Unas las consecuencias del en fue la desaparición de una las comunidades judías más grandes de Europa, radicada durante siglos en Salónica, la antaño brillante y radiante capital sefardí de los Balcanes.

El 6 de abril de 1941, las fuerzas del Eje formado por Alemania e Italia y apoyadas por Bulgaria ocupan casi sin encontrar resistencia y se repartieron el territorio griego en tres zonas de ocupación. Los nazis, que eran los que realmente habían liderado la invasión de Grecia, encontraron a muchos militares y civiles dispuestos a colaborar en una nueva administración que fue puesta en marcha nada más producirse la entrada de sus tropas. Al frente de la misma colocaron a Georgios Tsolákoglu, un militar que se negó a obedecer las órdenes de ofrecer resistencia a los ocupantes del Eje y que puso en marcha una suerte de “gobierno” colaboracionista, que después también prestaría sus servicios en la “solución final”.

El tradicional antisemitismo griego, que ya se había revelado con fuerza tras la independencia del país y durante los primeros años del siglo XX contribuyó, sin duda, a que miles de griegos colaborasen con las nuevas autoridades impuestas por los nazis y con los mismos ocupantes.

En 1941, según el censo oficial, aproximadamente 72.000 judíos vivían en Grecia, a pesar de que hay estimaciones que ponen este número entre 67.203 y 80.000. La comunidad judía más grande no vivía en la ciudad capital, Atenas, que albergaba sólo unos 3.000 judíos. La comunidad judía más grande estaba en Salónica, una ciudad puerto del norte. La de los judíos de es, en gran medida, la de los judíos de Salónica”, asegura la página web del Museo Yad Vashem dedicada al griego.

La persecución contra los judíos griegos comenzó en 1942, se extendió durante todo 1943 y concluyó dramáticamente con el envío de 1.800 y 1.700 judíos de las islas de Corfú y Rodas, respectivamente, a Auschwitz.  También otros judíos de otras islas menores conquistadas por los nazis fueron enviados por los nazis a los campos de la muerte, pero su número fue menor a las dos ya citadas. Pero antes de continuar con el relato de estos hechos, vamos a detenernos en la ciudad de Salónica, donde vivía casi el 85% de la población judía de Grecia, mayoritariamente sefardí aunque la presencia judía en este país data de la época romana según fuentes bien documentadas.

El en Salónica

“De todas las ciudades europeas ocupadas por los nazis, Salónica fue la que más víctimas judías registró. De una población de 56.000 personas, 54.050 fueron exterminadas en Auschwitz, Bikernau y Bergen-Belsen. El éxito del hostigamiento y deportación de los judíos de Salónica hizo odioso a Adolf Eichmann. A principios de los años noventa, el mundialmente buscado criminal superviviente nazi, Alois Brunner (austriaco, como Eichmann), fue detenido en su escondite sirio específicamente por sus crímenes en Salónica”, escribía el periodista norteamericano Robert Kaplan al referirse a los sucesos acaecidos en esta ciudad griega.

El gran escritor Josep Pla, autor del excelente libro Israel, 1957, donde cuenta sus experiencias y vivencias de un viaje que al autor realizó al Estado judío, en el año que da el título al libro, cuenta del drama padecido por la ciudad de Salónica. “Está claro que Salónica era una especie de capital de lo sefardí: el grupo era rico; el Gobierno turco, tolerante; los rabinistas, inteligentes y tradicionalistas. En los presentes días, sin embargo, Salónica, como núcleo importante de la diáspora, ya no existe; 65.000 judíos de Salónica, que hablaban ladino, fueron asesinados por la Gestapo durante la ocupación de por el ejército alemán. El hecho ha sido un golpe mortal a la vieja lengua que los judíos se llevaron de nuestro país a consecuencia del decreto de expulsión del siglo xv”, señalaba Pla en este libro que es un alegato en favor del Estado de Israel y de la tradicional amistad hispano-judía.

En efecto, los judíos de Salónica fueron deportados a partir de marzo de 1943. El 15 de marzo de ese mes tuvo lugar la primera deportación a Auschwitz. Cada tres días vagones de mercancías atestados con un promedio de 2.000 judíos de Salónica fueron deportados a Auschwitz. El Gran Rabino de Salónica, Zvi Koretz, una figura controversial, en un intento de tranquilizar a los deportados, les prometió que la comunidad judía de Cracovia se ocuparía de ellos después de su llegada y había aceptado, en un humillante pacto con los nazis, la salida de todos los judíos de la ciudad. Entre los deportados asesinados y fallecidos durante la guerra, se calcula que el 98% de la población judía de la ciudad había fallecido tras la Segunda Guerra Mundial; la vida hebrea nunca más se recuperaría en esta antigua capital sefardí de los Balcanes.

La vida judía de Salónica había sido borrada del mapa para siempre. Sinagogas, escuelas talmúdicas, cementerios, negocios rituales, junto a miles de propiedades y viviendas, desaparecerían para siempre. El cementerio judío más grande del mundo, el de la ciudad, con casi 500.000 tumbas, sería destruido por los nazis con la ayuda de sus verdugos voluntarios locales. Sus bellas lápidas, como si los muertos mereciesen ser también humillados, destruidas. Pese al drama vivido, pese a la dura catástrofe padecida por la ciudad, el tradicional antisemitismo heleno ha impedido que hoy en la ciudad haya algún monumento o alguna placa que recuerde el sufrimiento padecido por estos judíos.

El resto de

Al igual que en Salónica, en el resto de fueron puestos en marcha los operativos para el envío a los campos de la muerte de los judíos griegos, donde muchos fueron exterminados nada más llegar y una minoría con algo más de suerte, asignada a trabajos destinados a la industria de la guerra.

El marzo de 1943 comenzó la Solución Final en cuando 45.000 judíos de Tracia y Macedonia fueron detenidos por tropas de las SS, soldados del Ejército Búlgaro y auxiliares de los Batallones de Seguridad griegos, mostrándose especialmente crueles estos últimos colaboracionistas helenos que por diversión mataban hebreos en las estaciones de partida. Lamentablemente el destino de los prisioneros era mucho peor porque todos fueron exterminados sin excepción en los campos de concentración de Auschwitz, Treblinka, Sobibor y Bergen-Belsen, incluyendo el ya citado rabino Koretz (sólo 5.000 judíos no fueron deportados de las provincias septentrionales de Grecia).

En total, sumando las cifras de Salónica, Tracia, Macedonia, las islas griegas ocupadas y Atenas, se calcula que 54.000 judíos fueron deportados de Grecia.  Yad Vashem asegura en sus páginas que “Se estima que sólo 1.475 de estos judíos sobrevivieron a los campos. Unos 9.066 judíos griegos adicionales sobrevivieron ocultos. Se considera objetivo que entre 13 y 17% de los judíos de sobrevivieron el Holocausto. Entre 58.885 y 67.930 judíos griegos fueron asesinados durante la ocupación alemana”. En lo que respecta a Atenas, hay que reseñar que la capital griega fue la que mayor número de supervivientes anotó de todas las ciudades del país, ya que a los judíos les resultaba más fácil esconderse y que contaban con el tímido apoyo de algunas autoridades y de la resistencia local. Hoy en día se calcula que viven en toda unos seis mil judíos, la mayor parte repartido entre Atenas y Salónica.