El presente artículo está basado en el Programa Tarbut-Yerushalaim

Diario Judío México - Con la formación del Estado de , el problema de la identidad judía se volvió un tema de actualidad.

Como consecuencia del cambio revolucionario en la situación del pueblo judío en el mundo, ocurrieron cambios en la concepción de la esencia del hombre judío y de su relación con el judaísmo. El problema fundamental no radica en la definición formal, religiosa o nacional de los casos excepcionales centro de la sociedad judía, por ejemplo ¿qué pasará con los descendientes de los matrimonios mixtos?, etcétera; sino en el aspecto esencial: ¿Qué es el judío en nuestros días? es decir: ¿cuáles son los signos que distinguen la identidad judía en el mundo del espíritu y de la fe, en la forma personal de vida, en la vida de la sociedad y en la idiosincrasia nacional?

En las tres generaciones últimas ocurrieron cambios profundos en la vida del pueblo judío y en su posición como pueblo entre los pueblos. Estos cambios no son sólo un eslabón especial en el desarrollo del pueblo judío, sino también configuran una revolución en su historia. Se abrió una nueva época y decisiva en la vida del pueblo judío. Acostumbramos denominarla, por hábito lingüístico, con el nombre de “realización del sionismo”, pero desde un punto de vista histórico se la debe ver como el umbral del “Tercer Templo”.

Los muchos cambios ocurridos en nuestra vida durante las últimas generaciones obligan también a transformaciones en los conceptos de la identidad judía, en la imagen del pueblo judío y en la forma de vida judía. Y esto, como continuación del camino que caracterizó la marcha del pueblo en todo momento histórico de su existencia: adaptación y renovación a través de la conservación de su fundamento: especifidad del pueblo de como pueblo portador de una misión.

Por esto se debe ver nuestra época como intermedia, desde el punto de vista de la definición de la identidad judía, entre la identidad que se consolidó en la época de la Golá, y la nueva identidad que se debe consolidar a través de la construcción del país y del pueblo en el umbral del “Tercer Templo” en nuestra historia.

¿Cuál será la imagen de nuestra vida judía y la esencia de la identidad judía en esta época intermedia?

Deben verse los marcos de la vida espiritual y los moldes de la tradición como dentro de un proceso de transformación y constitución. Los conceptos y los marcos de referencia de la tradición del pasado deben pasar bajo la vara de la crítica para saber si concuerdan con la vida del presente y del futuro; lo mismo pasa con los conceptos sobre: “¿qué es el judío?” y “¿quién es judío?”. El criterio aceptado en el pasado con respecto a estos conceptos, no tiene vigencia ahora. ¿Acaso es posible hoy, en la realidad de la sociedad judía de y de la Diáspora, determinar que es judío quien cumple una cantidad determinada de mandamientos, ordenanzas y prohibiciones, según lo prescrito por la Halajá que fue establecida en una realidad vital distinta en su objetivo de la realidad de nuestra época? También con respecto a aquellos que presumen observar y cumplir con todo lo prescrito por la Halajá, existen en ésta muchos aspectos que no se acatan (preceptos sobre pureza e impureza; daños; “terminación del sábado” y otros).

Por esto es que debemos examinar actualmente la identidad judía en sus expresiones más difundidas tanto en la vida espiritual como en la práctica, y no estudiarla específicamente en el terreno de la Halajá tradicional. Esta identidad será por su misma naturaleza variada en matices y sonidos; estará acompañada de esfuerzos y búsqueda de caminos; y en esto reside el secreto de su fuerza y de sus posibilidades.

Casí como en el pasado supimos aprovechar al beneficio oculto en la existencia de distintas comunidades dentro de , y en sus distintas tradiciones independientes, también hoy, en la época intermedia, debemos aceptar como un fenómeno sano la existencia de distintas orientaciones en la búsqueda de la identidad judía y en su definición. Esto se logrará si se conservan en cada orientación y camino algunas reglas y límites, que sirvan de común denominador a todos los matices y sonidos posibles:

Apego al pueblo judío como un solo pueblo, e identificación con su destino.

Apego a la Tierra de como patria del pueblo en el pasado y como tierra de la esperanza futura en la actualidad.

Apego a la misión del pueblo judío entre los pueblos, como pueblo portador de una visión de redención en el ejemplo de su vida renovada.

Apego a las formas de la cultura de Israel, según se plasmaron en la que fue santificada por el pueblo, en el marco de las fiestas de Israel y de la forma de vida judía.

Apego a los bienes espirituales del judaísmo y a los valores básicos cristalizados dentro de él; revelación de la esencia de estos valores e inspiración en sus fuentes, a través del reconocimiento del derecho y del deber de reexaminarlos y de consolidarlos en formas adaptadas a nuestro tiempo.

El problema: “¿Quién es judío?” está relacionado actualmente con los problemas: “¿Qué es el judío?” y “¿Qué es el judaísmo?”, en la realidad viva y creadora del Estado de Israel y de las dispersiones de la Diáspora.

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