En los anales de muchas naciones encontramos misterios insolubles de momento hasta que nos enteramos de lo acaecido cuando la niebla del pasado se disipa y nos ha sido revelada la verdad.

Uno de esos casos sucedió hace cuarenta años, cuando el Estado de Israel compró a la Gran Bretaña un submarino. El submarino Israelí Dakar (ex-HMS Totem) desapareció en el Mediterráneo oriental mientras realizaba su primer viaje a Israel desde el astillero británico que lo había modernizado hasta el puerto de Haifa. El Dakar dejó el puerto de Portsmouth, Inglaterra el 9 de Enero. Llegó a Gibraltar la mañana del 15. La última comunicación fue recibida pasada la medianoche del 25 de Enero, cuando el comandante de la nave, Raanán Yaacov, se comunica con Haifa. La travesía se desarrollaba con normalidad la siguiente comunicación debería haberse efectuado más tarde en la mañana, pero no se recibió ninguna.

El 26 de Enero se inició una gran búsqueda que se organizó con buques y aviones de Israel, Gran Bretaña, EEUU, Grecia, Turquía y el Líbano.

El 27 de Enero una estación de radio de Nicosia, en Chipre informó de haber recibido una señal de SOS en la frecuencia de la boya de emergencia del Dakar. La mayoría de las fuerzas internacionales terminaron la búsqueda el 31 de Enero, pero las israelíes continuaron hasta el 4 de Febrero. El submarino no fue hallado, la única prueba física fue que su boya de emergencia, con 65 metros de cable apareció en una playa de Gaza el 9 de Febrero de 1969.

Fue el ex comandante de la flota norteamericana, el almirante Mike Burda, quien sugirió a los israelíes que encomendaran las tareas de búsqueda a la firma Nauticus que son expertos en lo que refiere a embarcaciones perdidas. En su búsqueda se utilizó la misma tecnología que se usó para localizar al Titanic: un sonar de gran resolución con forma de torpedo y un robot sumergible, atado al navío-madre mediante una sonda por la que se transmiten las imágenes.

El capitán Bill McGregor de la firma Nauticus decidió concentrar la búsqueda sobre la ruta del submarino. Y acertó, una sombra en la pantalla del sonar le llamó la atención a Bill McGregor. El capitán del navío norteamericano Stella Maris que realizaba la búsqueda, de inmediato ordenó parar los motores y enfocar el aparato sobre aquella mancha de contornos peculiares. A los pocos minutos, el controlador de la pantalla informaba a McGregor: «¡Señor, hemos dado con el casco de un submarino!».

Ahora sólo queda por averiguar la causa del naufragio. Pareciera que la causa más probable de su hundimiento fue un accidente que inundó uno de sus compartimientos de proa, lo que llevó luego a una inmersión incontrolable. La evidencia más fuerte para ello es que los compartimientos de proa están aun intactos, indicando que estaban parcialmente inundados antes de que el Dakar llegara a su profundidad de diseño. Otra posibilidad es que haya tenido un problema con las aletas de inmersión, como le ocurrió al USS Chopper un año antes.

Mientras que la colisión contra un mercante pudo haber sido una posibilidad del desastre, la evidencia física lo niega ya que no se encontraron señas de colisión ni daños estructurales que fundamenten una colisión.

De todos modos, está claro que el Dakar se sumergió debajo de su profundidad de diseño e implosionó. Durante la implosión, el daño al casco fue tan severo que su boya de emergencia fue soltada y luego estuvo casi un año viajando lentamente hacia la playa donde la encontraron.

Las fotografías tomadas mostraron el casco partido en dos pedazos a 2.900 metros de profundidad. La estructura estaba achatada por efecto de la enorme presión muy cerca de la posición donde hizo su última comunicación. El puente se separó del casco y la sección delantera estaba a la derecha en el fondo.

Una parte del puente del Dakar fue recuperado y forma parte de un memorial de la tripulación compuesta por 69 tripulantes, las partes recuperadas se encuentran en el museo naval de Haifa.

Durante 31 años la marina israelí siguió la búsqueda de una forma regular desde su desaparición hasta que los restos fueron hallados en 1999.

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Realizó varios estudios en Historia Universal, Literatura Universal y Hebrea. Más tarde siendo autodidacta sus conocimientos sobre Historia de Israel se destacaron en producciones escritas, en un principio por medio de artículos en "Foro" a partir de 1993 y posteriormente en la publicación de su libro "Encrucijada".

Ha incursionado también en géneros como poesía, cuento y novela histórica. Desde el 2006 escribe también en la revista "Expresiones" y en 2007 obtuvo el premio APEIM de periodismo.