Isaac Hacohen de Soria recibió en su estudio a Tobías de Guadalajara con el propósito de hacerlo ingresar, a pedido de éste, en el Jardín del Nogal, sociedad de límites difusos y miembros dispersos dedicada al estudio y cultivo del arte secreto de la Kábala. El muchacho, tras recibir las primeras clases, estaba tan ansioso y feliz que le soltó esta pregunta:

-¿Crees que algún día  lograré aprender las cosas hermosas que enseñas, Rabí Isaac?

-Tal vez-dijo, lacónico, el de Soria, escarbando en torno al emblemático nogal de su jardín, frondoso espacio al que ambos habían salido a la hora del crepúsculo.

-Todo me parece tan enorme, tan fabuloso, tan increíble-prosiguió Tobías de Guadalajara-que dudo de mis propias capacidades.

-Sólo tienes que repetir, como el rey David en sus días: ´´Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu Ley.´´

-¿Es suficiente eso?¿podré hacerlo?¿cuándo, cómo y dónde explorar?

-Tantas preguntas deben atosigarte, supongo-dijo Isaac Hacohen.

-Lo hacen, por el cielo que lo hacen.

Isaac Hacohen llamó entonces a un mirlo que vivía en un viejo árbol cercano y al que solía alimentar y cuando el pájaro estuvo lo bastante cerca le pidió al joven Tobías que pusiera en su palma derecha todas las preguntas que tenía, en silencio. Extrañado por tal procedimiento, el ansioso estudiante tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo el maestro formó un ramo de incógnitas con los interrogantes de su reciente discípulo y se los ofreció al pájaro junto con unas migas de pan, diciéndole:

-Disipa en risas la ansiedad de este joven y dile al Creador que sus párpados se abren después de sus ojos.

-Perdón, maestro-sonrió Tobías de Guadalajara-. Eso es imposible: los párpados siempre van por delante de las pupilas.

-Has visto la primera maravilla-acotó Isaac Hacohen-. La próxima vez el vuelo del mirlo te alimentará a ti.

Mario Satz

 

La cita que hace Rabí Isaac Hacohen de Soria procede del Salmo 119: 18 , y su versión original emplea gal

( lg ) por descubre, abre, revela, palabra que también puede significar ola. Los siglos han corroborado, olas electromagnéticas mediante, que la luz nos muestra, instante tras instante, los renovados milagros de la Creación de los que habla la Torá o Enseñanza en un lenguaje tan críptico como poético. Cuando el ojo aprende a ver, su mirada se pierde sin temor en lo contemplado.

 

 

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Poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se trasladó a Jerusalén para estudiar Cábala y en 1978 se estableció en Barcelona, donde se licenció en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre Cábala con su profesión de escritor.Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981).En 1976 inició la publicación de Planetarium, serie de novelas que por el momento consta de cinco volúmenes: Sol, Luna, Tierra, Marte y Mercurio, intento de obra cosmológica que, a la manera de La divina comedia, capture el espíritu de nuestra época en un vasto friso poético.Sus ensayos más conocidos son El arte de la naturaleza, Umbría lumbre y El ábaco de las especies. Su último libro, Azahar, es una novela-ensayo acerca de la Granada del siglo XIV.Escritor especializado en temas de medio ambiente, ecología y antropología cultural, ofrece artículos en español para revistas y periódicos en España, Sudamérica y América del Norte.Colaborador de DiarioJudio, Integral, Cuerpomente, Más allá y El faro de Vigo, busca ampliar su red de trabajos profesionales. Autor de una veintena de libros e interesado en kábala y religiones comparadas.