Este es el artículo 71 de 72 en la serie Recorriendo la "Nueva" Sefarad

Diario Judío México - Siempre que paso por la calle Eguilaz, me llama la atención un ensanche que hay a la derecha. Allí no queda mucho más que un negocio de lotería y un antiguo centro comercial abandonado. Es la calle Judería. Con este nombre, se conocían a los barrios en los que durante la Edad Media vivía la población Judía de la ciudad. Y en el caso de Jerez, esta es su historia.

La antigua Judería o Aljama de Jerez, se encontraba en la zona de intramuros de la ciudad medieval. Delimitada por un tramo de la muralla comprendido entre la puerta del Real y la de Sevilla.

Estaba separada a su vez, del resto de la ciudad por medio de un serie de muros interiores. Y para acceder, era necesario cruzar una puerta interior, conocida como la puerta de la Judería. Esta puerta debía cerrarse todas las noches, pues aunque los judíos tenían permitido transitar y trabajar por el resto de la villa, al ponerse el sol, debían regresar a su barrio. Y no salir de allí hasta el nuevo día.

Durante el siglo XV, la Judería ocupaba una extensión que comprendía las actuales calles de Huévar, Pocasangre, San Cristóbal, del Muro, Alvar López, Compás de las Monjas y parte de la Tornería. Nada ha quedado de su trazado interior. Posiblemente fuese similar al de otras juderías medievales de Castilla. Con calles irregulares y estrechas que buscaban aprovechar al máximo el espacio y edificios de una o dos plantas. En los que se encontraba un pequeño taller a la entrada, habitaciones particulares en el interior y un pequeño espacio en la parte trasera, usado a modo de pequeño huerto o para criar animales.

La Aljama de Jerez, contaba con dos sinagogas y una casa de acogida, para judíos itinerantes o rescatados de cautiverio. Esta última, construida a partir de un antiguo almacén tras la conquista castellana.

El barrio contaba además con un cementerio propio o fonsario, que se extendía en la parte exterior del muro que alberga la judería. Prolongandose desde la puerta de Sevilla hasta la Puerta del Real y limitando con las tierras de los conventos de Santo Domingo y el de Arcos.

Es complejo datar la antigüedad de la Judería de Jerez. Con casi total seguridad, existió una judería en la ciudad durante la época musulmana, emplazada en el mismo lugar en el que se ubicaría tras la toma castellana. En cualquier caso, la mayor parte de los datos que se han conservado se remontan a la época cristiana.

Tomando este hecho como punto de partida, tras la conquista de Jerez de la Frontera por parte de los castellanos, el rey Alfonso X procedió al repartimiento de la villa en 1266. En este proceso, se delimitó el espacio que iban a ocupar tanto la Judería como su cementerio.

Ya hemos mencionado antes que durante el período musulmán vivieron judíos en la ciudad de Jerez. Pero este grupo, corrió la misma suerte que la población musulmana de la villa. Al resistirse a los castellanos, fueron expulsados y el espacio que dejaron, fue ocupado por colonos traídos por los mismos castellanos.

De esta forma, la mayor parte de judíos que llegan a Jerez en esta etapa, son de origen castellano. Algo que se conoce por sus apellidos. Aunque hay constancia además, de la llegada de algunos judíos procedentes del Algarve.

Así pues, los judíos que llegan a Jerez tras la conquista castellana, recibieron casa y solares dentro de la Judería en el repartimiento de la ciudad. Al menos 93 personas de religión judía, se beneficiaron de dicho reparto.

De sus oficios no mucho se sabe. Posiblemente se tratasen en general de artesanos como carniceros, sastres o ballesteros de los que se tiene constancia. Y en algunos casos, debieron desempeñar empleos relacionados con la Hacienda real y municipal.

Tras todo este proceso, la Aljama de Jerez quedó configurada como una de las juderías medias de la Baja Andalucía.

La coexistencia con la población cristiana, fue un proceso complejo, marcado por una serie de encuentros y desencuentros. Inicialmente los judíos de Jerez contaban con cierta igualdad jurídica y fiscal con la población cristiana. Aunque poseían sus propios jueces para los pleitos entre judíos y debían pagar ciertos impuestos dada su condición de minoría religiosa dentro de la Corona de Castilla.

