Diario Judío México - Donde me relata el fracaso de Tramafato, y su retorno a Jodonia:

“Tramafato, al desembarcar en el Puerto de San Pedro Franklin con sus hombres derrotados y maltrechos, nadie los esperaba, nadie sabía lo acontecido. No había comunicación “oficial” entre ambas islas. En el muelle formó a su tropa y la arengó diciendo que fueron heroicos y repitió, que fueron a pelear contra Van Hoos, no contra los elementos naturales adversos, no dijo “el pérfido Van Hoos” como solía nombrarlo. Y los conminó a regresar a sus hogares y, que premiaría su heroísmo. Temiendo la desbandada, retuvo a sus trescientos hombres “leales hasta morir”, pero la tropa no salió corriendo como había pensado, sino que permaneció en formación, comprendió que el infortunio los había atado a él y que le eran más leales que antes. Ordenó transporte para regresarlos a su cuartel. Consiguieron ocho autobuses, los tomaron por la fuerza e iniciaron el retorno a Nadajala. El tirano esperaba lo peor y tramaba como superar el temporal.

“La tropa entró a su cuartel. Bajaron en orden ante la mirada de algunos soldados curiosos y, permanecieron en formación, mientras los oficiales se dirigían a resolver el asunto de la comida. Tramafato, en tanto, se enfiló al Palacio de la Aurora, encontrándose con que donde vivía, tenía puertas y ventanas cerradas por orden de Amorita, que mandó que a su marido no se le dejara entrar. Éste bajo un sol abrasador, fue a refugiarse al pabellón de visitantes, y mandó a Graco a traerle algo de comer. Comió compartiendo la mesita con Graco y quitándose las botas y la chaqueta se tiró sobre la hamaca y se quedó dormido. Al anochecer la brisa lo despertó. También despertó a su guardaespaldas que durmió en un sillón, oyeron voces fuera. Varias personas deseaban ver al Señor Presidente. Éste lo tomó con calma. Ordenó a Graco que le buscara ropa limpia y se duchó. Con la ropa recién traída salió fresco y sonriente, a dar audiencia.

“El primero fue un curita enviado del Obispo, expresando su preocupación por lo sucedido (ya sabía del descalabro de la expedición) y le recordaba el compromiso financiero contraído y el apoyo que le dio a la empresa.

“Tramafato, forzando la sonrisa, se limitó a repetir: ‘No mandé a mi escuadra a luchar contra los elementos’ y del compromiso dijo que ‘sólo el que conserva la fe, recibirá lo que le corresponde’. El cura se despidió y se retiró sin entender muy bien el mensaje. Posteriormente desfilaron funcionarios, militares, caciques y presentaron sus respetos. Aunque sólo vinieron a ver la cara del derrotado, al que esperaban ver abatido y encontraron fresco, recién afeitado y de buen humor. El desfile terminó cuando el Presidente dijo que el tiempo de las audiencias había terminado. Ordenó a Graco que reforzara la vigilancia echando llave a todos sus cerrojos y picaportes. El guardaespaldas atravesó un sillón y lo acondicionó para dormir, acompañando a su jefe para cuidarlo, protegerlo y servirlo.

“Tramafato sacó de la bolsa abotonada unas hojas de papel dobladas y se sentó a leerlas con detenimiento, al terminar las volvió a doblar cuidadosamente y las guardó en la bolsa de la chaqueta y la abrochó. Suspiró y se asomó a la ventana a ver la cámara de Amorita. Al verla oscura volvió a suspirar, se sentó y empezó a razonar en voz alta, como cuando planeaba con su esposa:

“- Ahora entiendo lo sucedido y nadie me informó. Fui un estúpido, y los que sabían y no me lo comunicaron ¡la pagarán! Por eso nadie apoyó mi campaña para invadir Tejavanes, estaban coludidos con el holandés, el clan de los Paseo y asociados. Cuando se fundó la Compañía Promotora Tejavanes, el expresidente Antofrato, se quedó con el cuarenta y cinco por ciento de las acciones al portador. Antofrato es un títere de los Paseo. Los Paseo han metido las manos en Tejavanes, desde siempre. Por eso sólo se ven anuncios de Ron Paseo y cervezas europeas ¡ni uno de Cerveza Subuteo! Todos lo sabían menos yo ¡y Amorita! fuimos un par de idiotas. Los Paseo se sintieron amenazados y además de boicotearme, le fueron con el chisme a Amorita de que yo tenía a Alondra y a Desdémona, eso es jugar socio, eso no se vale. Me golpearon por lo bajo. Me golpearon donde más me duele y eso no se vale. ¡Amorita es como mi alma! Hijos de puta, no saben lo que les espera”. Dejó de hablar cuando su mirada se cruzó con la de su guardaespaldas y dijo: ¡Shhh! ¡Shhh!

