Diario Judío México - No creo que haya sido contra todo pronóstico; sin embargo, causó sorpresa el anuncio ya anticipado por el Presidente de un acuerdo entre la CFE y la mayoría de las empresas constructoras de gasoductos, que habían entrado en un peligroso camino de negociación en donde se habían lanzado desde amenazas de litigio internacional hasta de intervención directa de los gobiernos de origen.

Pero se alcanzó el acuerdo e incluso este fue impulsado y sancionado por el Consejo Coordinador Empresarial y el hombre de negocios con mayor peso en , en el Continente y uno de los más prósperos del planeta. Todos juntos, en una inédita conferencia de prensa madrugadora, explicaron públicamente los trazos generales de un arreglo que se creía improbable hasta hace apenas unas semanas.

El peligro no era menor, el riesgo de acudir a un arbitraje global llevaba consigo grandes posibilidades de derrota y una pérdida de confianza enorme para el gobierno en turno, a tal grado que el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, lo mencionó como uno de los motivos de su renuncia.

Por eso la imagen (que en política y en economía cuentan mucho) de los empresarios, el empresario, el líder de los empresarios y varios funcionarios públicos que seguramente intervinieron en el pacto, lanzó una señal de inesperada seguridad y de un sentido práctico del tiempo y las formas que ayudan a construir una idea de gobierno.

De paso, también conjuró la crisis momentánea de la salida del primer secretario de Hacienda y sus pronósticos sobre este delicado tema. Que se conociera la existencia de mil 600 proyectos de inversión mixta y de un Programa Nacional de Infraestructura a cargo de la iniciativa privada nacional, no perjudicó.

Aparte de la lectura de unidad entre el poder político y el poder económico (que sirvió de crítica por parte de sus adversarios), el Presidente usó el escenario para quebrar varios de los mitos, y de las realidades, que persiguen a todo gobierno: el crecimiento no es tan importante como el desarrollo, los empresarios invierten cuando hay demanda y no sólo cuando hay confianza, el país tiene potencial, pero sin corrupción e impunidad, y la declaración de que existen más coincidencias que diferencias entre el sector privado y el público.

Así lo recibieron los mercados y creo que nosotros los ciudadanos deberíamos hacer lo mismo. Más cuando el entorno comercial mundial seguirá siendo incierto por varios meses y el proceso electoral en hará aún más complejos los acuerdos con China, a lo que se le sumará el inicio de una posible recesión.

El tiempo dirá si el golpe de efecto tiene oportunidad de convertirse en política pública, pero, por el momento, la apuesta del gobierno y de los principales capitales es por el mercado interno, la infraestructura y la atención de la demanda que generará el dinero que llegará vía programas sociales y remesas a los hogares mexicanos. Ojalá aprovechemos el momento.

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