Diario Judío México - La etimología conocida de la palabra española vino procede de la latina vinum, y ésta de la griega ονος, aunque se considera que la raíz se encuentra próxima a la palabra sánscrita vana (amor), que también dio origen a las palabras Venus y Venera. Tal relación semántica estaría dada por la antigua creencia en los poderes afrodisíacos del vino. El vino fue tan importante para los griegos que incluso le atribuyeron un origen divino: Dionisios (Baco para los romanos) fue el creador de la planta de la vid haciendo brotar del suelo vino, leche y miel, proliferando la vegetación, simplificando las faenas del hombre; y con el efecto embriagador del vino, el Dios liberó a los hombres de sus preocupaciones.

Rápidamente el vino llegó a constituir un elemento fundamental de la cultura griega; había viñedos por toda Grecia y sus productos vinícolas eran conocidos más allá de sus fronteras, ya que exportaban sus vinos a Egipto y otros países, como la actual Rusia.

En Grecia, los vinos eran aromatizados con especias, miel y resinas; esto era así ya que el vino de la antigüedad no se parecía en sabor a lo que actualmente conocemos, de hecho, la mayoría de las civilizaciones lo bebían mezclado con leche y miel, para “mejorar el sabor”.

La excepción más conocida fue la judía, que por respeto a Dios, bebían el vino (Yayin, en hebreo) al natural, como lo hacemos en la actualidad. Los vinos propios de Grecia eran bien valorados y sobre ellos se escribió mucho en textos poéticos de la época y juntando los fragmentos de su historia, que tiene muchas variantes, se nos dice que el primer Dionisio era hijo de Zeus y Deméter, o -según los órficos-de Zeus y la hija de ambos, Kore. Hera, la esposa de Zeus, furiosa por otra infidelidad de su marido, persuade a los Titanes de dar muerte al niño. Los Titanes se acercan con juguetes, y cuando el niño, de unos dos años, se mira en un espejo, lo matan, lo despedazan, lo cuecen, lo asan y se lo comen. Pero Hermes o Atenea -según distintas fuentes- rescata el corazón del niño y se lo lleva a Zeus, que lo devora para reintegrar así su esencia divina y poder volver a engendrarlo. De acuerdo a los órficos, al enterarse del suceso, Zeus fulmina a los Titanes, y de las cenizas de los Titanes y de Dioniso nace el género humano que tendrá las dos naturalezas: la maligna y brutal de los Titanes, y la divina del dios.

En los cultos dionisiacos el mito resurge bajo una forma llena de pathos y brutalidad, cuando se manifiesta en ellos el despedazamiento del propio dios, la forma de Dioniso Zagreo, y también se revive otra cara del mito en la celebración gozosa y exaltada del Dios triunfante. Las orgías dionisiacas no eran orgías sexuales, a diferencia de lo que se cree; orgía significa simplemente ceremonia sagrada. Aunque durante la decadencia del Imperio Romano se invocara a Baco para justificar los excesos a los que se llegó, todo eso es completamente ajeno al espíritu dionisiaco original. No se trataba de embriagarse sino de entrar en un estado de entusiasmo auténtico, de estar en el dios, de fundirse con su estado.

El elemento de lo secreto y lo oscuro, está en contraposición con los abiertos cultos de Estado. Es decir, los Misterios son esotéricos y no exotéricos, son nocturnos y no solares. Se trata, sin embargo, de una oscuridad que no tiene relación con aspectos tenebrosos ni siniestros. En la mística posterior, tanto de Occidente como de Oriente, se habla de la oscuridad como de un tremendo poder numinoso, como en el Pseudo Dioniso.

