Son muy pocos los que conocen la enorme trascendencia que tuvo para el establecimiento del estado de Israel un mazo de madera expuesto en un modesto del Kibbutz Bror Haiyl. El kibutz “carioca”, habitado mayoritariamente por brasileños y conocido por su música y su restaurante de picaña –típico corte de ternera asada-, está ubicado a tan solo 8 kilómetros de la Franja de Gaza. Ésta y otras comunidades agrícolas e industriales, desarrolladas bajo una profunda ideología socialista y comunitaria, fueron un factor clave para los primeros años de andadura del nuevo y pobre estado judío.

Abraham Cheinfeld dejó su Brasil natal y se instaló en Bror Haiyl en 1958. “En aquella época, la mayoría de los que llegaban era jóvenes brasileños”, cuenta el amable octogenario sobre la ola migratoria de movimientos juveniles sionistas latinoamericanos que abarrotaron los kibutzim. “Hoy en día la situación es distinta, hay gente más diversa”, matiza sobre la comunidad creada el día posterior a la aprobación de la resolución de la ONU el 27 de noviembre de 1947, que aprobó la división de la colonia británica de Palestina en dos estados: uno judío y otro árabe. Los judíos la aceptaron y festejaron con júbilo; los árabes la rechazaron y, poco después, declararon la guerra al recién nacido estado hebreo.

OSVALDO ARANHA

En una sencilla sala pintada de blanco de apenas 50 metros cuadrados, Cheinfeld guarda con mucho apego el mazo utilizado por el entonces presidente de la asamblea de la ONU, el embajador brasileño Osvaldo Aranha, que dando varios golpes sobre la mesa aprobó la resolución 181, embrión del estado judío fundado por David Ben Gurion medio año después. Con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, Aranha cerró una trascendental sesión que cambió el rumbo de la en Oriente Medio. “Israel le debe mucho a esta resolución. Sin ella, el país no existiría”, reconoce el director del museo.

El proceso, que culminó en la votación favorable, fue un verdadero calvario. Días antes, había una mayoría de estados contrarios a la creación del estado de Israel cuando apenas habían transcurrido dos años del holocausto, que costó la vida de 6 millones de judíos. Para lograr la mayoría era necesario obtener dos terceras parte de los apoyos de la asamblea, y la lucha para decantar la balanza fue encarnizada. “La importancia de Osvaldo Aranha fue crucial, ya que apoyaba la resolución. La sesión debía celebrarse dos días antes, pero los judíos no lograron los votos necesarios. Por ello, decidió posponer la sesión 48 horas, y logró convencer a representantes de países que estaban dudando”, explica con todo detalle Cheinfeld.

Aranha, que antes de presidir la asamblea de la ONU fue ministro de exteriores del país latinoamericano, era muy favorable a la existencia de Israel. “Con otro presidente en la asamblea, probablemente la resolución no hubiera pasado. Así que tenemos una deuda muy grande con él”, asegura el veterano kibbutznik.

EL PERIPLO DEL MAZO

En el país carioca se oía hablar de Bror Hayil como el kibutz de los brasileños. Por este motivo, la familia Aranha decidió traer el mazo y el protocolo de la mítica sesión de la ONU a éste lugar. “Hubo una ceremonia oficial muy importante, dónde estuvieron el ministro de exteriores israelí, el embajador de Brasil en Israel y el hijo de Aranha, que nos trajo los objetos", recuerda Cheinfeld. Y añadió: “Cuando se festejó el 60 aniversario de la independencia de Israel, llevamos los objetos a la knesset (parlamento) para mostrárselo a todo el pueblo”.

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Periodista freelance cubriendo la actualidad de Oriente Medio. Reportajes multimedia de elaboración propia (video, foto y texto) para medios de todo el mundo.