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Los acontecimientos catastróficos de España en 1492, llevaron directamente a la creación de la nueva escuela en Safed ( norte de Eretz Israel). Surgió entonces una nueva doctrina donde los sufrimientos del exilio se asociaron con las principales doctrinas cabalísticas acerca de d-os y del hombre. Rab Isaac Luria ( 1534-1572), perfeccionó esta doctrina. Vivió en Safed solo tres años. Formó parte del círculo de Moshe Cordovero ( 1522-1570) que fue el fundador de la escuela. Su pensamiento se conoce a través de los escritos de sus discípulos.

El conflicto intrínseco entre las tendencias teístas y panteístas en la teología mística de la Cábala no aparece en ningún otro lugar con más claridad que en su pensamiento. Su ideas sobre el tema se resumen en la fórmula – un siglo antes de Spinoza y Malebranche – de que d-os es toda la realidad, pero no toda la realidad es d-os.

El primer problema al cual Isaac Luria intenta responder es el de la creación. Si d-os es todo, la creación sería imposible puesto que no existiría un lugar donde no se encontrase la sustancia divina. Para ello elabora la teoría del tsimtsum, un término que podría traducirse como contracción, disminución, retraimiento de d-os sobre si mismo. Luria acabó por concebir algo muy similar a un mito de un d-os que se da a luz a sí mismo.

La creación sólo ha podido tener lugar porque d-os se ha concentrado, retraído, creando un vacío que fue ocupado por lo creado. Para Moshé Cordovero sólo el En Sof es el d-os real al que se refiere la religión pero el mundo de la divinidad con todas sus sefirot no es más que el organismo en el que él se reconstituye a sí mismo a fin de dar lugar al universo de la creación y actuar en él.

Al comienzo las luces que componían la existencia divina estaban amalgamadas en un todo indiferenciado con las distintas sefirot ( elementos componentes). En este estado no necesitaba vasos o recipientes que las contuvieran. Entonces un segundo rayo de luz, emanado de la esencia de d-os en estado infinito ( En sof) ordena el caos separando los elementos divinos capturándolos y conservándolos en recipientes. Los vasos correspondientes a las tres sefirot superiores albergaban por lo tanto la luz de éstas, pero cuando llegó el turno de las seis sefirot inferiores, la luz irrumpió de una sola vez y su impacto fue excesivo, por lo que los vasos se rompieron y se hicieron añicos.

Lo mismo, aunque no exactamente en la misma medida, ocurrió también con el recipiente de la última sefirá. Para Luria, las raíces más profundas de las kelipot o cortezas, es decir las fuerzas del mal, ya existían antes de la ruptura de los vasos y se confundieron con las luces de las sefirot y con el mencionado reshimu o residuo del En Sof en el espacio primordial. En realidad, lo que dio lugar a la ruptura de los vasos fue la necesidad de purificar los elementos de las sefirot a fin de dar una existencia real y una identidad separada al poder del mal. Según Luria, esos productos residuales se encontraban originalmente mezclados con la sustancia del din ( severidad) y fue sólo después de la ruptura de los vasos y el subsiguiente proceso de selección que el mal y las fuerzas demoníacas adquirieron una existencia real y separada en un plano propio.

No obstante todo lo antedicho, con la creación del Adán terrenal, el ticún o proceso de reparación pareció que había llegado a su fin. Este hombre, antes de su caída, se concibe como un ser cósmico que contenía al mundo entero dentro de sí. El pecado original repitió la ruptura de los vasos en un plano inferior. Una vez más, el resultado es que nada quedó donde debía estar ni tal como debía ser. La luz espiritual de la Shejiná, fue arrastrada hacia la oscuridad del mundo demoníaco del mal. El resultado es la mezcla del bien y del mal, que debe ser disuelta por el restablecimiento del elemento luz a su posición anterior

Si Adán no hubiera caído en el pecado en el sexto día, la redención final habría tenido lugar en shabbat. El shabbat eterno habría llegado y todo habría vuelto a su raíz original. Adán contenía todas las almas. Desde esta alma, todas las almas se han esparcido y éstas se disolvieron en la materia. El problema es reagruparlas, elevarlas al lugar que le corresponde y devolver la esencia espiritual del hombre a su esplendor original tal como lo concibió D-os.

En lugar de ello, la caída de Adán destruyó una vez más la armonía, derribó todos los mundos de sus pedestales y envió nuevamente a la Shejiná al exilio. Devolver a la Shejiná a su Señor, unirla a El, es de un modo u otro la verdadera finalidad del hombre piadoso por eso la fórmula ” con el fin de unir a Kadosh Baruh hu ( el santo), con su Sheji´na, por temor y por amor”.

Es el hombre quien perfecciona al creador. El acto piadoso del hombre prepara el camino para la restitución final de todas las luces y chispas dispersas y exiliadas. El hombre tiene el poder de acelerar o retardar este proceso. De aquí se deduce que para Luria, la llegada del Mesías no es más que la consumación del proceso continuo de la restauración del ticún o armonía inicial. Redención significa que todo está en el lugar que corresponde. Siempre que caemos en el pecado provocamos la repetición del acto de desobediencia, que implica la confusión de lo sagrado con lo impuro, provocando un nuevo exilio de d-os.

Bibliografía: Las grandes tendencias de la mística judía. Gershom Scholem, Fondo de Cultura Económica, 1993.
( Publicado en Mensuario Identidad, Montevideo, Uruguay, diciembre de 2012).
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Nací en Montevideo en 1967. Egresé de la Universidad de la República en 1992 con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.Soy docente universitario en la cátedra de derecho comercial en la Universidad Católica y en la Universidad de la República, en las carreras de contador público y administración de empresas.Desde el 2008 soy columnista de Mensuario Identidad.