Los ritos nos hablan desde muchos lugares, épocas y medios culturales distintos. No está documentado cuál fue el lugar de Dioniso en Creta, si hubo ritos consagrados a él, si las tauromaquias registradas en los frescos, o el símbolo mismo del Minotauro se relacionan con él; pero toda la cultura minoica se afirma en una explosión de vida, de color, de gozo, que tiene un carácter inequívocamente dionisiaco, totalmente distinto de los ritmos apolíneos del arte dórico. También el laberinto es un emblema de Dioniso. Durante mucho tiempo se pensó que el origen de los cultos dionisiacos era Tracia-que es igualmente cuna del Orfismo. De los ritos tracios se menciona que eran celebraciones que se llevaban a cabo de noche, en las montañas, donde los celebrantes dionisiacos, que iban ataviados con pieles, blandiendo un tirso -una larga vara con una piña de pino en la punta-, embriagados con el vino sacramental, realizaban a veces un sacrificio despedazando a un animal consagrado al dios –sparagmós-, que era devorado crudo –omofagia– en un acto también sacramental.

Nacimiento del teatro

La primera noticia que poseemos acerca del teatro griego se localiza en Atenas, dónde se dan por primera vez representaciones teatrales públicas dedicadas al dios Dionisos que era realizado durante la primavera, dedicado a los pensamientos y las emociones evocadas por el fin del invierno y el regreso a la fertilidad de la tierra.

La palabra teatro se deriva del griego Theaomai que significa ver. No se sabe exactamente cómo nació el teatro: antes de su nacimiento ya existían manifestaciones tales como los bailes, las danzas, que constituyen las más remotas formas del arte escénico. Podemos decir que en el siglo VI ya existían representaciones como una parte del festival dedicado al dios Dioniso (dios griego de la florescencia, el vino y los sentimientos incontrolables, para los romanos conocido como Baco) como las danzas córicas en su honor que se manifestaban como desfiles para ser acompañadas por estrofas dedicadas a Dionisio. Entre las fiestas y celebraciones en que se manifestaba la religiosidad de los griegos, hay que contar también los dramas sacros. Algunas de estas ceremonias rituales pudieron alcanzar cierta altura poética que permitiría ver en ellas un primer germen de lo que posteriormente llegó a ser el genero dramático. Son fiestas sacras pero también fiestas populares que ejemplifican esa firme conexión religión/sociedad. A partir de estas fiestas rituales arcaicas surge el teatro griego en sus dos vertientes: tragedia y comedia, que conservan durante largo tiempo su carácter sacro, aun emancipadas de la temática dionisiaca.

En el Ática cobraron gran fuerza los cultos al dios Dionisos y, dentro de ellos una compleja manifestación ritual llamada ditirambo que suponía la recitación de un mito acompañado de alguna acción.

A partir de estas fiestas rituales arcaicas surge el teatro griego en sus dos vertientes: tragedia y comedia, que conservan durante largo tiempo su carácter sacro, aun emancipadas de la temática dionisiaca.

Las tragedias tuvieron su origen en los primitivos cantos que celebraban la muerte y resurrección anual de Dioniso (cuyo nombre en griego significa el dios “nacido dos veces”). Aristóteles presupone que estos cantos se celebraban al pie de la Acrópolis de Atenas.

El desarrollo dramático tiene lugar en tierras áticas, favorecido por Pisístrato. La ciudad y la religión “oficial” asumió este desarrollo: los viejos ritos pasaron a ser fiestas nacionales, sin perder su carácter religioso. Se trataba de actos sacros que tenían lugar en teatros al aire libre.

Características del teatro clásico

En la Grecia de finales del siglo V a.c. el termino “teatro” hacia alusión a una sola de las partes que lo componían; al graderío, es decir, el sitio reservado para los que presencian la obra. Otras partes del edificio eran el pasillo ancho que dividían dos cuerpos el auditorio excavado en semicírculo en el flanco de una colina. La “orquestra” que fue el elemento original del teatro griego, solía tener, en el centro, el altar del Dios Dionisos.

De forma circular, era el lugar donde el Coro danzaba, interpretaba instrumentos y cantaba. Detrás de la orquestra se encontraba la escena, una construcción que servía a la vez de decorado, de bastidores y de camerinos para los actores. Era en el proscenio donde actuaban los actores. Se denominaba “párados” a las puertas de acceso a derecha e izquierda del escenario.

Origen de la tragedia

En Atenas los tiranos fueron los promotores del arte y de la literatura: fundamentaban su poder en las clases populares y organizaban concursos para acercar la cultura al pueblo.

