El yihadismo es un tipo de guerra total: el terrorismo –las bombas, los ataques suicidas, los secuestros, las degollinas– es sólo uno de sus instrumentos. Más allá de éste hay otros, entre los que destaca la propaganda. Primero, la ejercida sobre las sociedades musulmanas, para radicalizarlas, por un lado, y hacerlas dóciles por otro. Segundo, la ejercida sobre las sociedades no musulmanas, para introducir poco a poco prácticas que con el tiempo acaban convirtiéndose en obligatorias. Así es como el islamismo se está extendiendo por países africanos y asiáticos, entre bombas y propaganda.

En el caso de las sociedades occidentales, las libertades públicas constituyen un magnífico caldo de cultivo para el islamismo y el fundamentalismo. A favor de las leyes, o aprovechando sus resquicios, se asientan prácticas que atentan profundamente contra el estado de derecho y contra sus principios antropológicos y cívicos fundamentales: es el caso del burka, aberración inhumana que es la negación misma de la sociabilidad humana, al menos tal y como se entiende en Occidente. Que la ministro Aído diga que prohibirlo no tiene sentido porque hay pocos casos en España es como decir que no hay que perseguir las violaciones porque no son muchas las mujeres violadas. Pero además está el hecho de que en toda sociedad islamizada, el burka era al principio minoritario, nadie hizo nada por erradicarlo y al final se hizo obligatorio para todos.

Para lo cual la propaganda juega un papel fundamental. A veces llamativo, como ocurre con dos casos recientes. El primer caso es el de la construcción de la megamezquita junto a los restos del World Trade Center. Pagada con dinero saudí, está destinada a propagar el wahabismo sobre los cadáveres de 3000 personas –ateos, musulmanes, católicos, evangelistas, musulmanes, hindúes– asesinadas por esa misma ideología wahabista el 11-S. La construcción del centro es una muestra de fortaleza y de orgullo ante el gigante americano. El nombre, la “Iniciativa Córdoba”, deja poco lugar a la duda.

El islamismo utiliza el término “Córdoba” en sentido reivindicador y expansionista: el mitificado califato ibérico, que asentó su mezquita sobre la profanada y destruida iglesia de san Vicente, recuerda el anhelo islamista en conquistar de nuevo España u otros territorios. Córdoba representa la gloria máxima del islamismo conquistador, sometiendo otras tierras. Lo cual a nosotros nos parecerá ridículo, pero no es esa la cuestión, sino lo que les parece a ellos y lo que están ellos dispuestos a hacer por defender esa idea.

De ahí lo peligroso de la puesta en marcha en Tres Cantos (Madrid), de un canal islamista llamado precisamente “Córdoba”, cuya finalidad es la defensa del islamismo y de su carácter expansionista y agresivo, por España, Marruecos e Hispanoamérica. Más vale no engañarse: no existe en el mundo una sola emisora árabe que se considere a sí misma musulmana, que no justifique, disculpe e incluso defienda el terrorismo. Ni una. Y siempre con Arabia Saudí detrás: el jeque Al Fawzan, promotor de la televisión islamista española, pasa por ser uno de los más importantes representantes del wahabismo radical y violento, y aquí se incluye: primero, la defensa que realiza de la instauración de la Sharía en los países árabes; segundo, la visión demonizadora de los Estados Unidos, Israel y Occidente en general; tercero, la defensa del terrorismo en Líbano, Irak y Afganistán, donde por cierto la ideología por él defendida se ha llevado por delante la vida de no pocos españoles.

Y sobre todo, la defensa de Al-Andalus como territorio islámico, y por tanto tierra de conquista para el islam. Como en el caso de Manhattan, la denominación de “Córdoba” para la nueva televisión no es casual ni inocente: muestra a las claras las intenciones del islamismo para nuestro país. Lo peor es que ni siquiera se ve en la necesidad de disimular, pues encuentra territorio abonado en mitos como el de la convivencia de culturas pasadas o el multiculturalismo presente. Ya están aquí. Han venido para quedarse.

Fuente: GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

FuenteGEES, Grupo de Estudios Estratégicos

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