Diario Judío México -  

– ¿Qué le pasó señora Rosa, que hoy llegó tan tarde?

– ¡Ni me hable!, don Esteban. Vengo de practicar.

– ¿Practicar?- don Esteban se sorprendió

– Sí. Digamos que estuve haciendo un ejercicio.

– Que yo sepa, el único ejercicio que usted hace, es con la lengua, y más vale que no se la muerda: ¡el veneno actúa rápido!

– ¡Ay Esteban!- Adela intervino- ¿Por qué tenés que atacar a la señora Rosa cada vez que nos visita? ¡Una mujer tan fina!

– Decir la verdad: ¿Es atacar?

– No discutan- la voz serena de la pacifista señora Sara, tercera integrante de ese triunvirato de ancianos, se dejó escuchar

Pero nadie la escuchó.

– ¡Me queda poco tiempo!- Rosa sentenció

– ¿No tiene algo más novedoso para informar?- Esteban acotó. Y agregó:- ¡A todos nos queda poco tiempo! ¡¿O usted piensa que vamos a ser eternos?!

– ¡No hablo de “esos” temas, hombre! Estoy hablando de Cultura.

– ¿De cultura?- Adela se sorprendió

– Resulta que yo manejo la computadora. Ustedes: Ya sé que no- y continuó- Me llegó información de un concurso y…

Y Esteban no la dejó terminar:

– No sería de uno de belleza, supongo

– ¡Déjese de tonterías! Preste atención.

-¿Prestar? ¡Ya presté demasiadas cosas en mi vida? ¡Acá me tiene sentado, esperando que me las devuelvan!

-¡Basta, don Esteban! ¡Colabore un poco! El tiempo corre.

– El tiempo sí. Usted: hace rato que no. ¡Con su artritis y su edad

la verdadera– ¡No la que declara! ¿Correr?: ¡Imposible!

-¡¿Será posible callar a su marido, señora Adela?!

– Difícil. Siempre fue un hombre difícil, como las matemáticas. Pero en mi época no estaba bien visto el divorcio. Y cuando se puso de moda, ya no valía la pena. ¿Qué íbamos a dividir? El juego de porcelana que ya estaba incompleto, los sillones que ya estaban gastados, las sábanas decoloradas? Y por lo que valía esta propiedad, no podíamos comprar dos. ¿Entonces? Mejor seguir juntos. Como decía mi madre- Dios la tenga en la gloria-: “Siempre hay peores”. Por lo menos “éste” -refiriéndose a Esteban- habla- y agregó: “Señora Rosa: ¿su marido, era de poco hablar ¿no?”

-¡Era mudo!- Esteban gritó- ¡Con una esposa así, ¿qué oportunidad tenía de hablar? ¡Ninguna! Ella era la propietaria de todas las palabras en esa casa. ¿O no?

– Dejemos a los difuntos en paz, y vamos a lo nuestro- Rosa restó importancia al comentario de Esteban

– Tengo que preparar un “sketch” de “humor negro” de tres minutos. Necesito que alguno de ustedes mida el tiempo, mientras yo leo en voz alta lo que escribí. Para eso traje un reloj de arena.

-¿Y sobre qué tema escribió, señora Rosa?- don Esteban preguntó con sorna

– ¡Sobre usted! ¿Sobre quién más, me podría haber inspirado?

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Mirta S. Kweksilber. Escritora. Autora de los libros de Cuentos Cortos: “EL MUNDO QUE FUE” (1988) Relatos de Humor y Nostalgia de Raíz Judía. Editorial Milá, AMIA, ARGENTINA (prólogo de Jaime Barylco) y “TRES PASOS EN EL BOSQUE” (2015) Cuentos de Humor y Memoria de Evocación Judía. Editado por ©® Mirta S. Kweksilber, de “Lápiz para pintar sueños” ©® (prólogo del Periodista y Comunicador uruguayo Jaime Clara) Autora del Himno de las Voluntarias –Damas Rosadas del Hospital de Clínicas del Uruguay- música y letra En 1987 ganadora del Concurso Golda Meir Categoría “Cuento Corto” de la Federación Wizo Uruguay.