Si todo marcha según lo planeado, los palestinos estarán celebrando legislativas el próximo 22 de mayo, seguidas por presidenciales el 31 de julio. Estas serían las primeras nacionales que ocurren desde el 2006.

Un reciente informe del Instituto Washington para la del Cercano Oriente (WINEP) observó la cantidad de terroristas convictos que integran la lista electoral del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) y planteó interrogantes a propósito de las consecuencias políticas, presupuestarias y legales asociadas. Los autores, Katherine Bauer y Matthew Levitt, notaron que el Frente Popular para la Liberación de Palestina también ha nombrado candidatos con antecedentes criminales por terrorismo (Ahmed Sadat y Khalida Jarrar) y que la principal facción de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Fatah, tiene a Marwan Barghouti ponderando avanzar con una lista independiente, a pesar de estar encarcelado en Israel cumpliendo varias condenas a cadena perpetua por múltiples asesinatos.

Entre los terroristas convictos que integran la lista de Hamas, Bauer y Levitt destacan a diez de ellos. Aquí muestro a cinco:

-Jamal Muhammad Farah al-Tawil, un alto comandante militar de Hamas en Cisjordania que planeó varios atentados suicidas, incluyendo uno en 2001 en Jerusalén que mató a doce israelíes e hirió a casi doscientos.

-Jamal Abd al-Shamal Abu Hija, condenado a nueve cadenas perpetuas por su participación en una decena de atentados, incluyendo uno en 2001 y otro en 2002 que ocasionaron la muerte a 24 israelíes.

-Muhammad Abu Tir (Abu Musab), quien estuvo más de treinta y siete años en la cárcel por sus actividades terroristas.

-Nahed al-Fakhouri, condenado a veintidós años de prisión por reclutar de terroristas suicidas en Hebrón.

-Khaled Yousef Abdulrahman Saleh Mardawi (Abu Iba), condenado a cadena perpetua en 1992 por matar a un hombre sospechado de colaborar con Israel.

Al parecer, Fatah presentó más de 200 objeciones contra ciertos candidatos de Hamas pero ninguna concernía al accionar terrorista de los nominados. Bauer y Levitt recuerdan que las relaciones entre los palestinos y la comunidad internacional se sustentan en el compromiso palestino con la no-violencia, el reconocimiento de Israel y la aceptación de acuerdos anteriores (en referencia a los Acuerdos de Oslo y subsiguientes). Esto los lleva a preguntarse acerca del impacto político, presupuestario y legal que esta realidad tendrá en las capitales de Europa y en Washington, que en el futuro cercano deberán decidir si avalan o repudian la participación electoral de este movimiento fundamentalista y sus terroristas convictos.

A estas consideraciones cabría agregar una de índole moral, que, a un nivel muy fundamental, nos retrotrae en el tiempo a la génesis misma de los Acuerdos de Oslo en 1993 y a los hechos que desencadenó. Aunque pueda sonar pasado de moda decirlo, una simple mirada a las listas electorales palestinas debiera ilustrar a un observador objetivo a propósito de las raíces causales del fracaso del proceso de paz. Los peligros de negociar con los terroristas de la secular OLP veintiocho años atrás regresan ahora como un bumerán que trae un desafío imposible: o bien legitimar una lista de fundamentalistas islámicos o arriesgar el colapso de las primeras palestinas en quince años.

Otro dilema más de Oslo.