Diario Judío México - Hay costumbres que no cambian a pesar de que el tiempo pasa. Para muchas mujeres
es difícil acudir a eventos sociales cuando no tienen pareja. Muchas sienten
angustia de no tener con quien sentarse, incomodidad, sentimiento de soledad al
estar entre mujeres que acuden acompañadas, miedo a ser vistas como competencia
y temor por anticipado de que no la van a pasar bien. No es que les falte
seguridad, ni que tengan falta de interés, sino que el sentimiento de
incomodidad y de soledad es tal, que prefieren quedarse en sus casas y no salir.
Raquel es una mujer divorciada, muy atractiva, segura, inteligente, simpática y
con muy buen trabajo. Hace unas semanas, su hija, Julieta, le pidió que la
acompañara a varios eventos que tenía por el motivo del matrimonio de su cuñada.
Raquel asistió con gusto a todos los que eran principalmente para las mujeres
como ser la despedida de soltera y otras reuniones. Disfrutó mucho de la
compañía y la alegría de su hija así como del reencuentro con viejas amigas y
conocidas.
El día de la boda, Julieta contaba con que su madre la acompañaría a la
ceremonia religiosa y después a la gran fiesta por motivo del casamiento. Para
su sorpresa, Raquel le dijo que con mucho placer asistiría a la ceremonia pero
no a la recepción. Le explicó que se sentía muy incómoda con la idea de sentarse
en una mesa sola entre parejas o en una mesa con mujeres solteras o divorciadas.
Tampoco tenía ganas de ver a su ex marido acompañado de su nueva esposa y
además, regresarse sola a su casa a altas horas podía ser peligroso.
No hubo argumento ni forma de convencer a Raquel de que fuera a la fiesta.
Julieta se lo rogó y una amiga de Raquel a la cual hacía mucho que no veía, le
pidió que se quedara para que pudieran conversar y ponerse al día. Su yerno le
dijo que le daría mucho gusto que estuviera allí y se ofreció para llevarla de
regreso. Incluso la madre de la novia intentó persuadirla. Todo fue en vano.
Después de la ceremonia Raquel se despidió de su hija y los invitados y regresó
sola a su casa.
Recetas para la vida®
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Sola también se puede vivir
Ingredientes
2 latas de realidad
1 manojo de actitud positiva
2 cucharadas de goce
3 gotas de libertad
1 ramita de tiempo
Condimentos:
Paciencia, flexibilidad y ganas de aprender
Precaución: ¡No se puede esperar a tener pareja para empezar a vivir!
Modo de preparación:
Es importante convivir con la realidad. Esperar a estar en pareja o que los
sueños y los deseos se cumplan para comenzar a vivir, implica la posibilidad
de perder muchas oportunidades para aprender, disfrutar y conocer.
Estar solo también tiene ventajas. Cuando no se tiene un compromiso formal con
otro, se puede aprovechar todas las oportunidades para experimentar, explorar,
dedicar tiempo a los amigos y familiares, hacer trabajo comunitario, mejorar
el carácter, crecer, poder trabajar para superar heridas emocionales del
pasado y para descubrirse a sí mismo.
Cuando uno está satisfecho y contento consigo mismo es más fácil encontrar a
una persona que tenga las mismas cualidades. Cuanto más maduro y más realizado
es uno, sabe mejor lo que busca y mayor son las probabilidades de atraer a
alguien con características similares.
“Es importante hacer que cada minuto cuente. Esperar al momento ideal para
recién comenzar a actuar es desaprovechar oportunidades que no vuelven jamás”.

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Becky Krinsky
Creadora en conjunto con la doctora Iliana Berezovsky de "Recetas Para la VidaTM" un proyecto basado en el concepto de que el sentido común, el hogar, la familia, la vida diaria y el éxito en la vida dependen de la suma de nuestras experiencias para alcanzar la felicidad. Actualmente escribe todos los jueves para el Diario San Diego con su columna Recetas para la VidaTM. También aparece mensualmente en Univision en el programa Despierta San Diego.