Los esfuerzos de los enemigos de Israel se centran en convencer a la comunidad internacional que niegue o limite el derecho de Israel a la defensa propia, basándose en el argumento que el bloqueo a la Franja de Gaza es ilegal y que hay que desarmarlo de inmediato. Estos esfuerzos podrían tener éxito.

Estos eran los objetivos originales de los organizadores de la flotilla cuando se presentaron como "el movimiento de liberación de Gaza" y cuando aclararon que su meta no era solamente llevar ayuda humanitaria sino que querían romper con el bloqueo marítimo de Gaza. También Turquía distribuyó un boceto de declaración para el Consejo de Seguridad de la ONU en donde se exigía que "Israel termine el bloqueo a Gaza" sin diferenciar entre productos para uso civil y las armas.

Incluso entre los amigos de Israel se escucharon voces que pedían combatir el bloqueo. Así lo hizo, por ejemplo, el Ministro de Relaciones Exteriores William Haig cuando le informó al parlamento británico que él continuaba "presionando a Israel para que termine el bloqueo a Gaza" o la Secretaria de Estado Hillary Clinton que se limitó a una crítica general afirmando que la política de Israel hacia Gaza "es insostenible e inaceptable".

La campaña para poner fin al bloqueo sobre Gaza es una de las muchas iniciativas destinadas a limitar la capacidad de Israel y su defensa propia, desconociendo las amenazas terroristas continuas a las que se enfrenta.

Sin duda, este ha sido uno de los objetivos principales de la campaña de legitimación en contra de Israel durante los últimos años, que comenzó cuando los palestinos lograron enrolar a la Corte de Justicia de La Haya contra la valla de seguridad israelí. La Corte de la Haya dijo que Israel no podía argumentar defensa propia ya que los atentados terroristas nacían en la margen occidental y la defensa propia rige cuando hay amenazas de países soberanos.

También el Informe Goldstone acusó a Israel de crímenes de guerra, sin considerar que el Hamás tenía una responsabilidad clara por el disparo de cohetes desde la franja de Gaza. Las dos iniciativas nacieron en el seno de dos organismos de la ONU. ¿Cómo puede hacer Israel para rechazar estos continuos esfuerzos que pretenden evitar que actúe en defensa propia? Hay quienes afirman que el lanzamiento de un proceso de paz importante mejorará la posición de Israel y por lo tanto, se debe reiniciar inmediatamente las negociaciones políticas.

Sin dudas el proceso de paz es esencial, aunque la concepción que condiciona la reacción internacional por la flotilla a la falta de un diálogo directo con los palestinos, es demasiado simplista. Las acusaciones de crímenes de guerra contra Israel continuarán sin relación con la existencia de estas negociaciones.

Vale recordar la decisión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que se investigue la operación Plomo Fundido, que luego redactó el Informe Goldstone, y que fue aprobada a pesar de las extraordinarias concesiones del Primer Ministro de entonces Ehud Olmert a Abu Mazen en las conversaciones desarrolladas muy cerca de la operación israelí en Gaza.

La conformación de la Comisión Mitchell a finales del 2000 es el ejemplo más notable que las investigaciones y las presiones no desaparecen por la existencia de negociaciones de paz. La Comisión pretendía explicar el marco de la explosión de la segunda Intifada y deseaba proponer pasos concretos para arribar a un acuerdo. Por aquellos días, Israel se encontraba en medio de una serie de negociaciones intensivas con los representantes de Arafat en Taba y en Washington.

Los palestinos comprenden que el apoyo automático que reciben de muchas instituciones de la ONU; exceptuando el Consejo de Seguridad; les permite poner en duda la legitimidad del Estado de Israel limitando su derecho a la defensa propia. Siendo así, los palestinos no han abandonado nunca sus esfuerzos para lograr imponer decisiones unilaterales de la Asamblea General de la ONU, incluso en las épocas más optimistas del proceso de paz. Por ejemplo: tres meses después de la firma del acuerdo de Oslo, retomaron los palestinos las declaraciones anti israelíes que fueron aprobadas en la Asamblea General el 14/12/1993.

Lo primero que puede hacer Israel es exigir a la Autoridad Palestina que termine su política en la ONU como una condición previa para realizar algún tipo de negociación. Israel le debe explicar esta posición a Obama. Aunque los acuerdos de Oslo no establecieron una prohibición para movilizar en contra de Israel a los organismos internacionales, como la Corte de Justicia Internacional, no es tarde aún para exigir esto en vistas a las conversaciones futuras.

Segundo, los diplomáticos israelíes deben explicar, una y otra vez, las consecuencias internacionales de las decisiones contra el derecho a Israel a defenderse y el perjuicio para los intereses de otros tantos países.

Cuando la Corte de Justicia Internacional de la Haya sentenció que el derecho a la defensa propia rige solamente entre países, los países que combaten a los grupos terroristas no estatales fueron los primeros en criticar esta decisión. Así lo declaró el entonces embajador de Estados Unidos en la ONU, John Danforth, quien dijo que la sentencia de la corte internacional contra Israel significaba negar el derecho de los países a la defensa propia ante terroristas que secuestran un avión y lo estrellan contra un edificio.

Los países occidentales deben saber que tienen la capacidad para aislar y atacar zonas que sirven como bases y refugios para los terroristas. En la actualidad, los Estados Unidos y sus aliados realizan controles en el océano índico para evitar que terroristas de Al Qaeda pasen de su refugio en Pakistán a sus bases de entrenamiento en Yemen y Somalia.

A pesar de que encontramos países que toman en consideración las necesidades de Israel y de su seguridad, el peso específico de estos argumentos es menor. Es importante explicar las necesidades de Israel pero en relación a las de la seguridad de la comunidad internacional en su lucha contra el terrorismo. Este argumento puede ser más escuchado.

Israel aceptó la entrada de productos a la franja de Gaza, pero mantuvo inamovible y consistente su rechazo a desmontar el bloqueo marítimo a Gaza, situación que permitiría que el Hamás posea un puerto abierto a su servicio. Hay que recordar que el fin del bloqueo era el objetivo principal de la flotilla y ese objetivo no se consiguió. Ese debe ser el principal mensaje para la comunidad internacional sobre la posición irrenunciable de Israel a su derecho a la defensa propia, a pesar de los grandes esfuerzos para limitarla.

Fuente: Guysen International News

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