Se dice que el historiador debe tomar distancia de las consideraciones morales para el ejercicio de su oficio. A pesar del horror del Holocausto, algunos de ellos se han abocado a un punto que parece menor; ¿Quién y donde se tomó la decisión de exterminar a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial?

Hay quienes piensan que ello fue un proceso gradual. Heinrich Himmler, no concebía el asesinato masivo antes de 1941, según lo demuestra su memorando del 25 de mayo de 1940 acerca del tratamiento de los extranjeros en Polonia. Él dice allí que la idea de destruir físicamente a una nación era un concepto bolchevique inaceptable para los alemanes. Más adelante en el tiempo y en la guerra, los documentos demuestran un cambio radical. En su famoso discurso de Poznan del 4 de octubre de 1943 (que está grabado en un disco), habla abiertamente acerca del asesinato de judíos y agrega que esta matanza no debería y no sería conocida jamás.

Para explicar lo inexplicable existen entre los historiadores dos escuelas. Los funcionalistas que racionalizan el genocidio como una cuestión de “puentes quemados” y los intencionalistas, para quienes la decisión de exterminar a los judíos fue tomada desde un principio.

Goetz Aly ( Heidelberg 1947) sostiene que la aniquilación de los hebreos encaja con el intento nazi de reorganizar el mapa étnico de Europa Oriental. Para el historiador alemán, esto resultó consecuencia de la presión del estrato medio de los funcionarios alemanes; los expertos en población, los economistas, y los gobernantes locales. Llegó un momento en que estos no sabían qué hacer con las masas de judíos ahora agrupados en los guetos. Los mismos habían sido establecidos como soluciones puramente provisorias para el problema judío, porque se esperaba que todos ellos fueran sacados del Reich Alemán- y, más tarde de Europa- después de la victoria alemana. Pero la situación provisoria lentamente se transformó en permanente, porque Gran Bretaña no se rindió, y la guerra continuó. Los judíos se convirtieron en una carga económica. Goetz Aly explica que no había un plan global, no había una decisión central de asesinarlos. Para Aly, la inteligencia tecnológica y los burócratas fueron los responsables del asesinato y estaban motivados por consideraciones racionales. Los gobernantes estuvieron de acuerdo con sus recomendaciones y la sociedad alemana aceptó la idea de eliminar a todos aquellos que no se adecuan a sus ideales racistas.

En el otro extremo están los intencionalistas como Eberhard Jäquel, que explican el ascenso de Hitler y del Partido Nazi en términos de una alemana específica. Ellos enfatizan que el motivo principal para el fue la ideología, aunque el modernismo o la burocracia fueron importantes factores adicionales. Incluso Ernest Nolte (1923-2016) ,el ultranacionalista y revisionista historiador alemán, ha dicho que Auschwitz estaba incluido en los principios de la teoría racista nazi como una semilla en la fruta. Saul Friedländer trata de dos tipos de antisemitismo racista. Uno basado en hallazgos pseudocientíficos, cuasi racionales de fines del siglo XIX, como el ámbito de la biología racial, del darwinismo social, y de la teoría del mejoramiento de la raza; y el otro es el antisemitismo redencionista, que sostiene que la lucha contra los judíos debe ser un aspecto dominante de la concepción del mundo. Al juntar las esperanzas y expectativas mesiánicas con las viejas ideas antisemitas cristianas y las perversiones del darwinismo social de la ciencia moderna, el nacionalismo forjó una poderosa herramienta en su lucha por las almas del pueblo alemán. Hitler vio en el judío la personificación del Satán que tenía que ser alejado.

Para el historiador israelí Yehuda Bauer ( 1926) está claro que la explicación debe ser multicausal y que la vieja ruptura entre intencionalistas y funcionalistas es obsoleta. Para Bauer la ideología fue la determinante central del Holocausto, ello a pesar que los perpetradores racionalizaban estas campañas asesinas con consideraciones prácticas tales como la necesidad de encontrar alojamiento para los alemanes,  para llevar a cabo reasentamientos o para deshacerse de bocas superfluas que alimentar.

Bauer le contesta a los funcionalistas:… si el problema del reasentamiento alemán en las fronteras orientales del Reich fue el motivo del asesinato de judíos, ¿por qué los alemanes deportaron a su muerte a los judíos de Corfú y Rodas, o a aquellos de Narvik en Noruega y Bayona en Francia? ¿Por qué quisieron asesinar a los judíos que habían encontrado refugio en Shangai?

Citando a Sarah Bender, dice que de su monografía sobre Bialystok, en un detallado análisis de la relación entre el Judenrat local, encabezado por Efraim Barash, y los funcionarios locales y regionales alemanes, se comprueba de un modo convincente que los funcionarios alemanes locales y los expertos en economía hicieron todo lo que estaba a su alcance para evitar la destrucción del gueto. Sus motivos eran dobles, la ventaja económica de usar el trabajo judío sin paga para producir mercaderías esenciales para los alemanes con un amplio margen de utilidad. Por otro lado uno personal- los sobornos pagados por los judíos y el temor que con la aniquilación del gueto muchos de ellos podrían ser enviados a servir en el frente. Claramente, la decisión del asesinato masivo de judíos en el gueto fue una decisión ideológica tomada en Berlín. Los burócratas medios locales nunca lo hubieran hecho. Una investigación de Misal Unger sobre Lodz  llegó a las mismas conclusiones. 

Agradecimiento: Rabino Historiador Efraim Zadoff.

Bibliografía: Reflexiones sobre el Holocausto. Yehuda Bauer. EDZ Nativ Ediciones. Jerusalén. 2013.

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Nací en Montevideo en 1967. Egresé de la Universidad de la República en 1992 con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.Soy docente universitario en la cátedra de derecho comercial en la Universidad Católica y en la Universidad de la República, en las carreras de contador público y administración de empresas.Desde el 2008 soy columnista de Mensuario Identidad.