Diario Judío México - Durante los más de dos mil años de diáspora las diversas comunidades judías en los confines del planeta desarrollaron formas diferentes de vivir el judaísmo, únicas y diferenciadas unas de las otras, influenciadas por el entorno social, económico, étnico e intelectual de los diversos países.

Costumbres diversas que van desde la vestimenta, pasando por la liturgia, la gastronomía, el vestido, la idiosincrasia, la forma en que se celebran las festividades judías, el idioma y la misma identidad judía. Es así como se puede hablar del judaísmo alemán, sefaradí puro, yemenita, Yiddish, marroquí, mizrahi, etíope, húngaro e iraquí entre otros.

Según el académico Guillermo Bonfil Batalla en “Pensar Nuestra Cultura”, el concepto de identidad colectiva “es considerado como un fenómeno de carácter dinámico, flexible, relacional y procesal; las identidades emergen y varían con el tiempo, son negociables, se retraen, expanden o resurgen según las circunstancias. Este dinamismo no descarta ni se opone a la existencia de un núcleo esencial dentro de la identidad misma, el cual puede perdurar con el tiempo, a la vez que experimentar todo tipo de alteraciones”. Agrega : “la reconstrucción, reelaboración y reconstitución de las identidades implica procesos de adscripción y exclusión mediante los cuales los sujetos sociales crean, seleccionan, desechan o afirman marcas o rasgos de identificación que son reelaborados simbólicamente y que les permiten aglutinarse como unidad en torno a un proyecto determinado”.

En otras palabras “un menú” de opciones con un sólido hilo conductor, pero con suficiente amplitud para acomodar diferentes preferencias.

Del judaísmo alemán, quizás el primero en “laicizarse”, surgen las tendencias conservadora, reformista y ortodoxa moderna y el judaísmo laico mientras que en el mundo yiddish establecido especialmente en el Pale -Polonia, Rusia, - surgen las diversas sectas Jasídicas y Haredim. En España aparece el gran judaísmo sefaradí con sus ricas tradiciones y herencia cultural únicas. En Yemen, comunidad establecida hacia el siglo primero de nuestra era donde se mantuvieron costumbres judías antiquísimas, la lectura de la Tora se hace en hebreo y arameo, los cantos tienen su propia melodía y tradicionalmente los feligreses se sientan en el piso. La celebración de matrimonios tiene diversos elementos yemenitas ausentes en otras comunidades.

En un amplio estudio sobre la identidad judía latinoamericana, la académica Debby Roitman – “Identificadores Judíos y su Manifestación en el judaísmo latinoamericano” menciona que “a finales de la Edad Media y anterior a los cambios producidos a partir de la Revolución francesa, al interior del grupo judío la religión era la marca dominante de la pertenencia colectiva y la identidad grupal. Con la irrupción de la Modernidad y la conformación de esferas sociales diferenciadas, la religión debió compartir con otros referentes y dimensiones su rol histórico. La identidad judía se comienza a disociar en ámbitos como el religioso, étnico, cultural, político y nacional”.

El ejemplo más dramático de lo anterior es la Ilustración, fundada por Moisés Mendelson en Alemania, que también desarrolló expresiones similares contemporáneas en , Inglaterra y Polonia, transformó el judaísmo, lo sacó del Gueto y lo trajo a la modernidad, especialmente en lo referente a las ideas, idiosincrasia, filosofía y forma de vida.

En las comunidades del mundo de hoy los identificadores de pertenencia al judaísmo, según Roitman –Ibid- son: religión, , , tradiciones y conciencia de pueblo. Algunos encontrarán su identidad en sólo uno de los elementos, por ejemplo religión o , mientras que otros podrán hacerlo con los cinco en diferente proporción de importancia.

¿Cuáles serían entonces los elementos de identificación del judaísmo latinoamericano? ¿Existe tal cosa o es diferente Argentina de o de Brasil, por citar sólo a las tres mayores comunidades del contiene? ¿Qué efecto está teniendo la globalización en las características identitarias judías en el mundo y en Latinoamérica en particular? ¿De qué manera la aparición de nuevas identidades supra nacionales como la protección ambiental, la lucha por los derechos humanos y la diversidad pernea la identidad judía? ¿De qué forma se afecta la identidad judía cuando actualmente, contrario a otras épocas, no hay contradicción entre el ser judío y el ser nacional del propio país?

En sus comienzos el judaísmo latinoamericano se construyó con emigraciones de diversos países conformándose comunidades alrededor del país o ciudad de origen, manteniendo las diferencias que existían entre esas comunidades allende las fronteras. Estas comunidades se identificaban inicialmente con la ortodoxia hasta los años 60 en que hubo una fuerte penetración del judaísmo conservador –Roitman, Ibid- convirtiéndose este en mayoría demográfica en varias de las comunidades. La llegada de JABAD en los años 80 demuestra el pluralismo y la tendencia de América Latina a variadas formas de identidad judía.

El sionismo y la identificación con son también una de las características -quizás mayoritarias- de las comunidades judías en América Latina, lo que no necesariamente ocurre en otras comunidades judías del mundo. Las latinoamericanas son además comunidades que mayoritariamente mantienen las tradiciones básicas, representadas especialmente en las festividades, Brit Mila, Bar/Bat mitzva y en las cuales el ocupa un lugar central por tener estas comunidades gran cantidad de sobrevivientes.

Una de las grandes fortalezas del judaísmo en nuestro continente es su estructura institucional. Comunidades que ofrecen una amplia gama de servicios: educación formal e informal, asistencia social, servicios religiosos, sinagogas, deporte, cultura y sionismo, “todo en uno”, es una característica única, casi exclusiva de las comunidades del continente. La existencia de colegios hebreos desplazó en varias partes a la sinagoga como centro de la vida judía dándole a esta un aspecto más laico y secular, incluso dentro de las mismas comunidades oficialmente ortodoxas. En América Latina la mayoría de los miembros de comunidades ortodoxas no lo son.

Las comunidades judías latinoamericanas gozan de un visible y respetado lugar en la sociedad. Su participación activa e integración con organizaciones judías internacionales, basadas en Estados Unidos – Congreso Judío Mundial, American Jewish Committee, Anti-Defamation League- ha generado una unidad y coherencia en la agenda política y proveído a las comunidades de un importante y sólido aliado.

El ha sido un fenómeno marginal y aunque con mayor penetración en algunas sociedades que en otras, no se ha constituido en un factor moldeador de la identidad judía. En casos como Venezuela, que en los últimos años ha experimentado de estado, se ha generado una gran emigración hacia y otros países.

La globalización y la tecnología por otro lado hacen lo suyo. Desdibujan las identidades, fomentan la asimilación y crean un “ciudadano global” donde identidades específicas se diluyen, fenómenos frente a los cuales el judaísmo latinoamericano no es ajeno y que afecta a las nuevas generaciones.

¿Existe un judaísmo latinoamericano? Definitivamente sí. Su legado, cualquiera que este sea lo conoceremos en un par de generaciones.