Depender enteramente de los demás es algo para lo que el ser humano no está diseñado. Desde que un bebé nace, nace llorando porque nada depende de él y todo lo que quiera, desde respirar hasta alimentarse y hacer de cuerpo, en principio depende de alguien más. Él no sabe que depende de él mismo respirar ya que desde que sale del vientre materno le dan esa palmadita para que pueda respirar. Desde ese momento cree convencidamente que debe recibir más de esas palmaditas para poder vivir, hasta que se da cuenta que puede lograrlo solo. Al poco tiempo se le olvida eso ya que el acto de respirar es casi automático, casi inconsciente. Y con el paso de las horas, los días, las semanas, los meses y los años, se va dando cuenta que muchas tareas para su supervivencia dependen solamente de él mismo y de nadie más. Y así como fue con la acción de respirar, así todas las demás que las va ejecutando de manera inconsciente. Respiramos, dormimos, vamos al baño, comemos, tosemos, lloramos, crecemos, nos erguimos, caminamos, y vamos conociendo el mundo con los cinco sentidos casi de manera inconsciente. Cuando seguimos creciendo y notamos que muchas más cosas y mucho más difíciles también dependen de nosotros, es ahí cuando no nos queda otra opción que hacerlas o morir. Es ahí cuando la vida comienza a tomar otra dimensión más responsable, más con visión a futuro entrelazado con miedo y valor al mismo tiempo. Nosotros debemos decidir si nos dejamos llevar por el miedo, paralizándonos con consecuencias legales o aferrarnos a la valentía. Generalmente prevalece la valentía, no tanto por ser valientes, sino por no querer las consecuencias de optar por el miedo.

Y seguimos creciendo en un camino más empedrado que llano, porque la vida es así. Se escucha muy fácil, lo sé, pero ese es el verdadero sentido de la vida: sobrepasar y superar los problemas. Aquel que no tiene problemas es porque no existe, aún no nació o ya se ha muerto. Los vivos, todos, tenemos problemas porque eso es la vida. La vida es una constante superación. Y no existiría la superación si no fuera por esos problemas. Los problemas, por ende, no deben ser motivo de angustia sino todo lo contrario. Al tener problemas corroboramos nuestra vida, afirmando que estamos transcursando en ella. Son justamente los problemas los que dan ese toque de sentido, de magia, de belleza y literalmente, el sentido de vivir. Cada problema es un medio para superarse y ser mejor que antes de haber tenido ese problema. Cada problema es un etapa más, más elevada, con mayor dimensión, con mayor crecimiento, con mayor capacidad mental y con más sentido de la vida misma. Pero el problema mayor radica cuando pretendemos resolver problemas que son imposibles por no estar en nuestras manos, por ende no son problemas. Entonces tenemos dos problemas: el primero es querer resolver un imposible, y el segundo es pretender resolver un problema que no existe, ya que al no estar en nuestras manos, por lo tanto no es problema. Y ese es el problema más difícil de resolver ya que se intenta durante toda la vida por algo que no tiene solución. Por ejemplo: que esté lloviendo, no es algo que nadie pueda modificar; no tener una buena voz, no tener la altura suficiente, tener un color de ojos que no son del color que uno quisiera, y muchas cosas más, no son problemas. Lo mismo sucede cuando alguien nos insulta o difama. Ese no es nuestro problema ya que no está en nuestras manos solucionarlo al igual que el clima. Lo único que nos queda hacer es ser estoicistas ante esas situaciones y saber que muchas cosas no son más que la opinión de otras personas. Si bien es cierto que muchas veces nos afectan, ya sea en el trabajo o en lo familiar, ahora debemos superar eso sabiendo que contamos con toda la capacidad para ello. Y lo primero que tenemos que mentalizarnos es que el sentido de la vida es superarnos superando los problemas, superando incluso los efectos de lo que otras personas hayan hecho y nos han perjudicado.
Es sabio todo aquel que sabe que vive en una consecuencia creando otras. No siempre debemos atribuirle a los demás las consecuencias y los efectos por los que estemos pasando. Muchas veces, la mayoría, somos los creadores, conscientes o inconscientes, de nuestra vida. Conscientes quiere decir que es su momento debimos abrir más los ojos y no lo hemos hecho, que en su momento juzgamos nuestros actos como sin consecuencias a futuro y ahora vemos que no fue así. Es sabio, verdaderamente sabio, aquel que sabe reconocer, no para otros, sino para uno mismo, que ha llegado a donde llegó por algo. Si se vive en una ciudad en la cual decir palabras en otro idioma es penalizado, entonces está en nuestras manos no vivir ahí o dejar de decir "ok". ¿Es una locura esa ley? Más locura es vivir en un lugar donde exista esa ley. En lugar de juzgar a todos de locos, debemos pensar que el verdadero loco, o mejor dicho inconsciente es aquel que, a sabiendas de esa ley, sigue viviendo ahí. Y si vive ahí por ser que en todos lados es igual, entonces tiene dos opciones: adaptarse o adaptarse, pero nunca seguir con su costumbre de decir "ok" si sabe que está penalizado. También existe una manera inconsciente de haber actuado de tal manera provocando consecuencias. Esa manera se cree que es cuando no se tenía conocimiento de esa ley. Pues no tener conocimiento de una ley o costumbre de un lugar no hace al penalizado inocente.

El sentido de la vida es resolver los problemas que están a nuestro alcance, o bien, adaptarnos. Adaptarnos no quiere decir aceptar que esas cosas, de ese lugar, ya sean leyes, costumbres o ideologías son correctas y aceptarlas como irrefutables por ser que así lo decidieron un grupo de personas intelectuales o por ser que está escrito en la Constitución hace siglos. Que mucha gente haga algo no indica que sea correcto. Recordemos que han existido leyes de matar personas por el simple hecho de pensar distinto ¡Ay, Dios! Adaptarnos a lo que no depende de nosotros es por ejemplo, usar paraguas cuando llueve o salir. Y si salimos sin paraguas, no andar quejándonos por habernos mojado. Adaptarse es entender dos cosas: lo primero que debemos entender es que no todo lo debemos entender, y entender que esas cosas no dependen de nosotros y muchas veces no es más que la opinión libre de otras personas. Saber que tenemos una capacidad casi infinita es imprescindible. Somos seres metafísico, es decir, más allá de la física, ya que estamos compuestos por cuerpo, queda tiene capacidades muy limitadas y con el paso de los años se van limitando más, y con alma que es un ente que convive en y con cada uno de nosotros y su capacidad es casi infinita. Lo que no podemos lograr con el alma, podemos lograrlo con el cuerpo. Lo que no podemos lograr con el cuerpo, podemos lograrlo con el alma. Lo que no podemos lograr ni con una ni con otra, entonces, no sólo no es problema, sino que no siquiera debemos intentarlo ya que definitivamente caeremos en la desilusión por desesperación o al revés.

El sentido de la vida es resolver únicamente lo que estaba nuestro alcance y tenemos toda esa capacidad cuando realmente es algo que depende de nosotros.

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.