Diario Judío México - Fernando Calderón ve la luz primera en Guadalajara, Jalisco, en el año de 1809, un año antes del Movimiento de Independencia, y fallece en Ojocaliente, Zacatecas, en el año de 1845, aproximadamente a dos décadas de la consumación de la Independencia. No es muy conocido; sin embargo es considerado por la crítica uno de los mayores exponentes del Romanticismo mexicano, caracterizado por sus ideas liberales.

Por aquel entonces, la reciente liberada nación del yugo español se vio en la necesidad de defenderse de potencias extranjeras- la norteamericana y la francesa, además de la española esperanzada en recobrar sus antiguos dominios- de ahí la necesidad de, una y otra vez, emplear las armas dentro y fuera del país. Las discrepancias de cómo “gobernar la nave” eran disímbolas. Más de uno bregaba, desde su posición conservadora, por entregar el mando a potencias extranjeras. Así pues ser liberal y romántico y defender la Patria eran sinónimos. Así pues, el eminente José Luis Martínez, en el prólogo a Poesía Romántica, afirma al respecto: “Consumada la Independencia y en vista de que nuevas corrientes políticas invadían a nuestra patria, natural era que fuesen abiertos otros diferentes caminos literarios que habrían de enriquecer nuestra literatura. Un exagerado espíritu de libertad que invadía las almas y una inquietud que resulta al fin en luchas intestinas, hacían del país un campo propicio al desorden y la inseguridad sociales. Después, habrían de agudizarse, durante la interminable contienda entre liberales y conservadores, dando como resultado -pues ya los poetas actuaban decididamente en las lides políticas- que nuestra poesía se adaptara a aquellas formas de pensar, siendo no pocas veces portavoz de las ideas que animaban a los contendiente”.

Posteriormente agrega el prologuista: “Concluida la guerra de Independencia, y agotados los temas que el patriotismo prestaba, la poesía se refugia en un oscuro aliento, más apagado que el anterior, más íntimo, más melancólico” con dos poetas:Calderón y Rodríguez Galván.

A Calderón le toca en suerte pelear contra Santa Anna en Zacatecas. Quizá, en aquellos momentos, o tal vez tras la contienda, elabora en su mente “El soldado en libertad”, poema de su creación, donde afirma:”Sobre un caballo brioso camina un joven guerrero cubierto de duro acero, lleno de bélico ardor; lleva la espada en el cinto, lleva en la cuja la lanza, brilla en su faz la esperanza, en sus ojos, el valor”. Ya en , Fernando Calderón se integra, por ejemplo, como Ignacio Altamirano a la afamada Academia de Letrán, fundada por los hermanos Lacunza en 1836. Tiempo después, se hace discípulo de José María Heredia, poeta cubano, quien durante su estancia en desempeñó varios cargos, invitado por el Gobierno, dejando profunda huella en las Letras Mexicanas. Y como Heredia, quien muere de tisis pulmonar en plena juventud, Calderón fallece a los treinta y seis años. Muertes, ambas, de poetas románticos…Pero antes, este último escribe una comedia, una tragedia y varios poemas, dedicados a la mujer, otro de los temas del Romanticismo, como aquel que dice: “Bella es la flor que en las auras con blando vaivén se mece: bello el iris que aparece después de la tempestad: bella en noche borrascosa una solitaria estrella; pero más que todo es bella la risa de la beldad”.

Entre borrascas, tempestades y flores, el poeta encomia la beldad dada a la risa; por supuesto que, antes de entrar en batalla: las circunstancias lo determinan. Y, atenido a otros temas de corte romántico, Calderón recurre, afirma la crítica, “a historias exóticas para satisfacer la necesidad de su añoranza”. Otro de los grandes temas del Romanticismo.

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