Diario Judío México - A la tienda del ciudadano Kantorovich llega un inspector fiscal y pregunta:

– ¿Por qué no paga usted el impuesto sobre sus ganancias?

– Tengo puras pérdidas.

– ¿De qué vive entonces?

– El Sábado la tienda está cerrada. Este día no hay pérdidas. Con este dinero vivo.

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En los primeros días de la “perestroica”, un judío viejo hizo su solicitud para emigrar de la URSS. De la oficina del Ministerio del Interior le llaman y le dicen:

– Señor, ¿para qué se va ahora? En nuestro país ya hay democracia, puede dormir tranquilo.

– Gracias, ya dormí suficiente, ahora quiero comer.

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En una lechería de Moscú entra un judío enojado y le dice al vendedor:

– ¿Por qué han puesto en la entrada este letrero “No se vende crema láctea a ” ¿Quieren hacer renacer el ?

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En una pescadería de Odesa:

– ¿El pescado que se vende es fresco?

– Se sobreentiende, se acaba de traer del mar.

– ¿Por qué tiene cerrados los ojos?

– Porque está durmiendo.

– ¿Por qué huele tan feo?

– ¿Cuando usted duerme, puede controlarse?

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En la pollería:

– Señor, le pedí un pollo.

– ¿Qué no es pollo lo que le di?

– ¿Tan famélico? Le han quedado sólo los huesos y el cuero.

– ¿A poco quiere también las plumas?

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Un transeúnte pidió posada por una noche en una casa. Los dueños eran pobres, pero tratándose de una posada lo admiten. Le dan de cenar. Por la mañana el no se va, le dan de desayunar lo poco que tienen. Así durante varios días. Al quinto día le sirven de cenar té y una rebanada de pan negro.

– ¿A eso le llaman cena? -dice indignado.

– El dueño se disculpa, pero es lo último que tienen.

– Si me quedo aquí me moriré de inanición, mañana por la mañana me voy.

A la mañana el dueño lo despierta y le dice:

– Es tiempo de pararse, ya cantó el gallo.

– ¿Qué, les queda el gallo? Me quedo unos días más.

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