Diario Judío México - “Se trata de recuperar algo que me hace ilusión recuperar”, explica en perfecto español Joan Olivar, intérprete en la OCDE en París, que en sus 12 años de residencia en Madrid vivió momentos históricos para la comunidad judía local, por ejemplo “cuando se colocó la primera piedra de la sinagoga de la calle Balmes, en el año 1968”.

Murielle Timsit, informática y animadora de una página web dedicada al flamenco (www.flamenco-culture.com), suele viajar por Andalucía, y durante sus estudios de comercio internacional pasó un año con una beca Erasmus en Córdoba que le resultó revelador.

“Sentí algo muy fuerte cuando entré en la judería, y a partir de ahí me he reencontrado con mis raíces españolas”, recuerda.

“Siempre tuve un sentimiento de expulsión. Pero después de 500 años de exilio, esta ley es una maravilla. Es como volver a casa”, dice resumiendo un sentimiento general Mireille Valensi, nieta de sefardíes de Estambul y Esmirna que en casa hablaban ladino.

Como prueba de su apego a añade una anécdota muy significativa: “Un día escuchamos un programa en la radio France Culture sobre los judíos de . Cuando terminó, mi padre me dijo: recuerda que antes que todo, somos ibéricos”.

Y es que Sefarad, el nombre de en hebreo y patria de figuras como el rabino y teólogo Maimónides, el estadista Hasday ibn Shaprut o el poeta Yehuda Halevi, “no es cualquier cosa para un judío, es la otra Jerusalén”, asevera en una entrevista con la AFP el cónsul general de en París, Francisco Javier Conde de Saro.

“Cuando empieza la diáspora (…) es uno de los sitios de mayor florecimiento de la cultura judía de toda la . Y eso es lo que se nota, ese poso, esa fuerza de esa tradición y de esa importancia”, añade.

Con el objetivo de reparar “un error histórico”, los diputados españoles aprobaron en junio del año pasado una ley que agiliza la concesión de la nacionalidad a los descendientes de los judíos expulsados por los Reyes Católicos en 1492, que los pusieron ante la disyuntiva de irse o arriesgarse a morir si no se convertían al cristianismo. Los historiadores estiman que por entonces había unos 200.000 judíos en , que en su diáspora se afincaron principalmente en Italia, el Imperio Otomano y el norte de África.

Una de las comunidades más florecientes fue la de Tesalónica, en el norte de Grecia, de donde procede la familia de Pierre, quien prefiere dar sólo su nombre.

Su abuelo paterno, hablante de ladino, como la inmensa mayoría de los sefardíes de esta ciudad, obtuvo para él y su familia la nacionalidad española gracias a un real decreto de 1924. Una decisión que, en 1943 y ante la amenaza del , permitió a Pierre, su hermana y sus padres huir de Francia y refugiarse durante un año en , primero en Madrid y luego en Málaga.

“Tengo fotos de mi madre, alegre con sus dos hijos, cuando podríamos habernos encontrado en una cámara de gas en Auschwitz. Si hoy en día estoy vivo, es gracias a , que nos salvó. Sin no habría tenido una mujer y un hijo, ni una carrera interesante, ni estaría ahora disfrutando de mi pensión”, explica Pierre.

Conde de Saro cuenta que en el consulado de París han ido a interesarse por la nacionalidad “unas 350” personas, que lo han hecho en nombre propio y de sus familiares.

Concretamente, los solicitantes deben certificar por medio de la autoridad rabínica local su origen sefardí, demostrar su vinculación con España, superar un examen de español básico y otro de conocimientos constitucionales y socioculturales. Todo esto han de presentarlo ante un notario español, costeándose el viaje. Y a diferencia de una ley anterior, no tendrán que residir dos años en el país ni renunciar a su nacionalidad precedente.

Según datos del gobierno español, a los que tuvo acceso la AFP, a 25 de enero se habían recibido en el ministerio de Justicia 894 solicitudes, presentadas por sefardíes de diversas nacionalidades, encabezadas por argentinos (112), israelíes (81), estadounidenses (64) y venezolanos (50).

Yonathan Arfi, vicepresidente del CRIF (Consejo Representativo de las Instituciones judías de Francia) afirma que no observa “ningún movimiento masivo para pedir la nacionalidad española”. Y entre las personas interrogadas por la AFP en París, ninguna tenía planes concretos para mudarse a España.

Pierre tiene claro que no se mudará de París. Pero al recobrar su nacionalidad original recompondrá una identidad irremediablemente ligada a España, que resume sonriente con una broma que solía contar su abuela en Tesalónica: “Quienes no hablan español no son judíos”.