Diario Judío México - Suerte de quienes tienen Fe sin cuestionar.

Que sienten confort y abrigo entre las paredes de un Templo.

Que se sienten allí: más cerca de Dios.

Qué pueden pedir perdón, justo el Día del Perdón.

Que se acuerdan de todo aquello por lo que pedir Perdón, que haya ocurrido durante un año entero.

Que ponen tanto esmero y modestia en plegarias para ser inscriptos en el que se dice: Libro de la Vida, por Un año más de Vida.

Qué rezan y se balancean en una comunión de educación tatuada a fuego.

O un día amanecieron fulgurados de una llama de religiosidad dormida, intensa, para entregarse a su tibio sino.

Que de bocas secas sus plegarias brotan. Y sus silencios se escuchan.

Qué Creen sin fisuras en un D´s milenario que de pruebas para su “pueblo elegido” no cesa.

¿Seres más felices? Quien sabe…

Menos suerte para quienes cuestionan.

Para quienes “Los Rezos” no significan demasiado. Aunque les gustaría.

Para quienes estar en un Templo es casi un acto de irrespetuosidad: Por mucho esmero que pongan, les genera esa indescriptible y cálida complicidad de Tradición y Comunión: Eslabón de Hermandad. Sentimiento humano solamente.

Porque dudan. Y no les convence esa frase hecha de “Justicia Divina”. Aunque les gustaría.

Porque no creen en Libro alguno donde se escriba la nómina de quienes serán seleccionados para morar en este mundo durante un año más.

Porque los años les educa el alma a ser más humildes en los deseos sopladas al viento. Y en general están dirigidos a proteger y velar por sus seres queridos.

Porque piden perdón cuando la ocasión lo amerita. Y a quien corresponda.

Y porque para comunicarse con D´s no necesitan intermediarios ni local específico por los Hombres dictaminado.

¿Seres tal vez menos felices? Quien sabe…