“Se dirigió al teléfono, marcó y esperó:

“- ¿Aló? ¿Carlitos? ¡Muy bien! Mucho mejor de lo que muchos suponen. Si. Si. Me urge verte. Si mañana a las nueve. Bien. Te espero.

Había hablado con míster Charles P. Aladar. Sacó dos cervezas Subuteo (no hay otra en Jodonia), invitó a Graco a compartir lo que había sobrado de la comida. Le ordenó otras cervezas. Permaneció sentado pensativo. De pronto se paró, y simulando una corneta, tarareó el toque de ¡silencio! ¡A dormir! dijo. Graco pensó que estaba enloqueciendo por el descalabro.

Despertaron en la madrugada y se alistaron. A las siete en punto tocaron a la puerta, traían el desayuno. Desayunaron. A la media hora notificaron que había irrumpido una “multitud de doscientas personas”, parientes y amigos de los desaparecidos. Tramafato ordenó que entrara una comisión de tres y les repitió que fueron derrotados por los elementos adversos de la naturaleza, que aquellos murieron como héroes y que la Patria se los premiaría y que él también. Cuando se retiraron comentó que se veía la mano negra de los Paseo, pues jamás familiar de soldado alguno se atrevió a reclamar por su muerte. ¡Pero ya la pagarán! Ordenó que sólo se dejara pasar a Mr. Aladar.

“Este llegó a las nueve. Tramafato sacó las hojas de papel que tenía en la bolsa de la casaca y pasaron a hablar a puerta cerrada. Las hojas contenían (como después supe) el contrato de compra-venta de la Isla de Tejavanes a favor del señor Von Hoos, venta efectuada por el presidente Tramafato en virtud de la potestad que le otorga el artículo cincuenta y cuatro de la Constitución, promulgada en el año de 1923. Por lo tanto Tramafato tenía el derecho soberano de vender y disponer del dinero, como lo habían hecho casi todos los presidentes. Mr. Aladar debía protocolizar la operación ante la legación de Francia, ya que el señor Von Hoos y los bancos franceses querían que Tejavanes fuese declarado “territorio francés de ultramar”, (no lo han logrado). El monto de la operación no me lo reveló Charles -escribe Barbalila- pero todas las transferencias se hicieron a través de él, en quien el tirano tenía ciega confianza.

“Los meses que siguieron fueron los más angustiosos vividos por Tramafato. Repudiado por Amorita (eso es lo que más le dolía). Acosado y atacado por sus enemigos. Con la deuda con el Obispo creciendo y esperando que los trámites del contrato con Van Hoos se complementaran, para recibir los anhelados dólares. Sin embargo sabía que el holandés movía todo para llevar a buen fin la operación. Lo hacía celere y en silencio, pues al comprar la isla, se desharía de Antofrato y sucesores, Tramafato daría un golpe a los Paseo y podría realizar muchos proyectos. Fue un período que le pareció eterno. Diariamente recibía ataques, muchos incondicionales empezaron a alejarse. En la prensa, aunque controlada, alguien lo señalaba “entre líneas”. Se hicieron correr rumores adversos, pero, lo que más le dolían eran los que se referían a Amorita, cuyas puertas seguían cerradas. Él andaba como obnubilado, no tanto por los ataques, como por el alcohol.

“Cuando míster Aladar le avisó que había llegado la primera transferencia, la resaca alcohólica se le cortó de golpe. Lo primero que hizo fue remitirle un abono a monseñor Grumondi, que jubiloso echó a volar las campanas de catedral, y cesaron ciertas insinuaciones desde los púlpitos y, se aplaudió la venta de un “desierto cuyos beneficios llegarán a todos”. Un mes después, cuando Amorita empezó a salir a cabalgar, Tramafato le dio alcance y le informó que ya podían empezar a construir el Hospital para niños “De Amorita con Amor”. Ella se alegró tanto que empezó a perdonarlo… a las pocas semanas, al poner con gran publicidad la primera piedra, volvió a abrir las puertas del Palacio La Aurora a Tramafato.

“La plata proveniente de Tejavanes, también pagó la campaña para la designación de Tramafato como Presidente Vitalicio, ayudó a construir el estadio que lleva su nombre, el Jardín Festivo Popular que con las utilidades eternizaron en el poder a Tramafato.

“Los Paseo en Tejavanes no osaron condenar la venta. Sólo años después de su muerte, impulsaron las acusaciones de que vendiendo Tejavanes vendieron el futuro de Jodonia, sin embargo han conservado extensas propiedades en aquella isla”.

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