¿Saben por qué existen las corridas de ?
Porque el toro, al ser un animal sin razonamiento, como todos los animalitos, no puede quejarse.
Pero ¿Qué pasaría si, por el motivo que fuera, aunque sea de fantasía, los amanecen un día con conciencia y hablan? Ellos no necesitarían más fuerza de la que tienen para darnos unos golpes con sus cuernos y su aplastante musculatura. Es decir, nos aprovechamos de la sinrazón de los animalitos.
Ahora bien, ustedes se preguntarán a qué viene todo esto, ¿acaso soy ecologista? Desde luego que no, Dios me libre de tal aberración. Yo no creo que los humanos le hacemos daño a la ecología a menos que sea a propósito, pero no por el hecho de existir. ¿Entonces, a qué viene tanto cuento del toro enamorado de la luna? A explicar exactamente lo que pasa con los abortos y las que abortan.
¿Qué pasaría si un día, como por arte de magia o lo que fuere, los bebés dentro del vientre materno alcanzan la conciencia y la fuerza necesaria para decidir nacer y abortar a la madre que los está pariendo? ¿Sería considerado un asesinato por parte de los bebés a sus madres, sería considerado femicidio, sería una lucha legal?

Creo que no se necesita decir nada más.
Es más, con el ejemplo ni siquiera debemos saber ciencia para definir cuándo comienza la vida. No importa. Suponiendo que esa conciencia, fuerza y razonamiento de los bebés en el vientre materno sea posible desde el momento de la eyaculación.
No importa que sea fantasía. Lo que verdaderamente importa es que las madres pueden asesinar a sus hijos por aprovecharse de sus fuerzas. Lo mismo harían los bebés si pudieran aprovecharse de sus fuerzas si ésta fuera más poderosa que la de la madre.
Ahora bien, cuando se mata a una mujer se considera femicidio ¿No? ¿Qué pasa cuando una mamá mata a su hija por nacer? ¿Ahí no es femicidio por estar justificado? ¿Acaso podemos, entonces, decir que cada vez que se mata a una mujer, sea como sea, hay que buscar el motivo para justificar tal aberración?

¿Sigo?

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.