La tragedia surgió de los que entonaban el ditirambo, que era el canto ritual de Dionisos.

Personajes

El actor griego solía llevar como vestimenta: una peluca, una máscara, túnica negra para personajes tristes; colores vivos para personajes importantes, y colores corrientes para personajes del pueblo. Sólo en la tragedia los actores calzaban unos zuecos altos que simbolizaban la superioridad de los personajes (héroes y dioses) que aparecían en el escenario.

Las Máscaras

Se valía de recursos escénicos, de los cuales destacaban las máscaras con que los actores recubrían sus rostros, que además servían para dar mayor volumen a sus voces.

Las máscaras eran distintas en cada una de las manifestaciones dramáticas. En la comedia, a veces, un mismo actor disponía de dos máscaras distintas con las que exteriorizaba sus cambiantes estados de ánimo.

Los actores eran siempre varones, hombres o niños; las mujeres sólo podían asistir como espectadores.

El Coro

La raíz del teatro griego es un coro, y por ello aparece siempre en la tragedia. Pero con el tiempo el Coro pierde importancia, se limita a comentar lo que ocurre en la escena, y a marcar, por medio de cantos corales, la separación entre dos episodios de la obra; este canto del Coro se llama estásimo.

El Mimo

Son obras muy breves y cómicas arrancadas de la vida cotidiana.

La Comedia griega

Su origen es posterior al de la tragedia y al igual que ocurre en la tragedia, es en Atenas donde la comedia alcanza su máximo esplendor.

La comedia posee un elemento ajeno a la tragedia; se trata de la llamada parábasis, que, situada en el centro de la pieza cómica, es una larga tirada de versos muy amplios, en los que el poeta expone tesis suyas, y hace ruegos a los jueces o al pública.

Otros elementos de la comedia son lo obsceno, y el elemento burlesco que culmina a veces en el ataque personal.

La figura más importante de la comedia griega es Aristófanes.

Autores importantes del teatro.

Son tres:

Esquilo: Distribuye la materia del mito heroico en tres partes, y sobre ellas escribe tres tragedias que tratan de tres momentos claves en su materia y acaba con un drama satírico con el propósito de descargar el ambiente de la terrible tensión anterior.

Las tetralogías de Esquilo presentan dos puntos de vista irreconciliables humanamente, que llegan a la situaciones limites de desesperación, pero que al fin encuentra una justificación superior, en el plano divino.

Esquilo expone su teatro en una lengua altamente poética y de gran fuerza expresiva.

Sófocles: Como autor teatral suprimió la forma tetralógica observada por Esquilo, e introdujo un segundo actor en la tragedia.

Sus héroes describen como debería ser el hombre.

Eurípides: Nos presenta a los hombres como realmente son. El teatro de Eurípides desmitifica el dolor, y por eso lo acrecienta. En el teatro de Esquilo se acentúa el “sufrimiento”.

Valoración global de la tragedia griega

Sófocles y Eurípides viven paralelamente, es decir son absolutamente contemporáneos. Los dos autores abarcan la integridad de la vida humana.

La palabra más profunda sobre la tragedia griega la pronunció Aristóteles cuando afirmó que su función principal es la catársis (purificación) por medio del sufrimiento.

El vino ha ocupado siempre un lugar trascendente dentro de varios rituales tanto religiosos como mágicos, y aunque también ha sido motivo de represiones e incluso persecuciones por parte del fanatismo, el vino continúa ocupando un lugar preponderante en la cultura mundial.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorסעפּטעמבער-ליד
Artículo siguienteNo Somos Marranos = Puerkos ! Susyedad !

Realizó varios estudios en Historia Universal, Literatura Universal y Hebrea. Más tarde siendo autodidacta sus conocimientos sobre Historia de Israel se destacaron en producciones escritas, en un principio por medio de artículos en "Foro" a partir de 1993 y posteriormente en la publicación de su libro "Encrucijada".

Ha incursionado también en géneros como poesía, cuento y novela histórica. Desde el 2006 escribe también en la revista "Expresiones" y en 2007 obtuvo el premio APEIM de periodismo.