Diario Judío México - En la actualidad, por la ley del 24 de junio de 2015 los sefardíes pueden solicitar la nacionalidad española. Esta ley facilita evidentemente un reencuentro entre España y los sefardíes que el Doctor Pulido llamaba Los Españoles sin patria (1), y es en cierta manera cinco siglos después de la expulsión  una manifestación simbólica de perdón. Pero este gesto por parte tanto del gobierno español como del gobierno portugués no puede ser aislado del precedente histórico que significó a principios del siglo XX la obra del Doctor Ángel Pulido Fernández.

A partir del año 1860, con el establecimiento del protectorado español en el Norte de Marruecos, los españoles empiezan a tratar con los judíos del Rif en su mayoría descendientes de aquellos que  a causa  de la ola de matanzas en  1391 y finalmente  de la expulsión en 1492 habían cruzado el estrecho. Tras varios siglos de ausencia de impronta judía en España, la constitución de 1869 que declaraba la libertad religiosa iba a facilitar un posible retorno a Sefarad (2). Emilio Castelar en un célebre discurso pronunciado el 13 de abril 1869 en el congreso de los diputados declaraba:

Grande es la religión del poder, pero es más grande la religión de la justicia implacable, pero es más grande la religión del perdón misericordioso, y yo, en nombre del Evangelio, vengo aquí a pediros que escribáis en vuestro Código fundamental la libertad religiosa ,es decir libertad, fraternidad, igualdad entre todos los hombres.

Como consecuencia de la nueva constitución que suponía en profunda transformación de la España católica, el 11 de febrero de 1887 el Parlamento declaraba que los judíos que deseasen instalarse en España podrían volver con todas las garantías de respeto a sus personas, bienes y ejercicio de su religión. Tras varios siglos de intolerancia, en una España liberal se difundían ideas librepensadoras e iba a reaparecer al lado del tradicional catolicismo otras opciones religiosas: el culto evangelista, la masonería y el judaísmo. Y curiosamente cuando en Europa se propaga en las postrimerías del siglo XIX una fuerte ola de antisemitismo con la publicación de Los protocolos de de los sabios de Sión y el affaire Dreyfus, en España reina un clima de filosemitismo y sobre todo de filosefardismo. El periódico El Liberal, en un contundente artículo titulado “La manía antisemítica “   el 23 de marzo de 1898 manifiesta claramente su posición en contra del antisemitismo:

Bajo sobre y remitido desde Francia recibimos en recorte del periódico transpirenaico La libre parole. Es indiscutible que el remitente, sea quien fuera ha equivocado la dirección; aquí por muy católicos que se nos crea, no comulgamos con ruedas de molino….Guárdese pues, para otras gentes sus excitaciones al odio contra los semitas, porque aquí  no tienen aplicación, ni nos resuelven ningún problema.

En este clima de buena convivencia el Dr. Ángel Pulido Fernández  (1852-1932), médico y senador liberal, con pasión y tenacidad dedicó prácticamente toda su vida a la causa sefardí.

El Dr.Pulido era contemporáneo de Ramón y Cajal. Ambos vivieron la época dorada de la ciencia española que Pulido define como una época de libre discusión, una época de   libertad de pensar que convierte al hombre a toda grandeza de su destino. Era un médico muy culto que frecuentaba la élite cultural del Madrid de la Restauración. Amigo y médico de Emilio Castelar, supo aprovechar la oratoria de su maestro en el parlamento para defender la causa sefardí.

Pulido que era un viajero incansable había descubierto en 1883 una realidad inexistente en España: los barrios judíos, las sinagogas, que relata en un delicioso libro titulado Plumazos de un viajero. Fue durante unos viajes a Ámsterdam y a Berlín cuando siente curiosidad por entrar en una sinagoga. Queda muy felizmente sorprendido por la magnitud y belleza de la sinagoga de Berlín que compara con una catedral y siente una gran empatía cuando asiste a la oración del Shabbat, y escribe: “cuantos odios de raza conservados a través de los siglos. Cuántos horrendos crímenes realizados en nombre de quién todo lo perdono”. Reiterada será a lo largo de su vida su repulsa por el antisemitismo. En 1905, escribe en Españoles sin patria: “El odio a la raza cuya frente selló el cristianismo con el estigma del pueblo deicida” y en 1923 cuando ya se avecina la barbarie nazi manifiesta su preocupación en Mica, homenaje a la mujer hebrea.

Fue también en el provechoso viaje de 1883 por Europa central y los Balcanes cuando descubre  en el transcurso de un viaje en el  Danubio de una realidad hispana relevante:  los sefardíes. Pero será veinte años más tarde cuando recibe una carta de  su hijo que estudiaba medicina en Viena  informándole de la presencia de numerosos estudiantes sefardíes en la capital del Imperio austro-húngaro y que  de los 100 000 habitantes de Salónica, 80 000 hablan español, que en la región se publican 40 periódicos en español y que algunos jóvenes habían formado una sociedad española oriental llamada : “ La Esperanza” y que estos hecho s podrían ser interesantes para España cuando se propone viajar de Viena a Constantinopla para ahondarse en el conocimiento de los sefardíes. A su regreso a España, decide llevar su obra política de reencuentro hispano- sefardí.  Como Senador por el partido liberal considera oportuno plantear su descubrimiento con el propósito de establecer relaciones diplomáticas, culturales y comerciales con la población sefardí que negociaba con ingleses y franceses, pero no tenían vínculos con la Madre Patria. El reencuentro hispano-sefardí podía por lo tanto atraer beneficios para ambas partes.

El 13 de noviembre de 1903, formula en la tribuna del senado una excitación para proteger el idioma castellano de Oriente y el 3 de diciembre plantea favorecer la obtención de la nacionalidad española:

Desde que comenzamos nuestra campaña venimos recibiendo cartas de varios países, por las cuales nos manifiestan sus autores deseos de ser súbditos españoles… y creo que a España seguramente le conviene muchísimo ampliar el círculo de sus relaciones… España es uno de los pueblos de menos vida internacional que hoy tiene el mundo, y necesitamos preocuparnos muchísimo con esto y ver como aumentamos las expansiones de nuestra vida internacional que anteriormente existían entre España y sus colonias y que hoy tienen que buscar otros caminos de esparcimiento. Por virtud de ello y por virtud de una serie infinita de comunicaciones que recibo, advierto que son numerosas las personas de buena posición, verdaderamente distinguidas en los países donde viven, las cuales se naturalizarían en España, porque consideran que se honrarían siendo súbditos españoles.”.

 

Es preciso señalar que en 1903, esta solicitud fue muy diferente del actual decreto, porque entonces Pulido solicitaba la obtención de la nacionalidad para determinadas personas afincadas en España y no como un derecho generalizado. No obstante la idea dejó una huella histórica, para el decreto de 1920 durante el gobierno del General Primo de Rivera y que fue una herramienta legal indiscutible para la obra de los diplomáticos españoles quienes gracias a ella pudieran salvar a un número considerable de sefardíes e incluso judíos de otra procedencia durante la segunda guerra mundial.

 

 

  • Pulido Fernández, Ángel. Españoles sin patria y la raza sefardí.  Edición facsímil, prólogo Lemoine, Martina. Certeza-Riopiedras  Zaragoza 2015.
  • Lisbona, José Antonio. Retorno a Sefarad. Riopiedras Ediciones, 1993.