Se dice que la mayoría de los judíos portugueses descienden de “anusim” -los forzados- que habían debido convertirse al cristianismo hacia 1497, cuando la inquisición forzó, al igual que lo había hecho en España -Sefarad- a los judíos de convertirse o abandonar la tierra lusitana. Además, de la gran herencia que los fieles de la Ley de Moisés dejarían para la posteridad, muchos de ellos tuvieron que permanecer en la península, convirtiéndose en cripto-judíos.

La historia de los judíos en Portugal, se remonta a años tan remotos, que ni siquiera existía esta nación. Desde la era prerromana, junto con los celtíberos (los primeros pobladores de origen celta), ya había presencia judía. Con los fenicios, también llegarían judíos, cuando los primeros fundaron Gades -hoy Cádiz-. Incluso se habla que en época de Nabucodonosor II (de la dinastía caldea de Babilonia), y también que en el periodo de Shlomo HaMelej, habrían llegado judíos a la península ibérica, en donde nacería luego el “ladino”.

Al igual que en España, los judíos, empezaron a ser fuertemente perseguidos. A pesar de haber sido forzados a aceptar la hostia y el bautizo, ahora conocidos como los cristãos novos -cristianos nuevos- fueron discriminados, perseguidos, humillados y reducidos. La iglesia fue quien, por medio del Tribunal del Santo Oficio, ejecutaría atrocidades, tales como quemar vivos a los acusados, torturarlos hasta la muerte y separar a los hijos de los padres, con el fin de ser criados con los velhos cristãos -cristianos viejos- considerados como los puros.

El rey Manuel I, desposó a Isabel de Aragón -hija de los reyes católicos-, lo que conllevo a que se expidiera el 5 de diciembre de 1496, un nuevo decretó de expulsión o conversión para los judíos lusitanos. Si optaban por la no conversión, deberían abandonar entonces el país. El plazo máximo era hasta el 31 de octubre de 1497.

Se cuenta que a quienes prefirieron abandonar la tierra, que es atravesada por el Duero y el Tajo, les fue prometido que embarcaciones los llevarían fuera con destino a un nuevo lugar. Sin embargo, fue una trampa, que terminó en el puerto de Lisboa, arrancando a los niños de sus padres, para entregarlos a familias de cristianos viejos o a la misma iglesia, y convirtiendo forzosamente a los adultos. Tal es el drama de aquel momento, que se habla del gran rabino de asfixiando a su hijo, para luego el desposeerse de la vida, antes de ceder a semejante vejamen.

En 1506, tuvo lugar la Masacre de o Masacre de Pascua. La judería de Lisboa, fue perseguida, torturada y ejecutada. Cientos de personas acusadas de judíos, de los pocos que quedaban, fueron arrasados. Esto de seguro; significó, un aumento del fenómeno judaizante y cripto-judío. A Portugal, llegaría la Inquisición hasta 1536. Esto también se replicaría luego en Brasil, su principal colonia.

La Inquisición, operó en hasta 1821. Esta registrado que por medio de los “autos de fe”, donde de la forma más arbitraria decidían la suerte del acusado; se ejecutaron a casi 2.000 personas, se ejecutaron -quemaron- in effigie a más de 600 personas, y a otras 30.000, se les juzgó de diversas formas, incluyendo tales vejaciones como la ejecución de torturas.

Los judíos que lograron escapar, emigraron a Holanda y al Imperio otomano, en su mayoría. Otros fueron para Inglaterra, Alemania, Italia y Grecia. Junto con los judíos españoles fundaron nuevas comunidades en el exilio.

El Nuevo Mundo, fue la otra de las opciones de escape. De hecho, Cristóbal Colón, seguramente también cripto-judío italiano, que había vivido largo tiempo en Portugal, donde se había casado con una portuguesa: Filipa Moniz Perestrelo, posiblemente de origen judeoconverso.

La otra mujer de Colón (en italiano Colombo -paloma- tradicional apellido entre los judíos itálicos) Beatriz Enríquez de Arana, humilde cripto-judía nacida en Córdoba, con quien tendría un hijo: Fernando Colón y Enríquez de Arana, quien, junto a Diego, el hijo que tuvo con Filipa, le acompañaron en algunos de sus viajes a América. Con Beatriz nunca se casó, por miedo a la inquisición, ya que esta tenía muy claro origen hebreo.

Entre las múltiples pruebas de un Colón judío, se encuentran las cartas a su hijo Diego, donde se puede ver una Bet y una Hei -BH”-, también que, en su testamento, precisamente ordenó entregarle una renta a un judío mayor que vivía en la entrada de la judería de Lisboa. Y, también un fondo para niñas humildes para que pudiesen casarse, lo cual es parte de un importante precepto de caridad judía. Al final, Colón no sería ni español; ni italiano; ni catalán; ni portugués, sino judío.

El camino de los “portugueses”, seria extenso. Incluso, arribaron al Nuevo Mundo, cuando por medio de la rica y poderosa Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, saliera un buque para Brasil. Recife, Pernambuco, se convertiría en un núcleo de vida judía, bastante particular. Hacia 1642, se establecería la primera comunidad en todo América.

