El imperdible relato de Gabriel Bialystocki al curarse de Covid

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Un testimonio de advertencia y agradecimiento

Tras más de tres semanas con Coronavirus, Gabriel Bialystocki escribió en su página de Facebook lo que ha estado viviendo. Las primeras señales, la confirmación que era positivo, el deterioro en su estado de salud, la calma y los temores. No menos importante, destaca el excelente tratamiento que recibió, poniendo énfasis en la actitud humana de los equipos médicos, doctores/as  y enfermeros/as que lo atendieron. Lo llama primer mundo. Y eso también debe saberse. 

“Nadie sabe quien es Soraya, ni Sebastián, ni Franco, ni David, ni Natalia, ni Walkiria. Nadie conoce a Lucía”. Es mejor que no muchos los lleguen a conocer personalmente. Pero es excelente que Gabriel los nombra en su relato. Es una forma de agradecerles públicamente.


Y nosotros, desde nuestro portal, agradecemos a Gabriel que nos haya permitido compartir su relato. Y le deseamos mucha salud.

Este es su testimonio:

Ahora si, veinticuatro días después de haber arrancado este viaje, voy a compartirlo con ustedes.

El lunes 14 de Diciembre amanecí temblando de fiebre. Llamé a la emergencia, vinieron enseguida, me dieron medicación para la fiebre y por supuesto, me mandaron hisoparme. Dos días después, me enteré que era positivo de Covid 19.

Contagié además a mi esposa (quien tuvo síntomas leves), también a mi hermano, a mi hija y a su novio que fueron todos asintomáticos.

Ahí estuve nueve días seguidos con fiebre que no se iba, muy molesto, pero sin ningún otro síntoma. Solo no tenía ganas de comer, apenas comía algo una vez por día pero si tomaba agua abundante para estar hidratado, cosa que es clave con la fiebre.

La atención de Cosem fue impecable en todo momento: todos los días me llamaba un médico para saber como estaba, hacerme preguntas, y la única indicación era que si en algún momento tenía dificultad para respirar, llamara inmediatamente a la emergencia.

Al día siete, empecé a notar que estaba muy cansado. Nunca tuve dolor, nunca perdí gusto ni olfato, nunca tuve tos (si flemas), pero en ese momento ir desde la cama hasta al baño me dejaba exhausto.

Nunca entendí que eso era falta de oxígeno, yo sentía que respiraba perfectamente.

Hasta que el día nueve, miércoles 23 a la tardecita me fui a dar una ducha para ayudar a bajar un poco la fiebre, cosa que hacía hasta dos veces al día. Y entonces, sentí que no podía levantar los brazos para enjabonarme, no tenía fuerzas.

Ahí pensé ok, acá está pasando algo.

Le dije a mi esposa mirá, me pasa esto así que llamo a la emergencia (siempre calmado, y mas adelante me voy a extender sobre esto), y de nuevo destaco lo que es el SEMM, llegaron en minutos.

Me pusieron un aparatito en el dedo que mide lo que es la saturación del oxígeno en la sangre, algo que obviamente desconocía y de lo cual ahora aprendí. Normalmente, uno tiene que estar saturando entre 95 y 100%. Yo estaba en 83 y obviamente bajando.

Me pusieron una máscara de oxígeno, me subieron a la ambulancia y diez minutos mas tarde estaba en la emergencia del Americano.

Me pusieron una vía, empezaron a pasarme antibioticos (dos distintos), corticoides, suero, y seguramente alguna cosa mas.

Al rato me subieron a una habitación en el sector Covid, que está en un sector aislado obviamente.

Al mediodía siguiente conocí a la Dra. Laura Fraga, quien sería (es) mi doctora tratante, quien me dice mirá, con la mascarilla esta no estás levantando como me gustaría, así que te vamos a subir al CTI. Ahí tenemos una máquina con lo que llamamos OAF (oxígeno de alto flujo), que te mete aire como para inflarle las ruedas a un Airbus (esto lo digo yo, no ella).

Acá me voy a detener, para extenderme sobre el tema de la calma. Yo tengo la inmensa suerte, bendición a esta altura, de haber heredado la cabeza fría de mi viejo.

Papá era un tipo que hacía un uso del sentido común constante, y ante cualquier situación se daba un tiempo para pensar, razonar, siempre tranquilo.

Créanme, y esto lo vine charlando con las doctoras que me fueron viendo, enferner@s, que mantener la calma es el 50% del partido. Obviamente después viene la biología pero eso va por otro lado, uno no lo controla sino los médicos. Solo vos podés mantener tu cabeza de pie y jugando a tu favor.

