El conflicto que ha vuelto a desatarse entre Hamas e Israel se veía venir ante los constantes ataques de los milicianos disparando cohetes kassam contra territorios de Israel, aún durante la tregua de seis meses que nunca fue respetada por los propios líderes de Hamas.

Israel ha tenido que responder. Y lo ha hecho con contundencia. Ha destruido prácticamente edificios de la policía y de las milicias de Hamas, depósitos y túneles por los que se introducía en Gaza las armas. Por supuesto que han habido víctimas civiles. Porque muchos de los arsenales están en sótanos de casas de miembros y líderes de Hamas, puesto que todo el terrorismo islamista se arropa en lugares civiles, cuyas muertes para ellos son una bandera. Para quien vea un mapa de las operaciones realizadas, sabe que el esfuerzo de las fuerzas israelíes por evitar víctimas civiles palestinas es contrario a lo habitual de los terroristas de Hamas por asesinar al mayor número de civiles israelíes.

Tropas aéreas y navales de Israel se vieron empujadas a atacar, en previsión de futuros y más graves ataques. Los bombardeos han sido dirigidos a docenas de objetivos en la Franja de Gaza, entre ellas, edificios del gobierno de Haniye, un campo de entrenamiento del movimiento islamista, un vehículo cargado de misiles Grad de manufactura iraní, de mayor alcance, así como lanzaderas de cohetes y una fábrica de armas.

En realidad, el propio ejército judío no quería esta guerra; sabía que podía ser sangrienta puesto que Hamas ya se había preparado para atacar. Después de un detallado análisis se procedió al ataque preventivo con los resultados ya conocidos. Por su parte un Hamas cada vez más arrogante y extremadamente bien armado confiaba en que se acordaría una tregua sólo a cambio de nuevas concesiones de Egipto e Israel. Sin embargo, la actitud de las fuerzas de Hamas ha demostrado ser un peligroso ejercicio de política suicida, porque un conflicto de baja intensidad puede degenerar fácilmente en una auténtica llamarada y una larga nueva guerra.

En Gaza gobierna una facción palestina que no da señales de moderar su política de abandonar el terror y de sumarse a los esfuerzos que han hecho tanto el Gobierno de Israel como la Autoridad Nacional Palestina, con sede en Ramala, para sobreponerse a las mayores diferencias y arribar a un acuerdo. Y es que Hamas, como autoridad, debe ser juzgado por su capacidad de proporcionar seguridad y un gobierno democrático a la población de Gaza, pero se ha demostrado que como movimiento, es incapaz de traicionar su empeño implacable de negar la existencia del Estado de Israel y su propósito de luchar hasta su destrucción, como lo ha venido reiterando constantemente.

La actitud de Hamas a través de sus continuos ataques contra territorios israelíes e indefensos ciudadanos, y las continuas provocaciones que degeneraron fácilmente en una auténtica llamarada, tal como ha ocurrido, en que la contención exhibida hasta el momento por los israelíes se volvió políticamente insostenible y tuvo que adelantarse a los planes de la yihad islámica en la Franja de Gaza.

El Ejército de Israel ha seguido de cerca los movimientos en Cisjordania y la frontera norte, donde temía que la milicia chií de Hezbolá colaborase con los palestinos refugiados en Líbano, para lanzar por ese frente un ataque sorpresa en solidaridad con Hamas. Lo que en realidad han querido sus líderes es implantar en Gaza el modelo de Hezbolá, donde una guerrilla teledirigida desde Teherán constituye un elemento de inestabilidad a pesar de las numerosas intervenciones de Naciones Unidas.

Israel conoce y ha seguido muy de cerca dichos movimientos militares, de ahí que se haya visto en la necesidad de defender la integridad de sus fronteras y de sus ciudadanos.

Fe de erratas: Por omisión involuntaria, omitimos el nombre de Rosi Calderón, cuya fotografía publicamos en pág. 49 del mes de diciembre/08

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