Diario Judío México - En palabras de uno de los árabes más poderosos del siglo 20, el Rey Faisal de Arabia Saudita en una carta a Henry Kissinger en 1973:

“Antes de que el Estado Judío fuera establecido, no existía nada que dañara las buenas relaciones entre árabes y judíos”.

En palabras de Yaser Arafat, el adalid de la “causa palestina” y fundador de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina):

“No estamos en contra de los judíos. Por el contrario, todos somos semitas y hemos vivido uno junto a otro en paz y fraternidad. Musulmanes, judíos y cristianos, durante muchos siglos”.

Cálculos históricos citados por varias fuentes, entre ellas Joan Peters, autora del libro From Time Immemorial, en el cual se basa el presente artículo, calcula que a partir de finales de los años 40: 130,000 judíos huyeron de Irak; 75,000 de Egipto; 30,000 de ; 55,000 de Yemen; 8,000 de Aden; 240,000 de Marruecos; 135,000 de Algeria; 100,000 de Tunisia; 5,000 de Líbano y 38,000 de Libia.

Si las cosas realmente eran como aseguraron Faisal y Arafat, ¿cómo puede ser que cientos de miles de judíos huyeron de los árabes, incluso cuando al hacerlo perdían muchos e incluso a veces todos sus bienes materiales? ¿Por qué los judíos no abandonaron de forma súbita países como Estados Unidos, Inglaterra, Australia, México, Colombia u otros tantos países en donde sí vivían en, en general, en paz e igualdad con sus vecinos?

Propaganda, crueldad y brutalidad árabe

El musulmán es tan antiguo como el Islam y tan cruel como el terrorismo islámico. Millones de judíos fueron sistemáticamente discriminados, oprimidos, maltratados, torturados y encarcelados injustamente durante cientos de años a lo largo y ancho del mundo musulmán y en los países árabes.

Joan Peters cita decenas de fuentes, como por ejemplo el libro The Arabs in History, de Bernard Lewis, que describe cómo el ejército encabezado por el propio Mahoma, fundador del Islam, robó y exterminó a los judíos de Quraiza ante la imposibilidad de convertirlos al islam. Su sucesor, el Califa Omar, promulgó sus propias “Leyes de Nuremberg” hace más de 700 años para regir con dureza la vida del dhimmi –súbditos no musulmanes, esas leyes prohibían a los judíos llorar por sus parientes fallecidos estando cerca de un musulmán; los obligaba a llevar un distintivo amarillo para ser identificados y discriminados; les impedía poseer un caballo; ejercer su libertad de credo en público, entre otras muchas restricciones. 

Peters recopila en su libro una larga cadena de estremecedores testimonios sobre la vida de los dhimmis en el mundo árabe, tanto en épocas pasadas, como recientes. Pero, sobre todo, fuentes históricas que demuestran la terrible crueldad con la que los árabes musulmanes sometieron a los dhimmis judíos, quienes normalmente vivieron hacinados en guetos llamados –hara o mellah– y eran obligados a vender sus mercancías a precios irrisorios; a pagar altísimos tributos especiales; a permitir la humillación por parte de cualquier musulmán sin poder levantar la voz, so pena de muerte. Por ejemplo, apedrear judíos en la calle era “una antigua costumbre” según un doctor árabe citado en el libroJews and Arabs, del historiador S.D. Gotein. En Egipto, los judíos fueron obligados a llevar un becerro dorado colgado del cuello, como estigma, posteriormente éste fue sustituido por un pesado bloque de madera y, ante la negativa judía a convertirse al islam, varios gobernantes árabes, entre ellos el Kalifa al Hakim, simplemente destruyeron el los guetos judíos, como el de El Cairo y mataron a sus residentes. En la década de 1830, el Pasha Egipcio Mehmet Ali, oprimió duramente a los judíos de Palestina; en 1834, se produjeron violaciones de mujeres judías en Jerusalén a manos de las masas de bandidos árabes, además de saqueos y asesinatos en Jerusalén, Hebrón, Safed y en otras ciudades donde vivían los judíos durante miles de años. En 1840, se produjo el Líbelo de Sangre de Damasco, una invención antisemita que sirvió de pretexto a los terroristas árabes para primero destruir, después asesinar y posteriormente maltratar a los sobrevivientes en y más allá. Los turcos que gobernaron Palestina antes que los ingleses prohibieron a los judíos comprar tierras e inmigrar, en ciertas  épocas, las restricciones turcas eran más severas y llegaron a prohibír a súbditos turcos de religión judía viajar si quiera a Palestina. Los turcos preferían que las tierras permanecieran abandonadas y empantanadas, a permitir que judíos las compraran. Los jordanos, en 1954, autorizaron conceder la ciudadanía jordana a cualquier palestino –siempre que no fuera judío-. Hoy, los líderes “árabes palestinos” de toda las diferentes “facciones”, de Arafat, a Abbás a Haniye, coinciden en asegurar que, en un futuro Estado árabe palestino, no habrá ciudadanos judíos.

