Diario Judío México - Fue la primera mujer en y tercera en el mundo en asumir tan alto cargo. Antes de ser jefa de Gobierno fue embajadora en la Unión Soviética, ministra de Trabajo, ministra de Interior y ministra de Relaciones Exteriores. Su carácter intransigente y su estilo de liderazgo le valieron el apodo de “Dama de Hierro”.

Era hija de un modesto carpintero judío de la parte occidental del Imperio ruso, que emigró a en 1906, como muchos judíos ashkenazies que huían de la marginación y de las persecuciones que sufrían los judíos en oriental a principios de siglo. Ya establecida la familia en Milwaukee, Golda fue maestra y se casó en 1917 con Morris Myerson que más tarde hebraizó su apellido como Meir.

Desde la adolescencia adhirió al movimiento sionista que buscaba el establecimiento de un Estado independiente para los judíos. Perteneció a la corriente socialista; en coherencia con sus ideales, Golda y su marido se trasladaron en el año 1921 a vivir y a trabajar como colonos agrícolas en el kibutz Merhavia en Palestina, entonces bajo mandato británico. Al poco tiempo pasaron a Tel Aviv, donde Golda empezó a ocupar puestos de responsabilidad en el movimiento obrero judío, la “Histadrut”. Dirigió su rama femenina y en 1934 fue elegida secretaria general, convirtiéndose en una de las principales colaboradoras de Ben-Gurión al frente del partido obrero “Mapai”.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando se agudizó la presión sionista para exigir el retiro de los británicos de la Tierra de , Golda ejerció transitoriamente como presidenta de la Agencia Judía que servía como gobierno en la sombra del “Yshuv”, la comunidad judía, ya que la mayoría de los dirigentes estaban detenidos por las autoridades inglesas. Desde aquel cargo colaboró eficazmente en el proceso que culminó con la creación del Estado de en 1948 y fue una de las firmantes de la declaración de independencia.

Con el nacimiento del Estado de , fue embajadora del nuevo Estado en la Unión Soviética, intentando que las autoridades comunistas suavizaran el trato a la comunidad judía y dejaran de poner trabas a la emigración hacia . En 1949 pasó a ocupar el cargo de ministra de Trabajo y Seguridad Social, cargo en el que demostró una gran eficacia en la construcción del Estado de Bienestar israelí y la integración laboral y social de las masas de inmigrantes que afluían al país. Luego pasó a ocupar la cartera de Asuntos Exteriores, 1956-66, desde la cual desplegó una gran actividad para lograr el reconocimiento y el apoyo al Estado de por los nuevos países independientes que estaban surgiendo de la descolonización africana. En 1969 pasó a ocupar el cargo de Primer Ministro tras la muerte de Levy Eshkol, cargo que luego fue respaldado por una holgada mayoría en las elecciones de aquel mismo año. En 1973 tuvo que hacer frente a la guerra de Yom Kipur: las fallas en el desarrollo de la guerra y la imprevisión de los servicios secretos israelíes desacreditó a la Primera Ministra y provocaron su caída en 1974.

Profundamente dolida por las acusaciones, Golda Meir se retiró al kibutz Revivim, a la casa de su hija Sara, en donde pasó sus últimos años, hasta que el cáncer la venció. Falleció el 8 de diciembre de 1978 a la edad de 80 años. Cuatro días después fue sepultada en el panteón de los “Grandes de la Patria”, en el Monte Hertzl, en Jerusalén. El mundo judío y la comunidad internacional la recuerdan como una dirigente carismática y singular, una mujer visceral, capaz de sintetizar la más compleja de las situaciones en una frase sencilla y proverbial. Su gran valor residió en guiar al país por el sendero del sacrificio. Lideró con lealtad hacia los más profundos valores del sionismo y de la democracia social, y con la determinación de defender los intereses de y del pueblo judío en todos los foros internacionales.

Son célebres sus frases y citas que son rememoradas con el paso del tiempo, he aquí algunas de las más recordadas:
“La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”

En respuesta a la observación del papa Pablo VI, quien comentó que los judíos habiendo sido un pueblo tan dócil y pacífico a lo largo de la historia, sea tan firme y decidido desde que tiene su propio país, dijo: “Su Santidad, cuando fuimos compasivos y débiles y no tuvimos nuestro propio lugar donde vivir, nos condujeron a las cámaras de gas”

“Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. Pero nunca les vamos a perdonar el hacernos matar a los suyos.”

Ante la confesión del ex-Secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, de sentirse primero americano, luego Secretario de Estado, y tercero judío, ella le contestó, “En , leemos de derecha a izquierda”

Aludiendo a Moisés, “Nos arrastró 40 años por el desierto para traernos al único lugar en todo el Medio Oriente donde no hay petróleo”

Al preguntársele si no se sentía menoscabada por ser la única mujer entre todos los hombres del gabinete, contestó: “No lo sé. Nunca intenté ser un hombre”

“El hecho de ser abuela, me da la certeza de que la paz llegará algún día al Medio Oriente: sé que también hay abuelas en Egipto, Jordania y Siria, que quieren que sus nietos vivan en paz”

Golda Meir, una verdadera “Dama de Hierro”

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