Diario Judío México - Quiero, por un momento, mirar hacia atrás y contemplar el inicio del pueblo judío, en retrospectiva. Abraham Avinu respondió a un llamado, que nosotros interpretamos como “Ruaj Hashem”, un soplo, la voz de D’ios, que le ordenó: “Lej Leja”, levántate y vete a donde yo te diga y haré de ti una gran nación. “Dibrei Tora”, así dice la Torá.

Abraham, hijo de Tera, el que fabricaba figuras de múltiples deidades en barro, que tenían aparentemente mucha demanda en Ur, en Mesopotamia. Abraham probablemente no sabía, no estaba consciente de que al seguir el llamado que había escuchado desde su interior, “Ruaj Hashem”, estaba iniciando el monoteísmo. Él no lo sabía. Más tarde, mucho más tarde, iban a decir que algo nuevo y distinto, algo revolucionario había aparecido.

Este monoteísmo fue ideado, forjado y codificado por muchas generaciones de judíos. El Decálogo, los Diez Mandamientos, que Moisés, Moshe Rabenu, bajó del Monte Sinaí y dio a los judíos, es la sintetización de la Ética Judía. Es la expresión de un credo innovador. Probablemente algo rígido, muy exigente para la época y sobre todo para el pueblo. Estando en el Monte Sinaí, tan preocupados que Moisés no descendía de la montaña. Se rebelaron y por un momento, regresaron a sus prácticas paganas. Además estaban cansados, habían caminado cuarenta años en el desierto. Antes de su liberación, habían vivido como esclavos en Egipto, por cuarenta generaciones.

El corte generacional, fue tajante y riguroso que ni siquiera Moisés pudo acompañar a su pueblo a Tierra Santa, al pueblo al que había liberado, y ahora iba a ofrecerles la Tierra prometida por D’ios. Solamente la pudo ver pero no pudo pisarla. ¿Por qué tanta exigencia y rigidez?

Recordemos que Moisés había sido educado como un príncipe egipcio. Que pasó mucho tiempo con los midianitas, que se casó con una de las hijas de Jetro. Es posible que estas hayan sido las razones. En realidad las escrituras no nos las explican. Seguramente había inquietud entre el pueblo. Había que poner orden, Yoshua Ben Nun era el indicado para hacerlo.

Este monoteísmo, esta ética, esta filosofía, se la dimos al mundo, sin condiciones. El monoteísmo judío, mandaba “Rajmonot”, piedad, consideración, respeto a las viudas y a los huérfanos. “Tzedek”, justicia para todos. La instauración y la estricta aplicación del “Shabat”, un día de descanso para todos. Nuevamente cito la Torá: “Este día descansarán también tus animales y tus esclavos”. Definitivamente esto era revolucionario hace tres mil años aproximadamente.

Más tarde, en la época romana, en que habían mejorado mucho las comunicaciones, y había comunidades en varias partes del Mediterráneo, la gente se interesó por esta fe monoteísta. Diferente de todas las demás. Creció el interés por el judaísmo y el ingresar a la fe era codiciado. Un número creciente de paganos adquirieron la fe judía. Es decir se convirtieron y fueron circuncidados, como lo exigía la ley judía. La historia nos indica que en el Imperio Romano, había más mujeres romanas convertidas al judaísmo, que hombres. La circuncisión obviamente era un freno.

Resumiendo, el monoteísmo judío era una forma revolucionaria de pensar en un mundo en el cual el individuo, sobre todo aquel que no tenía poder, el que no había nacido como hijo de un noble o de un príncipe, no tenía esperanza para avanzar. Vivía en un mundo lleno de oscurantismo. Un mundo de gran desigualdad.

Este monoteísmo se los dimos al mundo incondicionalmente. Era una idea, un credo para el que lo quería abrazar. Los judíos nunca hicieron proselitismo, pero tampoco se negaban a compartirlo, con alguien que lo quería abrazar. El monoteísmo judío nunca fue una franquicia. Nunca se registraron los derechos de autor, el “copyright”.

¿Qué hemos recibido en cambio? Quiero dejar bien claro que nunca exigimos nada. Recibimos vejaciones, nos llamaban, hasta hace poco, “El pueblo Deicida”. Nos perseguían a pesar de 2000 años de diáspora, de errar por el mundo, el pueblo judío sigue teniendo fe en la humanidad de la que formamos parte. Todos independientemente del color de nuestra piel, de la religión que profesamos, nos consideramos seres humanos como los demás. Amen.

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