Una de las palabras más misteriosas y potentes de la Biblia figura en Job 38: 1. El pasaje en el que figura dice así: ´´Entonces respondió el Creador a Job desde un torbellino
( haseará ) y dijo: ´´¿Quién es el que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos. Yo te preguntaré y tú me responderás. ¿ Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.

¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿Quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué estaban fundadas sus basas? ¿ O quién puso su piedra angular cuando alababan ( todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?´´ Hoy no parece caber ninguna duda sobre la relación entre haseará , el torbellino, y el nombre Sahara de origen árabe y significado semejante: dispersión de arena o de tierras, tumulto de polvo, etc. Pero como normalmente de suele interpretar esa palabra hebrea como algo producido por una tormenta, por extensión surgió la idea de que Dios es tormentoso o, cuando menos, alguien que habla a través de la meteorología.

Desde el punto de vista de la guematria o su valor numérico, haseará equivale séfer , o sea libro, lo que nos lleva a preguntarnos si acaso existe libro más tormentoso que la Biblia y, dentro de ella, texto más complejo que el de Job. En él y en el citado pasaje el Creador habla como lo haría un arquitecto o un artista, responsabilizándose por todo y cada uno de los fenómenos y entes de la naturaleza. Parece acusar a Job de ignorante, recalcar que le falta aún mucho por conocer para esgrimir la pretensión de desentrañar las causas de su aciago destino. Sin embargo, y si miramos la palabra haseará con la debida calma y atención hallamos en ella la raíz er, despertar.

Lo cual no denota otra realidad que la del carácter difícil, abrupto y a la vez veloz del despertar o la iluminación. Aunque el libro que estamos viendo tenga un carácter moral, que alude a la conducta humana buena o mala, en realidad hay en él pasajes íntegros que escuecen, que muerden nuestro entendimiento del mundo natural. Ya que si hay un alguien, si existe una conciencia superior detrás de todo, Creación y Creador se dan la mano y son responsables la una del otro, lo invisible de lo aparente, el Uno de lo múltiple.

Job podría sentirse apabullado, pero lo imaginamos-si tal cosa fuese posible-, admirando con la boca abierta todo aquello que se le señala: las nubes, el rocío, la lluvia, los relámpagos. Es muy cierto que no los hizo él, más aún: que padece sus cambios y soporta sus mutaciones. Es verdad que Job enfrenta y escucha la palabra de su Creador como quien oye un parte sobre el clima o presta atención a datos astronómicos, hasta que, gradualmente, aparece el pasaje en el cual se insinúa que hay algo grande en su interior.´´¿Quién puso-escribe el pasaje 38:36 –sabiduría en el corazón, o quién dio al espíritu inteligencia? ´´, lo que significa que Job podría llegar a saberlo todo y, de hecho, la evolución del ser humano así lo constata.

El texto original hebreo no dice, empero, corazón sino cubrir, investir, betujot, vocablo que tiene su raíz en batúaj, seguro, certidumbre. De manera que tras toda esa perorata poética y extensa, tras las palabras perturbadoras del Creador-dichas desde una tormenta-, y a pesar de todo eso Job tiene aún la certeza de que si pudiese responder diría una y otra vez Tú,
Tú, así, con mayúsculas. Pues ´´todo lo que hay debajo del cielo es mío´´, acabará confesando el Creador.

Inversamente, podríamos pensar, y si no hay una conciencia rectora, si el universo es un gran absurdo en el que sólo reina la casualidad y lo fortuito, los grandes maestros de la Humanidad se hubiesen callado y no hubiesen siquiera osado esbozar algunas respuestas, la mayoría de ellas útiles para la convivencia y el desarrollo de nuestro ser.

 

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Poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Coronel Pringles, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen hebreo. En 1970 se trasladó a Jerusalén para estudiar Cábala y en 1978 se estableció en Barcelona, donde se licenció en Filología Hispánica. Hoy combina la realización de seminarios sobre Cábala con su profesión de escritor.Incansable viajero, ha recorrido Estados Unidos, buena parte de Sudamérica, Europa e Israel.Publicó su primer libro de poemas, Los cuatro elementos, en la década de los sesenta, obra a la que siguieron Las frutas (1970), Los peces, los pájaros, las flores (1975), Canon de polen (1976) y Sámaras (1981).En 1976 inició la publicación de Planetarium, serie de novelas que por el momento consta de cinco volúmenes: Sol, Luna, Tierra, Marte y Mercurio, intento de obra cosmológica que, a la manera de La divina comedia, capture el espíritu de nuestra época en un vasto friso poético.Sus ensayos más conocidos son El arte de la naturaleza, Umbría lumbre y El ábaco de las especies. Su último libro, Azahar, es una novela-ensayo acerca de la Granada del siglo XIV.Escritor especializado en temas de medio ambiente, ecología y antropología cultural, ofrece artículos en español para revistas y periódicos en España, Sudamérica y América del Norte.Colaborador de DiarioJudio, Integral, Cuerpomente, Más allá y El faro de Vigo, busca ampliar su red de trabajos profesionales. Autor de una veintena de libros e interesado en kábala y religiones comparadas.