Parece pues que se trataron de fijar las bases para una coexistencia pacífica. Pero existía un fuerte punto de fricción entre la población cristiana y judía. Era la cuestión de la usura. Actividad tradicionalmente desarrollada por los judíos, fue siempre un menester que gozó de mala reputación. Al tiempo que resultaba necesario, para el desarrollo de muchas actividades.

La mala concepción de esta actividad sumada a una serie de factores, hicieron que a lo largo de estas fechas, se fueran desarrollando un sentimiento popular antijudío, en el Reino de Castilla. Que terminó por tener su reflejo en las más altas esferas. Este fenómeno se propagó por toda y terminó llegando a Jerez.

A finales del siglo XIV, la judería de la villa, fue asaltada y como consecuencia, su sinagoga vieja termina por ser abandonada.  Se trataba de una estructura antigua que ya por estas fechas comenzaba a mostrar un estado ruinoso. Y que prosiguió con su declive, hasta que en 1479, terminó por venirse abajo. Tras el asalto, los judíos pasaron a usar la segunda sinagoga de la Aljama.

El asalto a la judería de Jerez tuvo consecuencias inmediatas. El mismo año de los hechos, se produjo el traspaso de parte de las tierras del cementerio judío al convento de Santo Domingo. El cómo se produce este hecho no está claro. Unos hablan de una venta por parte de la aljama a los dominicos. Mientras que lo más probable es que se tratase de una donación por parte de un grupo de conversos, al convento. Como medio para salvar sus almas y reconociendo la labor evangelizadora de los miembros del convento sobre la comunidad judía.

Surge aquí una figura interesante, el converso. Lo cierto es que en estas fechas, a medida que descendía al población judía iba aumentando el número de conversos. La mayoría seguían viviendo en la judería y mantenían sus costumbres y oficios. A este respecto y gracias a la donación a los Dominicos, podemos saber que la mayoría eran artesanos. Pero hubo también personas vinculadas a oficios más monetarios, como recaudadores y cambistas.

En los años sucesivos a estos hechos, la inestabilidad política reinante en Castilla, así como las medidas concretas tomadas por ciertos monarcas, fueron recrudeciendo aún más la situación de la población judía en el reino. Y por extensión en Jerez.

Así a mediados del siglo XV, el cabildo municipal de Jerez, comenzó a ceder terrenos del cementerio judío para la construcción de viviendas. En una primera reclamación realizada por Symuel Corcos y Yuçef de Paredes en nombre de la Aljama, el cabildo decide capitular y respetar el fonsario judío. Pero en los años sucesivos, la institución municipal continuó cediendo partes del fonsario para la creación de solares. Pese a las quejas de la comunidad judía.

La historia de los judíos de Jerez, llega a su fin a finales del siglo XV. En 1480, las Cortes de Castilla decretaron que los judíos debían vivir apartados de la población cristiana y por lo tanto, debían abandonar sus hogares en las juderías de las ciudades. Pese a esta ordenación, la comunidad judía jerezana logró ganar algo más de tiempo, gracias a una prórroga, que se extendió mucho más de lo acordado. Concretamente hasta 1492, fecha en la que los Reyes Católicos decretaron la expulsión definitiva de los judíos de la Corona de Castilla. Dejando sólo dos alternativas a la comunidad judía jerezana: la conversión o el exílio.

Bibliografía:

González Jiménez, Manuel y Sánchez Herrero, José (dir.) y Barea Rodríguez, Manuel Antonio y Romero Bejarano, Manuel (Coor.); 750 Aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264-2014; Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Jerez. Jerez, 2014.

Félix Bellido, Juan; ¿Por qué lloraron los judíos al abandonar jerez?; Caja San Fernando de Sevilla y Jerez. Jerez de la Frontera, Cádiz, 1993.

Abellán Pérez, Juan; El cementerio judío de Jerez de la Frontera. Ubicación y conatos de incautación durante el reinado de Enrique IV. Revista de Estudio sobre Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales I. Cádiz, 1999.

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