Diario Judío México - ¿Se imaginan ustedes que el yerno de Donald Trump fuera un espía de China durante dos décadas y fuera capaz de transferir al Partido Comunista de China y sus dirigentes los mayores secretos militares de EEUU, incluidos documentos esenciales de la defensa y de la tecnología americana? Pues, algo todavía mucho más decisivo, es lo que hizo el egipcio , el yerno del presidente Nasser, para durante dos décadas. Aunque tal vez, su mayor logro fue proporcionar a la estrategia de batalla y el plan de ataque detallado de las fuerzas armadas de para atravesar el Canal de Suez, y el aviso anticipado del día exacto del comenzó del ataque en la Guerra del Yom Kippur en 1973.

Los buenos escritores y biógrafos del espionaje suelen provenir de la carrera diplomática, como John Le Carré o Morris West, y suelen reutilizar los conocimientos adquiridos en sus trabajos en las embajadas. Este género literario, por otra parte, requiere a menudo, de grandes dosis de información veraz, y del manejo de una amplia documentación, no siempre fácil de conseguir. La gran pregunta que toda biografía o novela de espionaje lleva implícita es, ¿Por qué alguien escoge una profesión tan peligrosa? ¿Por qué un joven egipcio, casado con la hija del mayor héroe de su país, traiciono a su patria en favor de su peor enemigo? Las respuestas que han dado excelentes novelistas y biógrafos son muy decepcionantes y estereotipadas; por dinero, por ego o por ideología. Sin embargo, no hay evidencia científica alguna, que apoye las causas aportadas por biógrafos y escritores, que ignoran la existencia de la serotonina, la dopamina y la oxitocina.

En primer lugar, la traición ha supuesto una ventaja adaptativa en el pasado evolutivo de la especie, que ha influido positivamente en la colonización de nuevos territorios por el homo sapiens. Penny Skipins, Catedrática de Arqueología de los Orígenes Humanos de la Universidad de York, formula la hipótesis de que la rapidísima expansión del homo sapiens por toda la Tierra, hasta colonizar tierras inhóspitas como el Sahara, Siberia, o Alaska, se debió a la traición, que se popularizo entre los grupos de cazadores recolectores, ante los conflictos irresolubles que surgieron cuando un grupo alcanza un determinado tamaño. En ausencia de otros pegamentos sociales, que se desarrollaron posteriormente, a partir del sedentarismo, nuestros antepasados se sirvieron de la traición para resolver problemas de convivencia y como subproducto colonizaron nuevas tierras. En términos biológicos, los pactos o conjuras basados en intereses a largo plazo oscilan, constantemente, al borde del colapso, como lo demuestran las altas tasa de divorcios actuales, que significa que, para nuestro ADN, que todavía piensa que somos cazadores recolectores de la sabana, la traición sigue siendo adaptativa.

Los magos y los ilusionistas saben perfectamente que mirar no es lo mismo que ver, y mucho antes que nos neurocientíficos, sabían que cuando miramos sufrimos la ilusión de que lo vemos todo, cuando en realidad solo controlamos una visión de cono sobre un punto determinado. Los espías y los agentes dobles, descubrieron hace mucho tiempo, que cuando estamos delante de otras personas, somos actores que representamos un papel concreto, que las otras personas escudriñan constantemente en busca de fallos e incoherencias. Los buenos espías demuestran con su supervivencia lo creíble de su actuación. En las últimas décadas los psicólogos sociales, la microsociología y el descubrimiento de las neuronas espejo han dado cobertura científica a las herramientas que venían manejando desde siempre los espías.

