Diario Judío México - El destino de la mujer judía durante la Shoa tuvo características propias: Cuanto más se descubre sobre la nefasta era del nazismo, se publican testimonios de sobrevivientes y se investiga sobre esta época, resaltan los heroicos personajes judíos femeninos – niñas, jóvenes, madres, instructoras (madrijot), educadoras y otras, que influyeron y aportaron en forma activa a la resistencia espiritual y armada de los judíos bajo el dominio y la ocupación nazi en Europa.

El instinto femenino de supervivencia, la responsabilidad materna hacia sus hijos, el impulso familiar, las ansias de vida, fueron mas fuerte que el de los hombres.

La mujer judía luchó por mantener la unidad de la familia, la existencia física y espiritual, el apoyo y la ayuda a la familia y a los necesitados. A esta lucha, hay que agregar los elementos propios de su condición de mujer.

Sus propios miedos fueron suprimidos para mantener la tranquilidad familiar y apoyar al hombre no habituado al maltrato o a la falta de trabajo. La mujer, reunió el coraje y la fuerza para planificar un futuro y, se hizo cargo de los hombres.

La mujer judia intento mantener su dignidad y la de su familia frente a la persecución. Necesitó demostrar su fortaleza para contrarrestar el estereotipo de la “fragilidad femenina”.

La Mujer Judia en Alemania Nazi

En Alemania Nazi, la mujer Judia se vio obligada a crear nuevas estrategias  y le tocó asumir roles diferentes a los que hasta ese momento eran los “tradicionales” en la sociedad en que vivía: compañera, sostenedora económica del hogar, protectora de la familia. [1]

Los antiguos amigos, condiscípulos, clientes, proveedores habían comenzado a evitarlos. La compra de alimentos les estaba también restringida, no solo por disposición del gobierno sino también por la hostilidad de los comerciantes.

La mujer salvó de las manos nazi objetos valiosos; contrabandeó, con peligro de su vida, joyas, dinero que permitieron a sus familias subsistir.

Mujeres que durante años fueron clientas de un determinado comercio, ya no eran bienvenidas. La pérdida de amigos y de la sociabilidad, afectó mucho más a las mujeres que a los hombres. Su vida social era activa y sufrió al verse obligada a soportar la exclusión social.

A medida que la situación se fue deteriorando se transformó en mediadora entre la familia y el estado, su rol en la esfera pública fue cada vez más importante.

El deseo de emigrar de Alemania fue mucho más fuerte entre las mujeres que entre los hombres. La visión masculina de la realidad era más “abstracta” mientras que la mujer, siempre alerta, en el contacto con sus hijos y con los hijos de otros, percibía las señales y las tomaba seriamente, tenía una mayor percepción de la realidad, captaba y registraba el aumento de la hostilidad.

Ella se colocó en una posicion de defensora de los hombres: padre, marido, hermano, hijos frente a los requerimientos del Estado y de la Gestapo.

Los roles previos se invirtieron cuando tomó bajo su responsabilidad la seguridad de su familia. Aquello que las leyes nazi habían convertido en una pesadilla, ella, lo transformó en un arte.

Después del pogrom del 9 de noviembre de 1938, en Alemania, la mujer debió rescatar a un padre, marido, hermano, hijo, de los campos de detención. Si podían demostrar que poseían la documentación necesaria para emigrar, eran puestos en libertad. Ella, la mujer, superó el estereotipo de la pasividad poniendo en juego todos los mecanismos que permitieron la liberación de los detenidos. Vendió sus posesiones, tramitó documentación y obtuvo los pasajes que permitieron a los hombres dejar Alemania. Y la tarea de empacar, le correspondió a la mujer.

