Hace un par de años recuerdo haber visto un contraste increíble en YouTube. Una tortuga laúd muy grande y muy vieja (que está en la lista de especies en peligro de extinción) había sido atrapada en la red de un pescador de la costa de Gaza. La hermosa criatura fue llevada a la costa y rodeada por una gran multitud de habitantes de Gaza. Uno de los hombres en la multitud le explicó al periodista cómo la carne de la tortuga alimentaría a los niños de Gaza, que estaban sufriendo debido a la ocupación israelí, y la sangre ayudaría a curar diversas enfermedades. La tortuga fue arrastrada detrás de un camión, volcada sobre su espalda y luego sacrificada.

Más arriba, en la costa mediterránea de Israel, una tortuga de mar mucho más joven y más pequeña había sido herida por un barco y perdió uno de sus miembros. La tortuga fue rescatada por algunos israelíes y llevada a un refugio de tortugas especial donde fue operada, alimentada hasta recobrar la salud y luego liberada de nuevo al mar.

El contraste no podía ser más extremo.

Cuando me enteré del inminente intercambio de Gilad Shalit por más de un millar de presos palestinos, muchos de ellos con “sangre en sus manos”, me acordé de esas dos tortugas.

Para mí esas dos tortugas representaban un microcosmos de los valores de y del pueblo judío versus los de los enemigos que nos rodean.

En el verano de 2006, después de que se había retirado de Gaza, Gilad Shalit fue secuestrado, por terroristas de Hamas, de un tanque israelí que vigilaba la frontera de con Gaza. Los terroristas habían hecho un túnel por debajo de la valla de seguridad y, después de matar a los otros miembros de la tripulación, arrastraron a Shalit de vuelta a Gaza. En violación del derecho internacional, a nadie se le permitió entrar en contacto con él, ni siquiera a la Cruz Roja.

tiene miles de prisioneros de seguridad palestinos. Todos son tratados humanamente según el derecho internacional. Tienen el derecho a representación legal, visitas de la familia y de la Cruz Roja e, incluso, oportunidades de educación mientras están en prisión.

El contraste más llamativo es la actitud de las dos partes en relación a la liberación de estos cautivos. El gobierno israelí ha trabajado incansablemente por la liberación de Gilad. Tan importante es la vida de un soldado, que el gobierno de está a punto de repetir lo que ha hecho muchas veces antes: embarcarse en intercambios de prisioneros polémicos y asimétricos, con el fin de liberar a unos pocos o incluso a un prisionero israelí. Estos intercambios han demostrado ser muy problemáticos; cientos de israelíes han resultado muertos o heridos por terroristas que fueron liberados en uno de estos intercambios y luego regresaron al terrorismo. Controversia a un lado, la preocupación por la vida de un soldado es un poderoso testimonio de la humanidad y la fuerza moral de y de la profunda preocupación que el siempre ha tenido por el valor de la vida, un valor que el pueblo judío le enseñó al mundo.

El contraste con los adversarios de en no podría ser más extremo. La primera pregunta que la comunidad internacional realmente debería formular es ¿Por qué el mundo árabe tienen tan poco respeto por su propia gente, que piensa que la vida de un judío vale más que la de mil árabes? ¿No son estos intercambios, por lo general, un trato de uno por uno? Tal vez no debería sorprendernos. Estas son las personas que trajeron al mundo secuestros y atentados suicidas, que crían a sus hijos para querer ser mártires y que disparan cohetes desde escuelas y hospitales. Han demostrado, una y otra vez, que la vida humana, incluso la vida de su propio pueblo, tiene muy poco valor.

La ex Primer Ministro Golda Meir dijo una vez: “Sólo tendremos paz con los árabes cuando ellos amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”. Desgraciadamente, el mundo árabe parece moverse cada vez más lejos de este objetivo y la verdadera paz aún parece un sueño lejano.

Pero no terminemos con una nota negativa. El pueblo judío está a punto de celebrar la festividad de Sucot. Un tema principal de Sucot es la alegría, el apreciar la belleza y la maravilla de la creación de Dios y centrarse en el carácter especial y la misión única del pueblo judío.

Al celebrar Sucot este año, seamos conscientes de que, a pesar de que el pueblo judío e enfrentan muchos peligros y desafíos, hay mucho de qué disfrutar. Tengamos un placer especial en los valores que nosotros, el pueblo judío, no sólo hemos enseñado al mundo, sino con los que hemos vivido durante siglos, a pesar de soportar grandes dificultades en manos de las naciones del mundo.

A pesar de vivir en el más áspero “vecindario” del mundo, rodeados de hostilidad, guerra y terrorismo, los judíos de no sólo han mantenido su dignidad, sino que han creado un país próspero, productivo, libre, democrático y tecnológicamente avanzado, que es verdaderamente un testimonio del poder y de la humanidad del pueblo judío, del espíritu judío y de la fe judía.

Para los padres de Shalit y otros que han trabajado tan incansablemente durante estos más de 1900 días para asegurar su liberación, el nivel de alegría en este momento es inconmensurable. Sí, el acuerdo es controvertido, las personas razonables tienen razones para oponerse. Cualquiera que sean, demos gracias por el júbilo de un muchacho judío que se reúne con su familia y con su pueblo.

Fuente: aish.com
Traducido para
porisrael.org por José Blumenfeld
Difusión: www.porisrael.org

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