El pasado 18 de julio se cumplieron 28 años del atentado contra el Centro de la Comunidad Judía AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) en Buenos Aires, 85 personas perdieron la vida y 300 resultaron heridas. Desafortunadamente los terroristas aún no han sido llevados ante la justicia.

Tras años de investigación, el juez argentino concluyó en el 2007 que Irán estaba detrás del ataque y era el responsable del envío de asesinos. El gobierno de Argentina apeló a Interpol (Organización Internacional de la Policía Criminal) para que emitiera órdenes de detención a un número de sospechosos, y este reclamo fue aprobado por la Asamblea General de Interpol; asimismo, Israel ha condenado a Irán por su responsabilidad en los ataques terroristas en todo el mundo y por financiar, instruir, capacitar y armar a las organizaciones terroristas y por amenazar con borrar a Israel de la faz de la tierra.

El ataque a la AMIA, realizado con una bomba, ha sido catalogado como uno de los mayores atentados terroristas en la de Argentina y el mayor a judíos fuera de Israel.

Luego de dos años de pandemia y homenajes virtuales, la conmemoración se volvió a realizar de forma presencial en las nuevas instalaciones de la AMIA. La edificación original fue destruida.

La comunidad judía en Argentina es una de las más grandes fuera de Israel, con una población de alrededor de 300,000 personas, la más grande de América Latina. En el 2004, el entonces presidente de Argentina, Néstor Kirchner, creó una fiscalía especial para el caso AMIA; como resultado, en el 2006, el fiscal acusó al gobierno de Irán de organizar el crimen y al partido terrorista libanes, Hezbolá, de ejecutarlo. La investigación fue realizada con la ayuda de la inteligencia estadounidense e israelí.

La fiscalía especializada aseguró que había identificado a Ibrahim Hussein Berro, un ciudadano libanés y miembro de Hezbolá, como el autor material del atentado, siendo el conductor suicida del carro bomba; sin embargo, 12 años después, el FBI realizó otro análisis del ADN del cadáver y estableció que no coincidía con esa identificación.

Luego de recibir las acusaciones, el gobierno de Irán negó estar involucrado en el atentado. En Argentina, la justicia de ese país imputó a ocho funcionarios iraníes y a un libanés, emitiendo una alerta roja de Interpol, no obstante, hasta el momento no hay ninguna captura.

Ali Rafsanjani, presidente iraní de ese entonces, también fue acusado en la investigación. Cada año, Argentina pide justicia en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que Therán acepte los hechos y los sospechosos puedan ser interrogados por jueces argentinos.

Es de destacar que en 1992, otro destruyó la embajada de Israel en Buenos Aires, dejando a 29 personas muertas y 200 heridos. Sobre este hecho tampoco se ha hecho justicia.

En este contexto, no se han logrado esclarecer las causas exactas del atentado a la AMIA en 1994; existe la teoría de que Argentina fue seleccionada como blanco del ataque luego de conocerse la decisión del gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán.

El último movimiento de la investigación fue en 2019, cuando la Oficina del Tesoro de EUA acusó al ciudadano colombiano Salman Raouf Salman, presunto miembro de Hezbolá, de ser el coordinador del atentado. La Oficina ofreció una recompensa de siete millones de dólares por información, sin obtener hasta ahora ningún resultado.

Por otra parte, el colmo de la justicia Argentina es que un tribunal de Buenos Aires dictaminó que el expresidente Carlos Menen, fallecido en febrero de 2021, era inocente de la acusación de encubrimiento en la investigación de la AMIA para, supuestamente, evitar que los responsables fueran llevados a la justicia. La Fiscalía le había imputado cargos y pedía para él 4 años de cárcel.

Es de destacar que Menen fue hijo de una pareja de inmigrantes sirios de credo islámico sunita, mantuvo sus vínculos con la colonia árabe-islámica siria, al mismo tiempo de convertirse al catolicismo conforme a la tradición de los políticos de carrera argentinos.

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De nacionalidad mexicana, estudió Economía en el ITAM, logrando además una maestría en la Universidad Hebrea de Jerusalem y diplomados en el Instituto Español de Turismo así como en el Británico. También ha realizado estudios sobre comercio internacional en Holanda.

Pertenece y es reconocido por varios institutos y universidades importantes de México y el extranjero y su incursión en las letras inició en temas económicos y finanzas en el periódico Financiero y la revista ANIERM. Por muchos años ha sido colaborador de "Foro" y asesor de varias compañías. Sobre las materias que domina, sigue dando conferencias en planteles y universidades.