La historia de los judíos en data desde la llegada de los conquistadores españoles y portugueses a América del Sur, cuando junto con ellos arribaron varios grupos de judíos, principalmente sefardíes. Actualmente en el año 2015, la comunidad judía en es una de las más pequeñas de América del Sur, contando con aproximadamente 290 miembros.

Historia

En el año 1580 se produce en la península Ibérica la unión de los reinos de España y Portugal, y Felipe II es el único heredero del trono de ese reino. Muchos portugueses “sospechosos de su fe” comienzan a ingresar al virreinato del Perú por la ciudad recientemente fundada, en la cual la vigilancia de la inquisición era más débil. La unión de los reinos dura hasta 1640, en que los lusitanos se rebelan contra la monarquía española y el duque de Braganza, bajo el nombre de Juan IV, ocupa el trono del reino de Portugal. Pero fueron sesenta años durante los cuales la América hispana estuvo bajo una misma corona y, durante ellos, un gran número de cristianos nuevos pasó de los dominios portugueses a los dominios españoles. De tal manera que decir que alguien era “portugués”, era sinónimo de “judío converso”.

Las acciones inquisitoriales lograron el efecto de aterrorizar a las familias de cristianos nuevos e impulsarlas a migrar hacia otras regiones del virreinato peruano y preferentemente hacia aquellas donde no existiesen tribunales de la Inquisición. Por suerte, el virreinato del Perú era sumamente grande y aún quedaban amplios espacios territoriales en los que la Inquisición no estaba presente, por lo que prófugos o perseguidos de distinto signo (“herejes”, “judaizantes”, “dogmatizadores”, bígamos, etc.) podían ocultarse con relativa facilidad, alejándose de los grandes centros urbanos y sobre todo mimetizándose para ocultar su verdadera identidad personal o grupal.

Fue así que los “cristianos nuevos” asentados en el virreinato del Perú migraron desde el centro del mismo hacia las zonas exteriores, menos pobladas y controladas, y en particular hacia el sureño Chile y la norteña Audiencia de Quito. Respecto de los que marcharon hacia Quito, su nueva diáspora los llevó primero hacia la Gobernación de Juan Salinas y Loyola (más tarde transformada en el Corregimiento de Loja), que, según los estudios de Ricardo Ordóñez Chiriboga, fue un importante centro de radicación de sefarditas. Posteriormente, muchas de esas familias migraron más al norte, hacia el próximo Corregimiento de Cuenca, y luego hacia el más septentrional Corregimiento de Chimbo (Alausí, Pallatanga y Chimbo), siempre buscando alejarse del poderoso y cruel brazo inquisitorial. Los primeros judíos sefarditas probablemente llegaron a Cuenca y sus poblados próximos entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, aunque parecen haber existido nuevas olas de migración judía hacia esa zona en épocas posteriores. Empero, no cabe negar la posibilidad de que otros sefarditas, se hubiesen establecido en este territorio colonial desde los primeros tiempos de la conquista española, como parecen mostrarlo los apellidos de conquistadores llegados con Sebastián de Benalcázar y Pedro de Alvarado. En el siglo XVIII aparecen nuevos hacendados de origen incierto de las colonias portuguesas estos son los Saavedra, Hadaad e Iglesias que se asentaron en el cabildo de Cuenca. También llegaron al norte andino peruano, debido a que la influencia cultural y étnica del lugar no estaba definido por las fronteras coloniales, ni mucho menos lo está en la actualidad; esta unidad cultural-histórica viene, incluso, desde épocas precolombinas.

Todo lo antes señalado explica en buena medida la presencia sefardí en zonas auríferas y comerciales de la Audiencia de Quito y en Calacalí, tales como Loja, Zaruma, Cuenca, Santa Isabel, y también en puertos de montaña o centros de comercio en las rutas entre Guayaquil y Quito, como Alausí, Chapacoto, San José de Chimbo, San Miguel de Chimbo y Guaranda, así como en la serranía norte del Perú, debido a su cercanía. Esta presencia de judíos sefarditas se mantuvo oculta durante años en el y además se asentaron en sitios alejados como pueblos etc., el que solo se practicaba a escondidas en casa.

Apellidos de los sefardíes y judeoconversos en el actual en la época de la colonia española son; Andrade, Arellano, Ballesteros, Barcenas, Barragán, Benavides, Calle, Cano, Castro, Cordero, Correa, Dávila, Del Pozo, Domínguez, Erazo, Escudero, Espinoza, Galindo, Gómez,Levy, López, Lozano, Mendoza, Menesés, Montoya, Ochoa, Paliz, Pazmiño, Peralta, Pérez, Quijano, Quiroz, Ramos, Salamea, Silva, Torres, Vallejo, Vargas, Vergara.

En los siglos posteriores llegaron al inmigrantes judíos asquenazíes. “Entre los inmigrantes judíos que vinieron al hubo también profesionales, intelectuales y artistas, algunos de los cuales fueron profesores y escritores. Entre otros Alberto Di Capua, Giorgio Ottolenghi, Aldo Mugía, Francisco Breth, Hans Herman, Leopoldo Levy, Paul Engel, Marco Turkel, Enrique Fenter, Benno Weiser, Otto Glass, Egon Fellig y Karl Kohn. Olga Fisch valoró y difundió el arte popular ecuatoriano, Constanza Di Capua realizó estudios arqueológicos, antropológicos y de arte colonial. Unos de los primeros inmigrantes fueron Leónidas Gilces y su hermano menor Ángel, que se enfocaron en la agricultura y ventas que, según a Carlos Liebman, lo ayudaron a llegar a la capital con su librería, que llegó a ser la más importante de la capital. Simón Goldberg, que había tenido una librería en Berlín, la librería Goethe de libros antiguos que aportaron a la difusión de la lectura. Vera Kohn fue psicóloga y profesora, tareas que a mediados del siglo no eran de interés de las mujeres ecuatorianas, que solían vivir regaladas en sus casas, carentes de inquietudes intelectuales y solo preocupadas por la vida social. familias como los Pins, kramer, levy, Zcarninsky No se interesaron por la , con excepción de Pablo Better, perteneciente a la segunda generación de judíos, que llegó a ser Ministro de Economía y presidente del Banco Central del . Hoy en día (2015) solo quedan aproximadamente 290 judíos en Ecuador (más de la mitad de ellas concentradas en Quito y las restantes en su mayor parte en Guayaquil), ya que la mayoría emigró hacia otros países donde la población judía es más numerosa como , o Argentina.