En respuesta a la acelerada propagación del virus, que hace de uno de los países más afectados con consecuencias graves en la economía y en la política, unidades especializadas del ejército toman en estos días acciones efectivas para detener este mal. Además de colaborar con las fuerzas policiales en la identificación y tratamiento de los afectados, especialmente en los barrios religiosos de Jerusalén y Bnei Brak, las fuerzas militares se disponen a crear unidades hospitalarias en zonas donde se revela un alto número de enfermos. Una acción que despliegan en paralelo con la concentración de soldados y equipos en la zona norte del país debido a la alta posibilidad de un ataque proveniente de El Líbano.

En paralelo se amplían las manifestaciones populares en contra del primer ministro Benjamín Netanyahu debido a sus exigencias dirigidas a cubrir altos gastos personales y de su familia. El juicio en su contra se renovará el próximo enero, y amplios sectores proclaman que tal perspectiva le hurta el tiempo necesario para atender efectivamente a la creciente población afectada por el virus.

Para recuperar en alguna medida su prestigio ha resuelto por fin transferir diferentes sumas de dinero a la población en el marco de una doctrina económica presuntamente keynesiana. Así, cada ciudadano mayor de 18 años recibirá el equivalente de 200 dólares, y las familias hasta con tres hijos la suma de mil dólares. Se estima que no pocos sectores que apenas necesitan estas cantidades que en se consideran modestas- las donarán a un fondo especial que las canalizará en favor de clases económicamente marginadas.

En cualquier caso, las actividades del ejército son absolutamente independientes del difícil juego político que hoy tiene lugar en . Preservan celosamente su autonomía y funciones al tiempo que ofrecen ayuda complementaria en el combate al covid-19.

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.