Diario Judío México - Estoy en estos momentos disfrutando el sol, aunque el aire está algo frío y con esa sensación friolenta me quedo pensando en los recuerdos cálidos de niña. Cuando no sabíamos más que en la posibilidad de ser alguien especial para alguien. Esos tiempos ya pasaron. Ahora resulta que de tanto leer literatura para hacer una reflexión de mí misma, me doy cuenta de lo ilusa que he sido siempre, creyendo que seguiré siendo importante para alguien, y así no las pasamos todos. Digan si no. Si uno se queda pensando con profundidad esta idea, veremos que quizás por nuestro propio narcisismo, queremos ser comidos o viceversa. Es tanta el hambre y la sed, que mejor nos ocupamos en otras cosas, el trabajo por ejemplo, y hasta la rutina nos ahoga pero al mismo tiempo nos calma. Mejor no pensar. Cuánta soledad existe en cada uno, no somos lo suficientemente honestos con la respuesta, o quizás seguramente para evitar la tortura mejor no lo cuestionamos.

Se trataba de hacer una nota más bioenergética, pero cuando se está en un estado mental de plataforma, las palabras no salen hacia el camino de la luz. De pronto se ha nublado, las nubes acaparan el cielo, y yo dejo de recibir los rayos solares que producen la posibilidad de que mi cuerpo se nutra de la vitamina C. No importa, la densitometría no salió tan mal, tengo huesos para rato, lo que no entiendo muy bien es si tendré el ánimo para que me aguanten, porque no son suficientes para que me logre sostener. No se asusten, no soy tan patética, es que de tantos pasos medidos por mi aparato para medir distancias, creo que al fin encontré la que siempre me marca la vida hacia las relaciones que en apariencia podrían ser una posibilidad para hoy asolearme aunque no arda tanto la piel. Pasan algunas personas, señores que frecuentan estos lugares y que de tantas veces, uno empieza a sentirse en forma familiar con esos rostros que a fuerza de tanta costumbre, uno saluda como para no sentirse tan solo.

Y los niños que juegan, están tranquilos, no saben que quizás mañana estarán escribiendo algo así como yo, renuentes de pensar en lo que la vida pudo darles y que por ningún lado llega, mas siempre se está con esa esperanza y es el sentido de la vida. Continuar, seguir e imaginar que el destino a veces no es tan injusto como solemos pensar. El tiempo ya pasó, hoy habita alguien distinto pero en apariencia la esencia permanece estable, sin la cual no podría dejar de decir las cosas que pienso y que mientras me sirven a mí, probablemente exista alguien ahí afuera, esperando traducir sus incógnitas en estas tímidas palabras de quien no cesa de escribir.

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Perengana es una incógnita, inconcebible acerca de lo que es una mujer del siglo XXI, no sabe lo que quiere, lo que busca, pero ha leído mucho y tiene algunas opiniones que a veces causan risa, otras angustia por lo que describe acerca de la vida y las relaciones. No es optimista ni pesimista ya que no cree en nada, pero tiene la gran ilusión de saber que existe algo muy poderoso que tampoco ha sabido traducir. Ha escrito muchos artículos desde su seudónimo, ese quizás sea su máximo atractivo, porque la imaginación del lector vuela en un ejercicio de auto conocimiento gracias a sus palabras.