Mucho se ha hablado en estos días acerca de la negativa de nuestro presidente a felicitar a por su triunfo en las en . Por más que la sensatez aconsejaba que lo hiciera en bien de las futuras relaciones de con nuestro vecino del norte, AMLO se ha empecinado en mantener su postura a pesar de todos los inconvenientes que ello acarreará a nuestro país. En ese sentido, es interesante observar cómo se han comportado en este tema dos mandatarios que, como el mexicano, cultivaron relaciones estrechas con Trump y, en cierta manera, apostaron a que el republicano conservaría el puesto para los próximos cuatro años. Se trata del primer ministro israelí , y del príncipe de , Mohamed bin Salmán (MBS), quien conduce de facto los destinos de esa nación árabe.

Durante los últimos cuatro años ha sido más que evidente que Netanyahu y Trump fueron aliados estrechísimos, distanciándose el israelí del partido demócrata norteamericano, como nunca antes lo había hecho. Trump lo premió y de paso dejó muy contento a su público evangélico de EU trasladando su embajada a Jerusalén, reconociendo la soberanía israelí sobre los altos del Golán, retirando ayuda y representación diplomática hacia los palestinos, saliéndose del acuerdo nuclear con Irán y manifestando disposición a que se anexara cerca del 30% del territorio de Cisjordania. Esto último no llegó a ocurrir porque lo evitó el que tal intención se convirtiera en moneda de cambio para que Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, y más tarde Sudán, aceptaran normalizar relaciones con el Estado de .

De tal forma que para Netanyahu resultaba profundamente incómodo felicitar a Biden por su triunfo. Tardó doce horas en hacerlo, lapso que quizá utilizó para dar con una fórmula que le permitiera dejar la puerta abierta para recomponer las relaciones con los demócratas norteamericanos y, simultáneamente, no ofender a Trump. La solución fue felicitar a Biden, sin mencionar el término “presidente electo”, y enseguida agradecer en la misma frase a Trump por la amistad y el apoyo recibidos a lo largo de los cuatro años de su gestión.

En pocas palabras, una solución salomónica.

En cuanto al caso de , también la relación Trump-MBS había sido igual de estrecha. De hecho, el Reino árabe fue el primer país visitado por Trump luego de acceder a la presidencia, sin dar jamás importancia a la persistencia de violaciones graves a los derechos humanos en esa nación, a la que nunca le pidió cuentas al respecto. Incluso, en el espinoso asunto del asesinato del periodista saudí-estadunidense Jamal Khashoggi, el cual, de acuerdo a la CIA, fue ordenado por MBS, Trump no ejerció sanción alguna, no obstante el escándalo mayúsculo que se detonó a raíz de tal homicidio. Como escribió el periodista norteamericano Bob Woodward en su libro Rage, Trump llegó a expresarse respecto al príncipe con la frase de “I saved his ass” (le salvé el trasero), ya que finalmente MBS salió bien librado de este asunto.

Todo esto, más la especial relación económica y estratégica entre EU y , hizo natural que la casa reinante se sintiera especialmente cómoda con Trump, apostando por su reelección para evitar enfrentarse con una nueva administración cuya tolerancia hacia muchas de las políticas internas de la monarquía no es de ninguna manera tan amplia como la que disfrutó con Trump al mando. Pero ante la realidad del triunfo de Biden, MBS enfrentó el mismo dilema que nuestro presidente y que Netanyahu. Tardó más de 24 horas en enviar la felicitación, aunque a fin de cuentas optó por actuar pragmáticamente, sabedor de que ante el panorama que se abre, el acomodo es imprescindible.

Lástima que en el caso de no haya habido la cordura y sensatez para enfrentar la realidad y actuar en consecuencia. A regañadientes, más tarde que temprano, Netanyahu y el príncipe saudita felicitaron a Biden, conscientes del costo que se pagaría al no hacerlo.

Desafortunadamente, en el de la 4T el cálculo de costos a pagar por las decisiones que se toman en múltiples áreas, incluida la de la exterior, es una práctica inexistente cuyas consecuencias estamos viendo acumularse día con día.

FuenteExcelsior

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Licenciada en Sociología egresada de la UNAM (1980), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana. (1982-1985) Fue docente en la ENEP Acatlán, UNAM durante 10 años (1984-1994). Actualmente es profesora en diversas instituciones educativas privadas, judías y no judías.De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional" tratando asuntos del Oriente Medio.Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior donde trata asuntos internacionales.Es comentarista sobre asuntos del Medio Oriente en medios de comunicación electrónica.Publicaciones:"Los orígenes del sindicalismo ferrocarrilero". Ediciones El Caballito S.A., México, 1982.En coautoría con Golde Cukier, "Panorama del Medio Oriente Contemporáneo". Editorial Nugali, México, 1988.Formó parte del equipo de investigación y redacción del libro documental "Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México en la primera mitad del siglo XX" publicado por la UNAM, Tribuna Israelita y Multibanco Mercantil, México, 1992.Coautora de "Humanismo y cultura judía". Editado por UNAM y Tribuna Israelita. José Gordon, coordinador. México, 1999.Coordinadora editorial de El rostro de la verdad. Testimonios de sobrevivientes del Holocausto en México. Ed. Memoria y Tolerancia, México, 2002.Redactora de la entrada sobre "Antisemitismo en México" en Antisemitism: A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution". Ed. ABC CLIO, Chicago University, 2005."Presencia judía en Iberoamérica", en El judaísmo en Iberoamérica. Edición de Reyes Mate y Ricardo Forster. EIR 06 Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Editorial Trotta. , Madrid, 2007.Artículos diversos en revistas de circulación nacional e internacional.