Diario Judío México - Durante un tiempo, la gente que viaja con frecuencia en la línea 5 del Metro en la Ciudad de notó algo diferente en uno de los trenes. El color anaranjado, tan característico en las décadas que lleva de funcionar este sistema de transporte, se vio interrumpido por un vagón amarillo que resaltaba entre todo el convoy.

Quien abordaba dicho carro, pasaba por una experiencia que en ninguno de los restantes vagones se podía percibir. Al entrar, la gente era una, pero al salir, tenían ya algo distinto. Esa transformación se debía a que su cerebro había asimilado algo nuevo que quizás ni siquiera pasó por su cabeza hacer ese día.

Habían, además, conocido a una persona que ya no se encuentra en el mundo de los vivos, interactuaron con él, percibieron parte de sus muchos pensamientos. Y todo en un abrir y cerrar de ojos, de puertas, entre estación y estación.

Lo anterior no se trató de una experiencia sobrenatural; tampoco es parte de un cuento, al menos no en el sentido estricto de la palabra. La verdad es que sí pasó y fue debido a una campaña publicitaria de , cuya estrategia se centró en que la gente que viajara en el Metro leyera un cuento completo de Franz Kafka. Y lo logró.

Que se caracterice por su bajo nivel de lectura no es nuevo, pues se estima que el promedio nacional es de sólo 2.7 libros por año. Pero que alguien logre que más de medio millón de personas lea un cuento completo en el transcurso de su vida cotidiana eso sí que es noticia.

Ya otras campañas de esta empresa han llamado la atención y hasta generado controversia en . Desde un espectacular que rezaba “Si la letra con sangre entra, el país ha de estar leyendo mucho” (aludiendo al clima de violencia que impera en ), hasta aprovechar un medio como Twitter para que en pequeños fragmentos se leyera completo ‘El Principito’.

En esta ocasión, tomó un vagón, lo forró de amarillo (su color institucional) y lo alineó con 13 vallas, una por cada estación, para que al momento de detenerse el tren, la gente pudiera leer ‘El Puente’, un cuento de Franz Kafka.

En texto se dividió en igual número de vallas y así al final, quien viajó en el ‘vagón amarillo’ había leído el cuento completo.

Aunque la campaña ya terminó, lo que si demostró es que si hay un lugar inmejorable para leer, ese es el Metro. Tal vez por eso ahora la Secretaría de Educación del Distrito Federal inició un proyecto denominado ‘Poetas en Movimiento’, donde los poemas de los escritores mexicanos Homero Aridjis y Raúl Renán no permanecerán quietos en las páginas de antologías literarias, sino también viajarán a bordo de los vagones para provocar a los usuarios.

De esta forma, los textos poéticos estarán presentes en todas las líneas de este sistema de transporte colectivo en forma de calcomanías y paneles.

Ya en otras ocasiones la se había apoderado de esos espacios, como el programa ‘Para Leer de Boleto en el Metro’, donde tomabas un libro al subir y lo devolvías al bajar.

Si bien el tren subterráneo de la ciudad es una rica e inagotable fuente de experiencias, historias y anécdotas por sí mismo, se puede decir que sus viajeros experimentan algo que en ningún lado podrán hacer. ¿Estás listo para esa transformación?

Lo invitamos a leer sobre Mauricio Achar, fundador de “”, oprima aquí.

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