Por otra parte, los propios espías suelen caer en la cuenta que las interacciones con otras personas tienen una gran dosis de automatismo, lo que facilita mucho su trabajo y nos hace estructuralmente insinceros. Sin conocer las tesis de SOCIOLOGOS SIN FRONTERAS (Durheim, Gofmman y Collins), los espías se han dado cuenta que es relativamente fácil inventarse un personaje, incluso extranjero, dado que los individuos estando en presencia de otros, actuamos ritualmente, mediante la estandarización de la conducta corporal y vocal. Es decir, que para actuar exitosamente en público solo hay que aprenderse las convenciones rituales del país del que se trate. Para ser un ciudadano normal o un buen espía hay que aprenderse los rituales de la vida cotidiana que sustentan la sociedad de la que se trate. Es como conducir, hay que aprender las reglas de tráfico. Los espías, como los adúlteros, también cumplen a rajatabla otra regla de hierro de la Sociología, que es segmentar los auditorios, y tener actuaciones distintas para públicos diferentes. Es muy probable que, en las pruebas de acceso a la CIA, Mossad o KGB se tenga en cuenta favorablemente conductas previas de adulterio en el historial de los aspirantes.

Otra circunstancia por la que la profesión de espía  no nos debe de parecer tan complicada es porque todos sufrimos el mismo sesgo cognitivo, el “efecto primacía” (Khaneman y Tversky), que implica que lo primero que sabemos de una persona, tiene un impacto decisivo a la hora de juzgarla, y también su hermano gemelo  el “efecto halo”,  que consiste en un sesgo general en el que una impresión general de una persona favorable o desfavorable influye en la deducciones y expectativas futuras acerca de la misma. Así pues, los grandes espías, son personas encantadoras con una personalidad arrolladora como atestiguan los biógrafos de El Ángel, de Eli Cohen o de Anthony Blunt.

Teniendo todo lo anterior en cuenta, y considerando que todo lo que hacemos los seres humanos se puede reducir a un intento de llegar a sentirnos mejor, y que, ya Darwin explico que, Los organismos que responden a las amenazas con más urgencia que a las oportunidades, tienen mayores posibilidades de sobrevivir, ¿Por qué un joven egipcio, casado con la hija del mayor héroe de su país, traiciono a su patria en favor de su peor enemigo?.  La ciencia se ha dado cuenta de que el cerebro está llena de antojos configurados por la selección natural, y no de un deseo genérico de bienestar personal.  Y, como apunta Steven Pinker, a menudo, las personas tienen deseos que subvierten su bienestar próximo, unos deseos que no saben articular y que, junto con la sociedad, pueden intentar extirpar sin éxito. Estos deseos del individuo pueden permanecer ocultos para la sociedad, y para sus seres más cercanos, trazando una línea roja de separación entre el individuo y la sociedad. Esos deseos imposibles de aflorarse, algunas pocas veces cristalizan en Cisnes Negros, para las sociedades que los vieron nacer, ya sea el de Nasser, (), Reino Unido en la Guerra Fría (Anthony Blunt), o en Ramallah (Mosab  Hassan Yousef).

Los mayas y los aztecas inventaron la rueda para los juguetes de los niños, y fueron incapaces de dar el salto de ponerlas en carros para transportar mercancías, esto se llama “intervalo de traslación”, el tiempo (trágico a veces) en que un descubrimiento tarda en llevarse a la práctica. tuvo su “intervalo de traslación” en la Guerra del Yom Kippur en 1973, cuando a pesar de las exactas informaciones de El Ángel, no tomo las medidas oportunas hasta unas horas antes del inicio del ataque de y .  El principal responsable del tiempo perdido, el general Eli Zeira, incapaz de entender ,que lo que no sabemos es más importante que lo que sabemos, se tomó la revancha por su error años más tarde filtrando el nombre de a un periodista  sin escrúpulos,  Ahron Bregman,que tras dar la noticia en Al Ahram Al Arabi,  obligo a Hosni Mubarak a ordenar el asesinato  El Ángel, en junio de 2007,  para evitar la vergüenza de reconocer como uno de los suyos, casado con la hija del mayor héroe de su país, traiciono a su patria en favor de su peor enemigo. Eli Zeira, Ahron Bregman y Hosni Mubarak actuaron por dinero, por ego o por ideología, o por una mezcla de las tres causas.  El Mejor Espía del siglo XX, fue una ocurrencia trascendental de baja probabilidad para los suyos, como los fueron las Diez Plagas. Descanse en paz HaMelech.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

1 COMENTARIO

Deja tu Comentario

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.