ideales comunistas de la U.R.S.S. de esta forma la sociedad occidental cambiaría de tal forma, que hoy por hoy es entendido como sinónimo de libertad y de bienestar. Por lo contrario las cosas pueden ser engañosas ya que según la nueva percepción social cada miembro de la familia tenia su función dentro del marco micro social y de esta forma la mujer, que antaño había formado parte activa del círculo trabajador, sería condenada a quedar encerrada dentro de una pequeña caja al costado de una colina en algún suburbio norteamericano.

Dentro del nuevo marco social, la mujer de la post guerra fue, para decirlo de una manera políticamente correcta (como le gusta a los norteamericanos) transformada en la mujer perfecta, la cual atendía a sociedades literarias para conversar sobre obras románticas que describían el estado natural en el cual las mujeres se tenían que comportar. Comportamiento que reflejaba una sociedad primordialmente machista y un mundo liderado y controlado por el hombre. Del mismo modo, la mujer se quedaría en casa la mayor parte del tiempo haciendo los trabajos domésticos para satisfacer las necesidades masculinas.

Desde el punto de vista científico, la mujer sería llevada al lugar “natural” donde pertenece (hay que tomar en cuenta que la gran parte de teorías sociales fueron creadas por hombres y no por mujeres), al hogar. En aquella época la tecnología de electrodomésticos se desarrolló de tal forma que se adaptaba fácilmente a la labor de la mujer dentro de su lugar “natural” para que ésta pueda recibir a su pareja cuando ésta regresase fatigado del trabajo.

¿Pero acaso la mujer de la post guerra era feliz? ¿Acaso aprovechaba todas sus facultades y habilidades? O es que su nueva realidad era impuesta por el sexo fuerte para reflejar una sociedad perfecta que desde ojos ajenos parece una realidad homogénea sin sentido y sin profundidad trascendental.

De hecho, esta realidad era muy lejos de ser trascendental para la mujer ya que todas sus acciones eran controladas por leyes no escritas que fueron dictadas por hombres que querían demostrar como su estilo de vida era el ideal. La mujer perdió todo control sobre su alrededor y sobre su destino para satisfacer una ideología capitalista que se empeñaba en creer que la mujer era un medio y no un objetivo.

Ahora que vivimos en una época donde la efectividad del sistema capitalista se encuentra en tela de juicio debemos de cuestionarnos no sólo sobre los errores financieros del mismo, sino que también estamos obligados a cuestionar y criticar los valores infundidos de la ideología que si bien ha hecho pocas cosas para corregir la desigualdad, ha atado de nueva forma las manos de la mitad de la humanidad, acorralándola a las orillas de la sociedad sin tener la oportunidad de formar parte de un mundo supuestamente más civilizado y tolerante.

La mujer occidental sufre mucho más que en otras culturas llamadas retrógradas y anacrónicas puesto que las sociedades de occidente presumen su tolerancia y libertad… claro, libertad para los hombres, libertad para que los hombres elijan su estilo de vida, libertad para que los hombres controlen los recursos, libertad para que los hombres legislen leyes que sólo benefician a los de su mismo sexo pero ¿y la mujer?… ella, está guisando la comida en la casa y cuidando a los hijos.

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