Abunda la evidencia sobre el adoctrinamiento antisemita en las escuelas del mundo musulmán y sus medios masivos de comunicación, sirva como ejemplo la plétora de documentos audiovisuales actuales utilizados por esas instituciones o los currículos escolares citados por Peters en su libro. p.81. Vistazos a la sociedad árabe. P.117. Un ejercicio: “Israel nació para morir. Pruébalo”, Jordania 1964. Sintáxis básica y deletreo. Un ejercicio: “Debemos expulsar a todos los judíos”, , 1963. Gramática. P.244 Un ejercicio: “Los árabes no deben cesar en el exterminio de Israel”, Egipto, 1965. Incluso hoy la larga cadena de atentados terroristas contra objetivos judíos es otra prueba de ello.

La colaboración árabe a favor del exterminio judío durante la Segunda Guerra Mundial fue proactiva. Sirva como ejemplo la presión ejercida por Haj Amin el Husseini, líder árabe, sobre el   Ministro de Exteriores de Hungría en junio de 1943, en donde Husseini “logró” que 900 niños judíos fueran enviados al exterminio en Polonia en lugar de permitir que huyeran hacia Palestina. El compromiso de Husseini ante Hitler de colaborar en el exterminio judío en los países árabes y los pogromos antijudíos en Palestina pagados con dinero nazi -especialmente los mortales ataques antisemitas de 1936-. Henrich Himmler, líder de las SS, envió en noviembre de 1943 una carta de “felicitación” a Husseini por sus esfuerzos en lograr la “victoria” contra los judíos reafirmando la “alianza natural” entre el partido nazi y “los musulmanes amantes de la libertad”.

Para 1948, los ataques terroristas, los asesinatos y pogromos árabes antijudíos, provocaron la práctica destrucción de comunidades judías milenarias en el 75% del territorio de Judea y Samaria, especialmente la comunidad de Hebrón, describe Peters en From Time Immemorial. 

Después del , los árabes continuaron con la apología del y ello continúa hasta el día de hoy. Sirva como ejemplo como en 1950, el ministro egipcio Anwar Sadat escribió una carta abierta a Hitler transmitiendo su deseo porque siguiera vivo y simpatizando con su causa -la de aniquilar a los judíos-.

No es una casualidad que los judíos huyeran en masa de Irak, Egipto, Yemen, Algeria, Libia, Tunisia,  y otros países árabes cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo. Claro está, no sin antes ser expropiados o directamente robados, una vez más, por los “tolerantes” y “moderados” gobernantes árabes.

Nunca las Naciones Unidas establecieron una agencia para los refugiados judíos, ni reclamaron reparaciones por los bienes que les fueron robados y expropiados, ni prestaron ayuda especial para aceptarlos en sus países como refugiados. Se calcula que más de 800,00 judíos huyeron de la opresión árabe casi de la noche a la mañana, a partir de finales de los años 40. En opinión del autor, la injusticia practicada contra los refugiados judíos del mundo árabe y de todo el mundo en general, resulta una vergüenza al movimiento de derechos humanos internacional.

Por lo anterior, elimine el lector la ilusión de que los “árabes palestinos”, el movimiento BDS y otros movimientos “antisionistas” sólo rechazan las políticas del Estado de Israel -especialmente en el mundo musulmán-. Toda la amalgama de organizaciones musulmanas anti-sionistas persiguen el mismo objetivo que durante los años 40 persiguió el muftismo y el , en esta ocasión bajo el disfraz del anti-. A saber, la discriminación, la opresión y el maltrato de los judíos dentro y fuera de Israel y, ciertas “facciones”, incluso promueven la aniquilación de los judíos.


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1 COMENTARIO

  1. Esta información es una que ha sido poco difundida en el mundo gentil y tristemente esta circunstancia a contagiado también a las comunidades judías de los Yishuv de todo el mundo. Debemos de ser nosotros mismos, como judíos, los primeros en conocer y reconocer dicha información, de una manera tan certera y firme cómo conocemos la información del Holocausto. Si nosotros mismos reconocemos el sufrimiento que vivió el judío arabe que lo obligo a salir huyendo de los paises y somos afines con esto, entonces podremos reclamar al mundo su ignorancia e indiferencia por esta información. Pero si nosotros mismos somos indiferentes de la misma, no podemos tener autoridad moral para exigir que el resto del mundo la reconozca y luche contra ella.

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