Diario Judío México - A la hora en la que escribo estas líneas, según afirma la CNN, el saldo de las víctimas mortales de la actual confrontación entre y es de 571 palestinos y 27 israelíes. Cuando usted lea estas líneas, seguramente el número será aún mayor.

Las imágenes y los testimonios que nos llegan de Gaza dan fe del sufrimiento que ahí se padece y es imposible no conmocionarse con el dolor de las víctimas. Los medios, por su parte, nos acercan a esa realidad con la inmediatez y la pulsión de los nuevos medios y redes sociales, creando un estado emocional que no permite apenas reflexión. Lo que está pasando, lo sabemos. Pero no sabemos realmente por qué. Como destacaba el politólogo y ensayista italiano Giovanni Sartori, “se puede estar informadísimo de muchas cuestiones y, a pesar de ello, no comprenderlas”.

Y es en esa nebulosa emocional, poblada de cadáveres y saturada de violencia visual, donde el campo semántico empleado se convierte en clave para la comprensión del mensaje. La banalización del lenguaje no sólo traiciona a la verdad, sino que resucita estereotipos y manipula los instintos más básicos.

Injustas y desmedidas acusaciones

Así, hemos podido asistir en estos últimos días a una lista de acusaciones contra que incluso llegan a comparar lo que sucede en Gaza con el Holocausto. Cualquiera que haya abierto un libro de Historia sabe que eso es absolutamente falso y éticamente perverso. Pero es que el empleo de esta acusación no responde a una búsqueda de hechos y verdades, sino a una necesidad de reclutar “aliados emocionales”. El eslogan se convierte en arma poderosa independientemente de que distorsione completamente la realidad. Sólo cuenta la sonoridad.

Precisamente, en esa búsqueda de “sonoridad” se mueven gran parte de los textos que llegan desde el centro del conflicto. Pero igual que una crónica desde Gaza que no diera voz a las víctimas sería una vergüenza moral y un gran error periodístico, una cobertura del conflicto que se limite al testimonio no pasa de ser más que un ejercicio de amarillismo, y un elemento de confusión. ¿Nadie se ha planteado qué está fallando en la transmisión de la información cuando aún hoy, a pesar de las increíble cantidad de material que llega desde , aún existen lectores y analistas que siguen afirmando que alguna vez existió un estado palestino que de buenas a primeras fue invadido por judíos o que Gaza está ocupada? ¿Cómo puede convivir tanta información con tanta ignorancia?

Porque apenas hay contexto. Sólo importa el aquí y ahora selectivo. Y sin embargo, en esta contienda se están planteando grandes preguntas éticas.

Tal vez nadie lo haya definido mejor que Fathi Hamed, parlamentario de , quien en 2008 declaraba a la televisión Al Aqsa: “Para el pueblo palestino, la muerte se ha convertido en una industria, en la que las mujeres sobresalen, al igual que todas las personas que viven en esta tierra. Los ancianos destacan en esto, y también lo hacen los muyahidines y los niños. Es por ello que se han creado escudos humanos de las mujeres, de los niños, de los ancianos y de los muyahidines, con el fin de desafiar a la máquina de bombardeo sionista. Es como si estuvieran diciendo al enemigo sionista: ‘Deseamos la muerte tanto como tú deseas la vida'”.

y la victimización de su pueblo

busca la destrucción del Estado de y de los judíos en general a través de la victimización de su propio pueblo.

La estrategia es sencilla: atacar a su poderoso enemigo hasta que éste se sienta forzado a responder. Dispara desde colegios, convierte sus hospitales en arsenales, se esconde tras sus civiles, llama al martirio, etcétera. El empleo de escudos humanos le parece válido y exitoso porque sabe que mientras más sufra su pueblo más contará con la indignación de la opinión pública.

inició esta escalada violenta, rechazó las ofertas de alto el fuego, manda a su pueblo a la muerte, pero es quien debe responder ante los articulistas.

Y la pregunta que se plantea es: ¿cómo se combate contra un enemigo que busca tu muerte a través de la suya propia?