Alrededor de 1 millón de ciudadanos israelíes viven actualmente fuera de Israel. La migración de israelíes al exterior podría ser dividida, con fines analíticos, en dos grandes períodos migratorios: Desde los días de la declaración de la Independencia y hasta mediados de los años ‘90 y desde los mediados de los ’90 hasta nuestros días.

El primer período se caracterizó por el deseo de los migrantes de mejorar su situación socioeconómica y su calidad de vida. Esas fueron las épocas en las cuales la migración era mal vista y criticada tanto por el público israelí en general como por sus representantes y políticos en particular. La partida de Israel era considerada en términos de deserción, “bguida” o traición a la ideología sionista; misma época en la cual el término despectivo que caracterizaba esta movilidad era el de “yerida” en contraposición a “alyia”—la ascensión a la tierra prometida.

Hacia mediados de los años ’90, el fenómeno global de la migración internacional—una de las características de la vida contemporánea— permeó también en la sociedad israelí, especialmente al interior de aquellos grupos de individuos que por su capacidad laboral o fuerza de trabajo especializada vieron en la migración la posibilidad de desarrollo personal y profesional. La apertura del mercado israelí al mundo, especialmente después del tratado de paz de 1993, fortaleció esta tendencia a migrar. Hacia comienzos del nuevo siglo, las generaciones de jóvenes israelíes desarrollaron habilidades que favorecieron aún más sus posibilidades de migrar, entre ellas la predisposición a la movilidad—a veces a más de un destino—, el uso de los medios tecnológicos y de comunicación y una concepción hedonista e individualista que vino a reemplazar la mirada social y comunitaria que caracterizaron a las primeras generaciones del país. De manera progresiva, la sociedad israelí dejó de ver con ojos inquisitivos la migración de israelíes al exterior –“yerida”, convirtiendo los procesos de “re-alocación” en aceptables o legítimos.

Sería natural suponer que el contexto de recepción e incorporación de la migración israelí estaría dado por las diferentes diásporas judías locales. Sin embargo, uno de los fenómenos más sorprendentes que caracterizan a las comunidades de israelíes en el exterior es la separación entre ellos y las comunidades judías veteranas (Ilani 2008). Las barreras sociales que encuentran los israelíes en sus lugares de residencia constituyen un denominador común reportado en distintas localidades migratorias. Así mismo, los estereotipos y prejuicios que se le atribuyen a la población israelí se reiteran en estudios realizados en diversas latitudes. Es así que tanto en Australia (Porat 2018), Bélgica (Tzadik 2013), Francia y Gran Bretaña (Lev Ari 2013), México (Aizencang 2016) y Canadá (Harris 2009) los israelíes han manifestado dificultades para relacionarse con las comunidades judías del lugar. Ellos establecen contacto con las comunidades judías locales, aunque más específicamente como consumidores particulares de y servicios y no necesariamente como activos miembros participantes en la vida comunitaria (Dimerstein et al., 2017).

Durante varias décadas la población israelí en el exterior actuó en lo que podría denominarse “survival mode” o modo de supervivencia. Sin embargo, los vientos de reforma producidos por los recientes procesos sociales señalan nuevos caminos que buscan sobrepasar los estereotipos y prejuicios e infundir en la población israelí un “long term vision and misión (Mallach 2018). Los israelíes expatriados o la “Quinta Tribu”—como los denominara Reuven Rivlin, presidente del Estado de Israel, constituyen en la actualidad un componente importante al interior de la judeidad global (Jewish Peoplehood); un valioso recurso para el país de origen como así también para las comunidades de la judía. Muchos de los israelíes que escogen de manera voluntaria vivir fuera de las fronteras de Israel se convierten en verdaderos embajadores de buena voluntad, los cuales contribuyen de manera cotidiana a engrandecer la imagen del país, a esclarecer su realidad, a recaudar fondos para instituciones israelíes y a establecer vínculos no solo económicos sino sociales y culturales. Frente a la pérdida de identidad de varias de las diásporas judías en el mundo, los israelíes cuentan con el potencial de jugar un rol creativo, como recurso para mantener la identidad judía, preservar el lenguaje y la cultura.

 

[1] Dra. Perla Aizencang (perzen18@gmail.com)

Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA); Master en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Hebrea de Jerusalem (HUJI); Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Trabaja actualmente temas relacionados con el fenómeno de la migración transnacional, vidas transnacionales e identidades en procesos migratorios.

 

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