Las mujeres de los países del este (Polonia, Rumania, Lituania, Ucrania, etc) pertenecían a las esferas más pobres de la sociedad y era usual que contribuyeran al sostén económico, ya sea en los negocios familiares o en labores industriales; como eran pobres, no podían pagar las escuelas judías, en consecuencia asistían a las escuelas comunes estatales, y así conocían bien las costumbres locales, la cultura y el idioma lo que les facilitó durante la Shoá hacerse pasar por no judías e integrarse a redes en el mundo no judío, conseguir documentación falsa, trabajo y escondites. [2]

La mujer Judia en el Gueto

En el Gueto, se vieron obligadas a trabajar  para sobrevivir y mantener a sus familias.

Las mujeres constituían el eslabón más débil del Gueto.
El mayor problema del Gueto, era el hambre. Las mujeres soportaban mejor el hambre y las severas condiciones de la vida en el Gueto. Compartían sus raciones con sus hijos y marido.

Charlotte Salomon  relata: “Su creatividad, fue muy grande en el campo de la alimentación para hacer comestibles y apetitosos los productos que recibía y que la mayoría de las veces, eran incomibles. Creo que la mujer se daba maña para sobrevivir, los hombres caían mucho más que las mujeres tanto en el Gueto como en los campos. La mujer era mucho más fuerte[3]

Cuenta Enrique Benkel (sobreviviente): “Recuerdo cuando nuestra madre consiguió carne de cabella e hizo albóndigas para nuestro hermano Lebush de 7 años, que era muy menudo y se temía que pudiera enfermar de tuberculosis, y ella ni siquiera comió”. [4]

La mujer no estaba representada en la administración del Gueto ni tenía participación. Formaron parte de diferentes actividades comunitarias : Eran maestras, trabajadoras sociales, niñeras, cocineras, médicas, mantenian huertas comunitarias, servicios de salud, cuidado de huérfanos, cocinas comunales,  pero no lograron posiciones a nivel de dirección. Se involucraban en las actividades culturales del Gueto: en orquestas, conferencias y el teatro, manteniendo alto el espíritu de la población, un modo de resistir al opresor.

Cita de Emmanuel Ringelblum, el historiador frl Gueto de Varsovia: “La perseverancia de las mujeres las hace las proveedoras principales. Los hombres no salen de sus casas. Cuando un hombre es apresado en la calle, la esposa ofrece resistencia, corre atrás de los secuestradores, pide, grita, no teme a los soldados. Es la mujer la que está horas en largas colas de donde algunas son llevadas para trabajos forzados. Cuando hay que ir a la sede de la Gestapo, es la hija o la esposa quien va y espera, espera… Por todos lados están las mujeres dado que los hombres han sido llevados o no salen”. [5]

El ingenio de las mujeres permitió la provisión de recursos, principalmente en los primeros tiempos. Venta callejera de golosinas, cigarrillos, pequeños objetos y por último el contrabando.

Las mujeres escondidas en las zonas “arias” fuera del Gueto, entraban y salían del Gueto llevando alimentos, contrabandeando armas, explosivos, dinero. Eran enlaces con otros grupos de resistencia armada y correo, transportaba cartas, periódicos, proveía alojamiento, papeles falsos y apoyaba a los combatientes. Recorría las diversas poblaciones, vestida como campesina u obrera, siendo el nexo principal entre el Gueto y el exterior.

Las Mujeres en los Campos de Concentracion y Exterminio

En mayo de 1939, los nazis abrieron el campo de Ravensbrueck, el campo de concentración más grande creado para mujeres. Más de 100.000 mujeres pasaron por Ravensbrueck hasta la liberación en 1945.

En 1942, un campo de mujeres fue creado en Auschwitz (donde las primeras prisioneras eran las mujeres deportadas de Ravensbrueck).

En Bergen-Belsen, un campo de mujeres fue creado en 1944. Miles de prisioneras judías de Ravensbrueck y Auschwitz fueron transferidas a Bergen-Belsen.

En los campos de Concentracion, la situación fue caotica para las mujeres. Cuando los transportes llegaban a los campos, inmediatamente, las mujeres jóvenes con hijos pequeños, eran a menudo las primeras de ser “seleccionadas” y ser conducidas a las cámaras de gas.

