Las nociones de cultura y  etnología son de origen inglés puesto que debemos a  E. B. Tylor  (Londres 1832- 1917) su primera definición. Para este autor constituyen una totalidad compleja que incluye conocimiento, creencia, arte, moral, ley, costumbre y todas las demás capacidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. Costumbres, creencias e instituciones  vistas entonces como técnicas entre otras, sin duda de naturaleza específicamente intelectual, que se hallan al servicio de la vida social y la hacen posible.

Para Emile Durkheim (Vosgos 1858- 1917)  el sistema nacional de economía tiene por principio la idea de que entre la humanidad y el individuo está la nación con su lengua, su literatura, sus instituciones, sus costumbres y su pasado. El concepto de nación es para el sociólogo, una idea mística y oscura. En cuanto a la religión  esta contiene en su interior, desde el principio, pero en estado de confusión, todos los elementos que, al disociarse, determinarse y combinarse de mil maneras consigo mismo, han dado nacimiento a las diversas manifestaciones de la vida colectiva. Es de los mitos y de las leyendas de donde han salido la ciencia y la poesía. Es de la ornamentación religiosa y de las ceremonias de culto de donde proceden las artes plásticas. El derecho y la moral han nacido de las prácticas rituales. No se puede comprender nuestra representación del mundo y nuestras concepciones filosóficas sobre el alma, la inmortalidad y  la vida, si no se conocen las creencias religiosas que han sido la forma primera de aquellas. El parentesco ha empezado por ser un vínculo esencialmente religioso; el castigo, el contrato, el don y el homenaje son transformaciones del sacrificio expiatorio, contractual y honorario.

  Para Claude Lévi Strauss (Bruselas 1908 - 2009) la antropología social ha nacido del descubrimiento  de que todos los aspectos de la vida social, económica, técnica, política, jurídica, estética y religiosa constituyen un conjunto significativo, siendo imposible comprender  cualquiera de estos aspectos si no se lo coloca en medio de los demás.    Esta  se consagra al estudio de las instituciones consideradas como sistema de representaciones. A su vez la antropología cultural busca su campo de acción en el estudio de las técnicas y eventualmente también  de las instituciones consideradas al servicio de la vida social.   Ya se proclame social o cultural, la antropología aspira siempre a conocer al hombre total, considerado en un caso a partir de sus producciones y en el otro a través de sus representaciones, siendo el lenguaje el hecho cultural por excelencia ya que los hombres se comunican por medio de símbolos y signos. Este es susceptible de ser tratado como un producto de la cultura: una lengua, usada en una sociedad, refleja la cultura general de la población. Pero en otro sentido, el lenguaje es una parte de la  cultura.

El individuo adquiere la cultura de su grupo principalmente por medio del lenguaje; se instruye y educa al niño mediante el habla; se lo reprende y se lo halaga con palabras.   Todos reconocemos que las palabras son signos, pero los poetas son los últimos que recuerdan, entre nosotros, que las palabras han sido también valores. El lenguaje puede ser considerado como los cimientos destinados a recibir las estructuras que corresponden a la cultura en sus distintos aspectos.

La lengua, dice Lévi Strauss, es el sistema de significación por excelencia. Ella no puede no significar y su existencia se agota en la significación. El problema debe, en cambio, ser examinado con rigor creciente a medida que uno se aleja de la lengua para tomar en cuenta otros sistemas que aspiran también a la significación  pero cuyo valor de significación resulta parcial, fragmentario o subjetivo: organización social, arte, etcétera.

  Ernest Cassirer ( Breslavia 1874- 1945 ) expresa que el hombre ya no vive solamente en un puro universo físico sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen partes de ese universo que forman los diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdidumbre complicada de la experiencia humana. Por lo tanto, en lugar de definir al hombre como animal racional,  deberíamos llamarlo animal simbólico.

Bibliografía.

Cassirer, Ernest. Antropología filosófica. Fondo de Cultura Económica, México, 1968,

 Durkheim Emile. Las reglas del método sociológico. Altaya, 1995.

Lévi Strauss, Claude, Antropología estructural, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1968,

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Nací en Montevideo en 1967. Egresé de la Universidad de la República en 1992 con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.Soy docente universitario en la cátedra de derecho comercial en la Universidad Católica y en la Universidad de la República, en las carreras de contador público y administración de empresas.Desde el 2008 soy columnista de Mensuario Identidad.