La leyenda del buque fantasma comandado por un “holandés errante” tiene su origen en el siglo XVII, pero varía según las versiones. En una de ellas, el comandante del barco es un capitán llamado Barent Fokke avecindado en Amsterdam hacia el año 1650. Es célebre entre los marineros por sus arranques de cólera y sus orgías. Su barco es el más veloz de todos; hace el viaje entre Amsterdam y Batavia en sólo tres meses, hazaña excepcional para la época y, para muchos, sólo explicable por una intervención del diablo. Así, cuando desaparece en el mar, nace la tradición que le hace recorrer para siempre el océano, como maldición por haber hecho un pacto similar al de Fausto.

En otras versiones el triste héroe de la leyenda es el capitán Van der Staten, quien padece el mismo castigo por haber zarpado un Viernes Santo. Pero la leyenda más difundida pone en escena al capitán Van der Decken, quien navegaba a bordo de su barco desde Holanda hacia las Indias Orientales, cuando una violenta tempestad estalló a la altura del cabo de Buena Esperanza. Confiado en sus dotes de navegante y a pesar de las súplicas de su tripulación, Van der Decken reta con arrogancia al Todopoderoso que trate de hacerlo zozobrar. Escapa del naufragio pero, en castigo por su blasfemia, es condenado a navegar eternamente por los mares.

La historia fue transmitida oralmente durante siglos, antes de que el poeta alemán Heinrich Heine la pusiera por escrito en 1830. En esa versión, el marino errante es liberado de su maldición por el amor de una mujer que acepta morir para que él encuentre el reposo. Y su buque de velas rojas es, finalmente, tragado por las aguas… Richard Wagner se inspira en el texto de esta historia para componer en 1843, su ópera El buque fantasma.

A lo largo de la historia del mar, naves que zarparon hacia destinos lejanos han naufragado, vencidas por las fuerzas de la naturaleza pero algunas no han ido a parar en el inmenso cementerio de las profundidades y continúan surcando incansablemente los mares. El Holandés errante forma parte de esta flota espectral.

Muchos marineros afirman haber sido testigos de numerosas apariciones. El más célebre de ellos es el joven duque de York, el futuro rey Jorge V de Inglaterra, quien entonces tenía dieciséis años y navegaba como alférez de la Royal Navy, a bordo de la Bacchante, que da la vuelta al mundo. El 11 de julio de 1881, mientras la nave se encuentra frente a las costas australianas, una luz brilla repentinamente en la oscuridad y, a doscientos metros más o menos, surge cortándole el camino un bergantín rodeado de un halo rojizo siniestro; los mástiles y las vergas del buque fantasma se destacan claramente en esta extraña luz fosforescente.

El duque de York y doce miembros de la tripulación fueron los incrédulos espectadores de este extraño fenómeno. El futuro rey estaba convencido de haber visto al célebre Holandés errante. Se cuenta que esa misma noche el marinero que fue el primero en ver la nave espectral cayó de uno de los mástiles y se mató. Algunas semanas después, murió el almirante de la flota. Para algunos estos hechos dramáticos estarían relacionados con la extraña visión, a la que no se ha encontrado ninguna explicación racional hasta hoy.

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