La Sinagoga Kahal Zur Israel -Sagrada Comunidad Roca de Israel-, dirigida por el rabino Isaac Aboab da Fonseca, hijo de “marranos” -judeoconversos- ubicada en la Rua do Bom Jesus (la calle del buen Jesús, paradójicamente llamada también Rua dos Judeus -la calle de los judíos-). También, el rabino Moses Raphael de Aguilar, nacido en Portugal, dirigió en la vecina Mauritstadt, la comunidad Maguén Abraham.

Curaçao, se convertiría en un enclave en el Caribe para los judíos portugueses que llegaron forzados de Recife, pues se repetía la historia. Debían escoger entre convertirse o marcharse, tras la victoria de los portugueses en la “Batalla de los Guararapes” en 1654, que conllevo a la expulsión de los holandeses, quienes veían con buena fe la libertad religiosa.

Así fue que, los judíos portugueses que huyeron a Amsterdam en su momento, y que terminarían en Brasil, finalmente dieron a parar en América. Nueva Amsterdam -Nueva Jerusalén- en Nueva Holanda, dominada por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales se convertiría en el nuevo hogar de los judíos portugueses que ahora huían de la inquisición española y portuguesa en tierras americanas.

Shearith Israel - el resto de Israel- fue la primera comunidad judía de América del Norte y hoy Nueva York, que además fue apoyada inmensamente por Mikveh Israel, la sinagoga de los judíos de Curaçao, cosa que hasta hoy es recordada en el servicio de Iom Kipur. En Estados Unidos, los sefardíes fundaron también otras congregaciones, una de ellas la Sinagoga Touro en Rhode Island, herencia de uno de los primeros magnates judíos en Nueva York: Judah Touro. Otras de las comunidades fundadas fueron: la de Charleston, en Carolina del Sur; Savannah; Philadelphia y Baltimore.

Los primeros colonos “portugueses”, que llegaron en el St. Catrina, desde Brasil a Nueva Amsterdam -hoy Nueva York- hacia 1654, se encontraron con un gobernador antisemita, este era Peter Stuyvesant, calvinista radical, que rechazaba a los católicos, luteranos y cuáqueros, de igual forma. A pesar de una hostil recibida, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales -que tenía judíos dentro- rechazó su intolerancia religiosa, que además estaba en contra de los ideales liberales holandeses. Asser Levy, originario de Vilna, Lituania, llegó a Nueva Amsterdam, semanas antes que los sefardíes. En el Peereboom -árbol de pera- junto con Levy, llegó Jacob Barsimson, que recibió a los portugueses y les contó sobre el gobernador antijudío.

Cartagena de Indias, sería otro punto clave de la vida sefardí en su exilio. También, se estableció allí una oficina del Tribunal de la Inquisición y esos nuevos cristianos, conocidos en las colonias españolas como “portugueses”, darían de que hablar. Muy hábiles para el comercio, prosperaron en todo El Nuevo Mundo, hasta en el comercio de esclavos fueron parte importante.

En Cartagena de Indias, en el tradicional barrio Getsemaní, funcionó la Cofradía de Ámsterdam, que hasta donaciones envió directo a la gran Sinagoga portuguesa de Ámsterdam. Serían descubiertos y procesados en un auto de fe en 1636, siendo expulsados -mas no quemados- de la Nueva Granada. La influencia de los conversos en Cartagena es bien conocida. La élite de cristianos nuevos se entremezcló también con cristianos viejos, llegando a ser mayoría a principios de 1600.

Los cripto-judíos que permanecieron en Portugal, crearon una nueva liturgia y una nueva identidad. Es el caso de Belmonte en Tras os Montes, Castelo Branco. De hecho, el almirante Pedro Alvares de Cabral, era natural de Belmonte; es decir, un “cripto-judeu” más. Este fue quien descubrió en 1500, la “Terra de Santa Cruz”, actual Brasil (nombre tan católico, como San Salvador, dado por Colón a las hoy Bahamas).

Un año después, llegaría a estas tierras Fernando de Noronha, judío converso, agente del hombre más pudiente de la época: Jacob Fugger “el rico” en toda la península ibérica. Noronha, trajo consigo a más nuevos cristianos, para adelantar la exploración de los recursos naturales del Brasil y la explotación del “palo brasil o Pernambuco”.

Portugal, representa un episodio tan significativo de la historia en el exilio del pueblo hebreo, que trasciende los límites geográficos. Por ejemplo, en las Antillas neerlandesas; en Curaçao, la sinagoga Mikveh Israel (la más antigua en uso continuo de América), mantiene su piso en arena, que recuerda la promesa de ÉL con Abraham, sobre que su descendencia sería como la arena del mar. También recuerda el paso del pueblo por la arena del desierto, durante los 40 años.

De a Portugal; de a Holanda, y de Amsterdam a Brasil; así como de Recife a Curaçao y a Nueva Amsterdam, este es el periplo del portugués, cuando tuvo que dejar su otrora hogar. Ahora bien, el legado que dejarían estas gentes, no sería tan fácil de olvidar. Es la saudade del portugués, un lugar común entre el Miño, el Tajo, el Guadiana y el Duero.