Las mujeres seleccionadas “a la vida” eran destinadas al trabajo escalvizante. Hacinadas en barracas multitudinarias. Estaban más afectadas que los hombres por las chinches, las pulgas y la suciedad.

El hambre era tan atroz que no podía dejar de pensarse en comer. Era habitual que a la hora de dormir, con el constante dolor del hambre, las conversaciones entre mujeres fueran sobre sus comidas preferidas.

La mujer, en los campos, desarrolló estrechas relaciones y concibió nuevas formas de ayuda, estableciendo una asistencia mutua especialmente importante cuando alguna de ellas se enfermaba. Eran más independientes, tenían más fuerza, más resistencia y unas terribles ganas de vivir. Esa solidaridad constituyó un elemento esencial para mantener su identidad femenina y su deseo de vivir.

Ponía más atención a su higiene personal, limpiaba su cuerpo y remendaba su ropa.

La falta de ropa interior la hizo muy vulnerable a las infecciones urinarias.

La lucha cotidiana estaba destinada a mantener su apariencia humana y femenina para hacer frente a las condiciones materiales y psicológicas de la vida en el campo.

Testimonio de Hanka Waserman: “Lo interior por rebelde que no podía expresarse. Teníamos unos trapitos, no sé de donde y nos hicimos corpiños. Nos llevaban a trabajar con custodia y si detectaban el corpiño, podían castigarnos y hasta matarnos y lo seguíamos usando. En el alma, queríamos ser mujeres, no lo eramos, eramos adolescentes…”. [6]

Las mujeres soportaban mejor el hambre y se deterioraban más lentamente que los hombres.

Los nazi la sometieron a condiciones extremadamente severas y la privaron de su rostro humano y femenino: rasuraron su cabeza y la uniformaron, dejandola sin relojes ni espejos. Se veían todas iguales, los indicadores de reconocimiento y también de femineidad habían desaparecido.

Con relación a sus trenzas, escribe Eva Rosenthal “…me estremecí porque no quería morir sin ellas, ellas representaban el hilo que me conectaban con mi vida anterior…”. [7]

Les fue negada uno de los roles naturales: la maternidad. cada niño que nacía, venía al mundo con una sentencia de muerte.

Eran vulnerables como madres y como objetos de posibles agresiones sexuales.

Conocieron la muerte lenta por enfermedades y agotamiento fisico. En ellas, se practicaron todas las técnicas de exterminio y fueron utilizadas como “conejo de indias” en experimentos médicos de esterlizacion.

En Auschwitz, Roza Robota, Ella Gartner, Regina Safir y Estera Wajsblum, proveyeron la pólvora que los prisioneros del Sonderkommando usaron para volar una cámara de gas y matar a varios guardias SS el 7 de octubre de 1944.

 

[1] Liora Duchos, La mujer en la Shoah, Cambio de roles, logros y consecuencias en su condición de

   mujer.

[2] Diana Wan. Vulnerabilidades y fortalezas de las mujeres en la Shoá.

[3] M, Felstiner. To paint her life: Charlotte Salomon in the nazi era. N.Y.Harper-Collins, 1994. Pag.205

[4] Ruty Jeruchim y Silvia Abramovich. La mujer en la Shoa. Nativ, Yom Hashoa.

[5] Emmanuel Ringelblum. Archivos “Oneg Shabat”.

[6]  En: https://ar.groups.yahoo.com/neo/groups/todosgeneraciones/conversations/topics/4151

[7]  Idem.

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Doctor en Educacion, con especializacion en Pedagogia de la Shoa y pedagogia visual. Retirado del Ejercito de Israel, Grado: Mayor, Activo en las reservas. Sheliaj de la Agencia Judia en Barranquilla, Colombia y Lima Peru. Ex-Director Proyecto "Masa" del Movimiento Kibutziano. Ex-Director Departamento de Habla Hispana, Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto. Yad Vashem, Jerusalem. Conferencista de Shoa en el Majon de Madrijim, Kiriat Moriah. Guia de viajes educativos a Polonia.