Cuento

Diario Judío México -  
 
Recorrió con la vista esas hojas de cuadritos desiguales, letra pequeña, números torcidos por cruces tachados. Pediría más hojas y engrudo, para seguir con esa contabilidad de ábaco plano, estampado de suma, regresión y memoria.

Trataría, que en las hojas por llegar, pudiese trazar coordenadas mejor logradas. De pulso más entrenado, de cruces parejitas y espacio generoso para letras holgadas.
No arrancaría las hojas de cruces vencidas: de pura pasión y castigo- paseo en blanco y negro- para sus ojos cada día.
 
 

-II-

 
 
¡Buena gente, su patrón! Le adelantó la hora de salida en su empleo en la curtiembre, en la víspera de ese asueto de fin de año. Ese año, que daría paso al que ahora terminaba- con la cruz que acababa de cegar este 31 de diciembre.

Miró el reloj. Salió como loco hacia la estación. Tendría tiempo para alcanzar el tren de camino a ese pueblo suyo, en la mitad de la nada.
El traqueteo de la máquina a vapor fue calmando su corazón ardiente y se durmió, agotado de lanares hediondos y trincheta eficaz de recorte, en su mano diestra, certera y callosa. A su regreso, debería cambiarla. A fuerza de recortes sin fin, el filo agonizaba.

Cuando el sol despedía el año, la le saludaba, de ancla soltada en el cielo, redonda como una galleta.

José Luis caminó la última legua hacia ese destino ansiado. El horizonte campero, siempre quedaba más lejos. Nada lo interrumpía. Vislumbró un ñandú atrasado, de corrida torpe. Pronto desapareció, tragado por ese horizonte sin tranqueras.
 
 

-II-

 
 
Abrió la puerta despacito. Nada de ruido. Aparición a pura sorpresa sería. Y lo fue.
La cocina estaba quieta. El fogón dormido. La mesa desmemoriada de platos y mantel.
Dos copas de vino a medio gastar y una botella cómplice de corcho abandonado de respeto, purgaba su vergüenza sobre el piso rústico.

José Luis avanzó hacia la pieza nupcial- de cama de resortes y colchón de estopa- acolchado de plumas para el invierno y sábanas empujadas de verano.
Descorrió la cortina de ingreso.

Camila se incorporó dentro del lecho nupcial. Se cubrió el pudor de zarpazo tardío de sábana de acordeón. A su lado Francisco, lo miró aterrado. No le alcanzaron sus manos para vestirse.

Un fuego desconocido talló de geografías- trincheta desafilada- a esa esposa necia, distraída, de almanaque viejo, días errados, año de otros días. ¡Y eso que él le había dicho que tirase ese almanaque del año anterior!

Condena leve. Solidaridad de pueblo perdido.
Condena tallada de vergüenza, de trincheta desafilada.
 
 

-III-

 
 
¡Buenas noticias, muchacho!- el comisario le regaló una sonrisa de palabras silbadas a pura discreción de dientes
-¡Mire!- le dijo, moviendo una hoja en el aire.- ¡Acá tengo su pasaje!
-¿Pasaje? ¿Qué dice don Carlos?- José Luis preguntó.
-¡Que está libre! ¡Mire si tendrá suerte! No a cualquiera se le abren las rejas ¡Justo un 31 de diciembre! ¡Junte sus cosas! Se puede ir.

José Luis pensó un instante y le preguntó a don Carlos:
-¿Me puedo llevar las hojas de la pared?
-¿Esas hojas tachadas?- el comisario se quiso cerciorar.
-Sí, ésas- José Luis las señaló apenas con su mirada.
-Por mí…- don Carlos se encogió de hombros.

Y José Luis, afecto a poco hablar, le aclaró: “Es un almanaque. El de este año. El que hoy termina”.
-Pero muchacho- el comisario le explicó- ¿A quién se le ocurre conservar un almanaque vencido? ¡Sólo sirve para confundir!
¡Hágame caso! ¡Tire esa porquería!- y le extendió un rollito de papel blanco, apretado con una gomita.
-Agarre hijo. Acá tiene un almanaque del año nuevo. Y hoy, despídase del año viejo como corresponde.

Don Carlos metió su mano en el bolsillo.
-Tenga, muchacho. Son unos pesitos nomás. Vaya a “La Flor del Trébol”. Hoy hay baile, copas, buena gente y mejor precio.
-Cuando sean las 12, llene su copa de Esperanza hasta que desborde y ¡Brinde!
-Ah, y por si no lo veo…¡Feliz Año Nuevo!
 
 

fin

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorAmos Oz, más allá de la literatura
Artículo siguienteLo mejor del 2012: ¡Nuestros lectores y colaboradores!
Mirta S. Kweksilber. Escritora. Autora de los libros de Cuentos Cortos: “EL MUNDO QUE FUE” (1988) Relatos de Humor y Nostalgia de Raíz Judía. Editorial Milá, AMIA, ARGENTINA (prólogo de Jaime Barylco) y “TRES PASOS EN EL BOSQUE” (2015) Cuentos de Humor y Memoria de Evocación Judía. Editado por ©® Mirta S. Kweksilber, de “Lápiz para pintar sueños” ©® (prólogo del Periodista y Comunicador uruguayo Jaime Clara) Autora del Himno de las Voluntarias –Damas Rosadas del Hospital de Clínicas del Uruguay- música y letra En 1987 ganadora del Concurso Golda Meir Categoría “Cuento Corto” de la Federación Wizo Uruguay.