El martes 23 de marzo se celebraron en las cuartas en dos años, justo cuando el país parece estar presentando el tan esperado descenso en el número de contagios, hospitalizados y fallecidos por coronavirus gracias al rápido y eficiente proceso de vacunación. Las personas confinadas tuvieron oportunidad de votar a través de mecanismos especialmente implementados a ese propósito, pero aún así la afluencia de votantes fue menor que en la elección de hace un año. Y es que la sociedad israelí está fatigada de ir una y otra vez a las urnas para encontrarse poco después con que la aritmética de la repartición de escaños entre los múltiples partidos que contienden no da para conformar una coalición sólida capaz de asumir la tarea de gobernación del país con firmeza y rumbo claro.

El personaje central en este drama es, sin duda, el premier Benjamín Netanyahu como gran figura polarizadora de la opinión pública. Puede afirmarse que el escenario político israelí se divide en dos bloques: los fervientes seguidores del primer ministro, y sus férreos opositores. Entre los primeros están no sólo quienes apoyan al partido Likud, encabezado por el propio Netanyahu, sino también dos partidos religiosos ultraortodoxos que siempre se han visto favorecidos por el aún primer ministro, además de un partido nuevo surgido de las maniobras de Netanyahu y bautizado como Sionistas Religiosos, cuya peculiaridad es estar integrado por militantes de una línea racista, xenófoba, homófoba y mesiánica, que siempre estuvo en los márgenes de la sociedad. Digamos, una especie de Ku Klux Klan local que sorprendió al haber conseguido seis escaños en esta ocasión. La disposición de Netanyahu a promover y acoger esa formación partidista habla mucho de hasta qué extremos es él capaz de llegar, con tal de no perder el poder.

El otro bloque, encabezado por un político centrista de nombre Yair Lapid, está conformado por un abanico de partidos cuyo común denominador es su oposición a que Netanyahu siga al mando del país después de doce años de estar en el cargo, y más aún por estar acusado de varios delitos de corrupción, por los cuales se halla actualmente bajo juicio. Ese abanico es sumamente heterogéneo, pues abarca desde un partido árabe-israelí, hasta otro de derecha nacionalista, pasando por los partidos Laborista y el de orientación sionista de izquierda pacifista, encarnada por el partido Méretz.

, con su parlamento de 120 escaños, tiene por norma que para lograr una coalición capaz de funcionar como gobierno, se necesita contar con mínimo 61 escaños. El Likud de Netanyahu consiguió, en la elección del martes, 30 bancas, y con las obtenidas por sus tres partidos aliados arriba citados suma 52. De tal suerte que ese bloque se ha quedado corto por el faltante que tiene de al menos nueve escaños. ¿Será posible para Netanyahu negociar, presionar, sobornar o recurrir a alguna artimaña adecuada para que alguno de los partidos o diputados electos hoy en el bloque opositor se pasen de su lado y logre la ansiada cifra de 61? Quedan aún varias semanas para saberlo.

Ahora bien, si ello no sucediera, tampoco se prevé que Yair Lapid lo consiga en la medida en que los partidos dentro del bloque opositor son en extremo heterogéneos, tanto ideológica como políticamente. En varios de los casos son como agua y aceite; su único y principal punto en común es su rechazo a que Netanyahu prosiga en el poder. De tal suerte que el panorama parece apuntar a que, de nueva cuenta, dentro de un par de meses y tras varios intentos fallidos de formar una coalición gobernante, se tenga que convocar a una nueva elección para el otoño próximo.

Nunca había vivido una situación como esta, sin presupuesto aprobado desde hace más de dos años y dependiendo de gobiernos de transición con limitaciones para su funcionamiento. ¿Qué es lo que ha llevado a esta extraña situación? La adicción al poder de Netanyahu ha jugado un papel determinante para ello, pero también ha sido de primera importancia su necesidad de no llegar a la cárcel en caso de comprobarse su culpabilidad en los delitos que se le atribuyen. Permanecer lo más que se pueda en el poder le resulta vital aun si el costo de ello es arrastrar al país entero a una elección tras otra, con los graves problemas que eso implica.

Por eso no es descabellado imaginar que si Netanyahu renunciara a la vida y se retirara, los israelíes no tendrían que vivir dentro de esa laberíntica historia sin fin ni salida consistente en repetir, una y otra vez, el ritual de acudir a las urnas para salir siempre de ellas con las manos vacías.

FuenteExcelsior

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Licenciada en Sociología egresada de la UNAM (1980), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana. (1982-1985) Fue docente en la ENEP Acatlán, UNAM durante 10 años (1984-1994). Actualmente es profesora en diversas instituciones educativas privadas, judías y no judías.De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional" tratando asuntos del Oriente Medio.Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior donde trata asuntos internacionales.Es comentarista sobre asuntos del Medio Oriente en medios de comunicación electrónica.Publicaciones:"Los orígenes del sindicalismo ferrocarrilero". Ediciones El Caballito S.A., México, 1982.En coautoría con Golde Cukier, "Panorama del Medio Oriente Contemporáneo". Editorial Nugali, México, 1988.Formó parte del equipo de investigación y redacción del libro documental "Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México en la primera mitad del siglo XX" publicado por la UNAM, Tribuna Israelita y Multibanco Mercantil, México, 1992.Coautora de "Humanismo y cultura judía". Editado por UNAM y Tribuna Israelita. José Gordon, coordinador. México, 1999.Coordinadora editorial de El rostro de la verdad. Testimonios de sobrevivientes del Holocausto en México. Ed. Memoria y Tolerancia, México, 2002.Redactora de la entrada sobre "Antisemitismo en México" en Antisemitism: A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution". Ed. ABC CLIO, Chicago University, 2005."Presencia judía en Iberoamérica", en El judaísmo en Iberoamérica. Edición de Reyes Mate y Ricardo Forster. EIR 06 Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Editorial Trotta. , Madrid, 2007.Artículos diversos en revistas de circulación nacional e internacional.