Dicho esto, en el momento en que me dicen vas al CTI… ahí si la cabeza se me fue un poquito. Y me pasó algo muy loco, eso que uno ve en las películas y suena a un cliché pero tal cual: vi pasar toda mi vida en fotos, como diapositivas, una atrás de otra. Todas fotos lindas, era como ver el álbum de tu vida completo. No pensaba que me iba a morir, pero era algo como ok, fue esto, cincuenta y cuatro años de todas estas imágenes, y como una cosa de ok, si fuese que llegamos a hasta acá no estuvo mal. Solo como una pena de si no llegase a haber nada mas.

Gabriel y su esposa Florencia

 

Con su hija Maia

 

Esto diría que pueden haber sido diez minutos, media hora, no sé. El paso del tiempo ahí es difuso.

Así que ahí marché al CTI, adonde estuve durante ocho días enchufado al bendito OAF.

Y acá tengo que detenerme a hablar sobre lo que es la atención que recibí: les aseguro, esto es primer mundo, y del bueno. Ya ni hablo de las instalaciones, los protocolos de limpieza, sino fundamentalmente la parte humana que es in cre í ble. Un equipo de leones y leonas que me cuidaron como si fuese un hijo, siempre explicando cada cosa, siempre dando para adelante, siempre teniéndome confortable arreglándome la cama a cada rato, limpiándome, bañandome como a un bebé en la cama.

Esto obviamente no solo conmigo, los vi hablarle y acariciar a un paciente sedado y entubado diciendo dale Trujillo (espero que haya terminado bien), vas a andar bien, vas a salir. Se me pone la piel de gallina mientras lo escribo, cuando lo escuché lagrimeaba.

Esta gente es anónima, muchachos.

Nadie sabe quien es Soraya, ni Sebastián, ni Franco, ni David, ni Natalia, ni Walkiria. Nadie conoce a Lucía.

Nadie sabe que una tiene dos nenas, que otra no ve a sus padres desde hace meses pirque son mayores y no quiere exponerlos, que casi todos trabajan en al menos dos lugares, que casi todos entran y salen de cuarentena constantemente (te imaginás el stress solo de eso?), que muchos ya se contagiaron,

Son un ejército de amor, peleando silenciosos por nosotros contra este bicho de mierda.

Les pido que piensen aunque sea un minuto, en todos ellos. Por ellos y por ustedes, porque si llega el momento en que los precisás, van a hacer lo mismo por ustedes también.

Yo, ahora, tengo el privilegio de conocerlos a todos. Y se quedan conmigo para siempre.

Ocho días mas tarde salí del CTI, y empecé con otra parte lateral de esta recuperación: después de tantos días acostado, tu musculatura simplemente se evapora. Me di cuenta que las piernas me habían quedado como escarbadientes, y sin fuerza alguna.

Pero la doctora me dijo vos tranquilo que eso se recompone, y así es. Lo primero fue pasar de la cama a sentarme en el sillón, un triunfo!

Un día después, con un caño de oxígeno de varios metros, logré caminar hasta el baño de la habitación, no mas de seis metros. Ayudado por un enfermero, pasito a pasito, y parando varias veces. Y cuando me pude sentar en el water, con su ayuda, después de trece días a esa altura… no podía creer. Esos son los detalles, créanme. Todas las cosas que hacemos sin pensar, en forna automática, y que damos por sentado.

Un día o dos mas, y ya estaba caminando por la habitación, yendo al baño y a ducharme solo, y demás. La puta gloria, créanme.

Ahora bien, para qué escribo esto, no? Obviamente, tuve muchísimo tiempo para pensar. En todo. En mi vida, en todo este proceso, en la enorme suerte que tuve y sobre todo, en cómo hacer de este viaje un antes y un después. Porque si no lo hiciera, sería un pelotudo importante.

Así que pensé que esto merecía ser compartido.

Para que se sepa qué hay atrás de este virus del orto, que esto no es joda, que hay que cuidarse, que cuidarse es cuidar al resto. Que si ves a alguien que no se cuida, le hables. Le expliques que estamos todos en un viaje loco, del que solo se sale a huevo.

Y también para que sepan algo de lo que les puede pasar si se lo pescan. Obviamente cada caso es distinto, pero hay generalidades también.

En estos últimos días, repensando cada capitulo de este viaje, una cuestión me rondaba la cabeza. Soy amante de la estadística, los datos, y se me ocurrió pensar lo siguiente: cuando me subieron al CTI, cuáles serían mis chances? 50/50? 70/30? 80/20?

Ayer se lo pregunté a la Dra. Fraga, y me dijo no, vos no estabas tan mal, eras un 90% seguro.

Tuve mucha, pero mucha suerte.

Y mañana me voy a casa.

Acerca de Ana Jerozolimski / Semanario Hebreo JAI

Periodista, con sede en Jerusalem que cubre a Israel y los palestinos. Dedicada a los asuntos de Medio Oriente y cobertura especial de uruguay.

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